Avistamiento del Águila Arpía, triunfo para conservacionistas y el compromiso ambiental
Una de las peculiaridades de Chiapas es sin duda lo exótico y monumental que son sus especies de flora y fauna; estas últimas durante el periodo precolombino alimentaron los mitos fundacionales en las culturas mesoamericanas.
Esta condición mítica atribuida a muchas especies, resultó en un principio motivo de culto: el jaguar, el cocodrilo, el tapir, el puma y ciertas aves exóticas, fueron parte de los panteones mitológicos del mundo maya y otras civilizaciones del Nuevo Mundo.
Pero, con el pasar de los siglos y con las creencias mal infundadas, al menos desde la perspectiva judeo-cristiana u occidental, muchas especies fueron depredadas, ya que, ante la ignorancia y desconocimiento, eran la representación del mal o lo profano.
Bajo este argumento, los pobladores de comunidades cercanas a las selvas, principalmente en la zona de la Selva Lacandona, el ave más grande del planeta y uno de los depredadores aéreos más imponentes fue víctima de su propio exotismo: el Águila Arpía, que dado su tamaño y apariencia se creyó que este era una especie de nahual o brujo, mismo que los pobladores pensaron que podría ser capaz de raptar a infantes o animales domésticos. Lo cierto es que no fue así, tan sólo fueron meras supersticiones sin fundamento ni sustento.
Otro factor clave en su supuesta extinción, sin duda fueron las disminuciones de selvas y bosques, ya que esta ave necesita extensos terrenos para ejercer su casería, siendo esta especie el pináculo de la cadena alimenticia, en lo que respecta a las aves; además, su presencia ayuda a mantener el equilibrio de otras especies que, de no ser alimento, su reproducción descontrolada puede generar un desequilibrio en los ecosistemas.
Por ello, su población se disminuyó considerablemente al grado de considerarse extinta de la faz de la tierra: sin embargo, durante el desarrollo del evento de la sexta edición del Chiapas Birding Festival 2025, hubo un avistamiento de este ejemplar, luego de 12 años de ausencia en la Selva Lacandona.
Esto da un aire de esperanza a los conservacionistas y defensores del medio ambiente, quienes manifestaron alegría y sobre todo una oportunidad para no dar marcha atrás en el tema de la preservación de especies.
Respecto a los esfuerzos por preservar a esta especie, en la administración pasada, en el Zoomat inauguraron una jaula destinada al Águila Arpía, con la intención de generar las condiciones para la reproducción, preservación y reintegración de la misma a su hábitat original; desde luego, no es fácil, es un proceso de muchos años o de generaciones que, deben ser cuidadosos para poder revertir su extinción.
Recordemos que dicho recinto décadas atrás tuvo ejemplares, mismos que forman parte del museo que se encuentra en el lugar, la cual, en algunos casos, la forma en que fueron disecados, ha causado más de una pesadilla a infantes o causó asombro.
Pero, todos los esfuerzos anteriores de nada servirán si no se genera castigos rigurosos o severos a quienes depredan a estas especies importantes para el ecosistema, o al menos que las legislaciones ya hechas se ejecuten.
También, debemos considerar que la preservación y nombramientos de nuevas Áreas Naturales Protegidas es un aliciente a esta titánica tarea de preservar a las especies que, día con día se ven amenazadas por huella humana.
Esperemos que este avistamiento no sea una rareza, tenga frecuencia y las futuras generaciones puedan presenciar de primera mano, el esplendor, belleza e imponencia que la naturaleza ofrece, además de entender la valía de las especies en favor del equilibrio de la naturaleza.










