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Editorial

Inflación que pega fuerte a las familias

Las peripecias que las familias mexicanas sufren cuando van al centro de abasto a comprar la despensa y las frutas, verduras y lo que alcance para la carne u otros privilegios, sí que son dignas de reconocerse en estos tiempos de crisis, sobre todo cuando la máxima autoridad en la materia ha reconocido que, por primera vez en 25 años, la inflación ronda en casi el 8 por ciento.

Aunque técnicamente no se conoce qué significa, la sociedad mexicana al realizar sus compras lo padece y lo entiende a la perfección. Básicamente la inflación es el desorden en los precios de bienes y servicios que se comercian en mercados públicos y tiendas de autoservicio, durante algún tiempo. Los precios de éstos, se dice, se ajustan a la oferta y a la demanda.

Pero no sólo en los precios de básicos, esto aplica para todo tipo de servicios, hasta para viajar, pagar deudas. Para todo lo que se tenía planeado el dinero ya no alcanza. El Banco de México reconoció hace un par de días que la inflación fue inesperada, aunque los mexicanos saben que esto ya se venía venir.

La inestabilidad en el campo, el cuál prácticamente no produce más que para el consumo local; los daños colaterales que el calentamiento global ha ocasionado a este sector primario es devastador; los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania; y la crisis económica interna que padecen los Estados Unidos de Norteamérica, son en realidad, las causas a esta situación de alza de precios en todos, prácticamente todos, los productos que engloban la canasta básica y demás servicios que rodean nuestra consumidora vida.

Al ser una economía tercermundista, cuando al vecino país del norte le da gripe a México le da pulmonía. Sin embargo, ante situación precaria, donde el bolsillo de las familias está más que limitado, se reprueba el nulo trabajo que todos los gobiernos del país, principalmente el federal, han realizado a lo largo de su historia. No hay maquinaria de primer nivel que se tenga para el campo, tampoco los apoyos se han centrado en producir la tierra, en darle garantías al campesino.

El dinero se prefiere “invertir” en partidos políticos inoficiosos. Ahí está Chiapas con la desaparición reciente que anunció el Instituto Electoral y Participación Ciudadana de cinco partidos que no alcanzaron la votación mínima del 3 por ciento respecto al padrón nominal. O las millonadas de pesos que los partidos a nivel nacional derrocharon para comprar conciencias “de color” a través del pago a influencers en las elecciones de 2021.

Bueno, súmele otro tanto a los miles y miles de pesos que se gastaron para las recientes campañas políticas donde se eligieron seis gobernadores y gobernadoras del país, el recurso que se reunió para el mitin de Morena en el Estado de México con el consiguiente acarreo de gente de otras entidades para esta magna concentración de poder.

Si todo este dinero tirado a la basura se invirtiera para impulsar el agro, otro panorama se tuviera. Lo que sigue fallando es el despilfarro a manos llenas para comprar conciencias. Por ello, hay que sufrir las consecuencias a falta de un plan de gobierno de gran calado, que asiente las bases para dos o tres décadas de trabajo fructífero.

Hoy lo que refleja el alza en la inflación es el aumento hacia otros segmentos, hacia otros rubros. Por lo menos de acá hasta el fin de año, la situación así está contemplada por los jerarcas financieros del Banco de México.

Tras el anuncio del Inegi sobre el Índice Nacional de Precios al Consumidor que registró un aumento en 7.88 por ciento anual en la primera quincena de junio, hoy los mexicanos se preguntan dónde está el programa de apoyo federal que se anunció dos meses atrás para aminorar el golpe a los productos básicos.

Hace no más de 15 días, la industria refresquera con mayor presencia en México, anunció el alza de precio a todos sus artículos. Es más, en los mercados, los costos de la papa y otros tubérculos, el pollo, electricidad y naranjas, entre otros, son los que más contribuyeron a que la inflación alcanzara su nivel más alto desde la primera quincena de enero de 2001.

Los especialistas recomiendan que, ante la inflación, los efectos se reflejarán en el uso de las tarjetas de crédito, por lo que es urgente evaluar la capacidad de pago, sobre todo si se manejan tasas de interés altas o con interés variable.

Ante la crisis, lo que procede es apretarse el cinturón para no hacer gastos superfluos e innecesarios. Lo alentador es que el mexicano siempre se las ingenia para salir de las escabrosas situaciones financieras, pues está comprobado que para todo se acostumbra, menos a no comer.

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