El Mundial, el distractor de México
El futbol ha venido a darle una bocanada de oxígeno puro al gobierno de la Cuarta Transformación y a la propia presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, quien ya no veía lo duro sino lo tupido ante las protestas contra su administración.
Este deporte, como “manipulador” de masas, ha desviado la atención de la ciudadanía hacia sus ídolos del mundo. Incluso, pese a estar conscientes de que México difícilmente pasará del quinto partido, muchos agradecen la decisión de la FIFA de ampliar el número de participantes del torneo, lo que brinda mayores oportunidades a selecciones como la mexicana, que históricamente se ha quedado en la orilla, aunque todo el tiempo “haya jugado bien, pero perdido como siempre”.
El tema no es menor, pues el Mundial de Futbol 2026 está siendo el gran distractor de los problemas que aquejan a México y a la población que sostiene este país. No es para menos: la mayoría sólo tendrá acceso a los partidos por televisión abierta o mediante pago por evento, sin posibilidad alguna de adquirir boletos que superan los 120 mil pesos. Eso sí constituye una grosería para el grueso de la población que vive al día.
Esa cantidad, en el mejor de los casos, equivale al ingreso anual de una familia tras intensas jornadas de trabajo. Ahí radica la desigualdad de un torneo deportivo que entusiasma a los más desfavorecidos, pero que en la práctica está reservado para los más pudientes: funcionarios, empresarios y hombres y mujeres con grandes fortunas.
Incluso, es tal la fuerza de este deporte de las patadas que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha pasado a segundo plano. Los maestros que protestan con mayor fuerza, principalmente en la Ciudad de México, han quedado relegados por los juegos de México y de las grandes potencias del futbol, así como por el desdén que, aseguran, han recibido de la presidenta Sheinbaum, quien sostiene que su paro laboral no tiene razón de ser.
Es más, ha sido tan firme en su postura que, desde el inicio de la movilización, se ha negado a recibirlos al argumentar que no representan a los liderazgos de la Coordinadora.
Sin embargo, también reconoce la capacidad de presión que representa esta ala radical del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), cuya influencia se remonta a gobiernos priistas del pasado, con los que estableció alianzas para ganar posiciones políticas.
Hoy, la postura de la presidenta ha ganado adeptos, pero ello no deja de representar un problema social para los mexicanos, pues las protestas continúan siendo un dolor de cabeza para el gobierno. También es cierto que la administración federal apuesta a que el propio pueblo manifieste su hartazgo y sea éste quien exija el desalojo de las manifestaciones.
Esa posibilidad sería el argumento respaldado por la sociedad para que la presidenta aplique la ley. El endurecimiento, claro está, no ocurriría precisamente durante el tiempo que dure el Mundial, sino una vez que éste haya concluido.
De hecho, el repudio social hacia el magisterio en plantón se evidenció durante la inauguración del Mundial, cuando la gente hizo lo necesario para llegar al Estadio Azteca y, aunque hubo contratiempos, éstos fueron menores.
Es tanta la euforia por el futbol que también habría que señalar que muchos aficionados han dejado de lado las demandas de otros grupos de protesta, como las Madres Buscadoras, quienes sufrieron actos de contención policial para impedir que llegaran a las inmediaciones donde se celebraba la justa deportiva.
Como se ha dicho sobre la postura de la presidenta frente al magisterio, también debe señalarse que ha sido cuestionada la negativa a establecer un diálogo directo con estos colectivos.
Por ello, mientras haya futbol, temas torales como los presuntos nexos de políticos con el narcotráfico, la búsqueda de personas desaparecidas, las demandas de la CNTE, la exigencia de localizar a periodistas secuestrados o hacer justicia por el asesinato de alcaldes, y ya no se diga las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, tendrán que esperar. Eso no importa: es tiempo de futbol.










