El mundo anda de cabeza con tanta libertad disfrazada de justicia

El caso del profesor de preparatoria que se quitó la vida tras ser acusado —según él, falsamente— de abuso sexual por una de sus alumnas no solo da pie al debate, sino que también envía el mensaje de que, si no en todos los casos, el derecho del hombre a la verdad ha quedado relegado a un segundo plano frente a las disposiciones que las nuevas leyes otorgan en favor del sector femenino.

Un internauta escribió que, a raíz de este caso, la sociedad, tan civilizada, moderna y llena de avances, hoy no tiene la más remota idea de lo que quiere. «A lo malo hoy llaman bueno y a lo bueno, malo».

Alberto Israel Jasso Cruz es el maestro que decidió quitarse la vida tras asegurar que fue acusado injustamente. En un video que difundió en redes sociales, previo a su fallecimiento, argumentó que la presión social fue determinante y sostuvo que la acusación era falsa, pues, dijo, «a los hombres ya no se les cree en estas circunstancias».

El tema generó un intenso debate en las redes sociales. Entre los comentarios más destacados, un usuario señaló que «estando como están las cosas, tal vez surjan dudas, pero las mentes están tan torcidas y las leyes aún más, que ya no se sabe a quién creer; mientras son peras o manzanas, ya hubo un muerto». Y añadió que lo más triste es que «la humanidad está totalmente desviada y pervertida».

El docente no esperó a ser juzgado ni a que se determinara su culpabilidad o inocencia. Por ello, ahora será imposible conocer con certeza si decía la verdad. Lo cierto es que la joven involucrada carga ahora con el peso moral del desenlace fatal.

«El pasado 14 de julio, una estudiante me denunció por abuso sexual, lo cual niego rotundamente», expresó en el video. Afirmó que, desde ese momento, su vida cambió por completo y que la acusación representó una experiencia devastadora, pues consideraba que afectaría su vida personal, profesional y familiar, independientemente del resultado del proceso legal.

Como hombre y ante las nuevas leyes que, según él, otorgan prioridad a las mujeres, sostuvo que los denunciados enfrentan un sistema que no garantiza plenamente la presunción de inocencia, y aseguró que esa percepción influyó en la decisión que tomó.

No lo dijo de manera explícita, pero de sus palabras se interpreta una crítica al funcionamiento del sistema judicial mexicano, al considerar que las personas acusadas enfrentan consecuencias sociales y económicas desde el inicio de una investigación.

El caso ha provocado un intenso debate en redes sociales sobre la presunción de inocencia, los procesos de denuncia por presuntos delitos sexuales, la salud mental y el impacto que este tipo de situaciones puede tener tanto en las personas denunciantes como en quienes enfrentan una acusación.

Los usuarios de redes sociales, como una muestra representativa de la opinión pública, han fijado diversas posturas. Algunos sostienen que sí existen ocasiones en las que una persona puede ser acusada sin ser culpable y lamentan que, cuando eso ocurre, no exista justicia para las víctimas de una denuncia falsa. Ahora, con el maestro fallecido y tras el mensaje que dejó, muchos creen que fue víctima de una injusticia, aunque también recuerdan que una de las constantes en quienes cometen delitos sexuales es declararse inocentes.

Otros consideran que «tiene sentido lo que dice; hoy en día la palabra de la mujer tiene mayor peso y, si se demuestra que la acusación fue falsa, también debe castigarse a quien la hizo».

Muchos más opinan que la «revolución» impulsada en los últimos años en favor de la igualdad de género ha derivado, en algunos casos, en una tergiversación de los derechos de los hombres. Consideran que estos se han redireccionado de manera errónea como consecuencia de quienes sí cometen abusos e irregularidades.

También existen casos que muestran una realidad distinta y que, para muchos, evidencian la descomposición del sistema. Ahí está el ejemplo de Cuauhtémoc Blanco, exfutbolista, exgobernador de Morelos y actual diputado federal plurinominal, quien fue acusado públicamente de abuso sexual por su cuñada. Ella tuvo el valor de dar la cara, señalarlo y denunciarlo.

La respuesta fue el desdén y la protección política. En ese caso no fue necesario que la denunciante se quitara la vida para evidenciar el sufrimiento que enfrentaba. En el fondo, parecía vivir una pesadilla interminable y, aun así, nadie dijo nada ni movió un solo dedo. Por ello se afirma que el mundo anda de cabeza, con tanta libertad disfrazada de justicia.

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