Tapan la boca al mitómano de Carlos Morales Vázquez
No pasó mucho tiempo para que a Carlos Morales Vázquez le callaran la boca. Su afán protagónico quedó, una vez más, en evidencia. Las mentiras que salen de su boca lo denigran cada vez más como político, porque eso de que sea una buena persona o un buen ser humano está, cuando menos, sujeto a debate.
Sus acciones hablan por sí solas. Es un personaje que, con tal de conseguir lo que quiere, miente, acusa y difama. Hace un par de meses lanzó declaraciones contra el alcalde Ángel Torres Culebro, a quien responsabilizó de tener una ciudad en ruinas, al asegurar que él prácticamente le había heredado una ciudad ejemplar, casi de primer mundo.
Nada más alejado de la realidad. El propio presidente municipal exhibió que Carlos Morales dejó sin pagar más de 800 millones de pesos destinados a la rehabilitación del sistema de agua potable y a otras obras, situación que derivó en un intercambio de acusaciones a través de las redes sociales.
Aquella disputa parecía reducirse a una confrontación política por el poder. Sin embargo, dos meses después, la Auditoría Superior del Estado terminó por darle la razón al edil Ángel Torres Culebro y desmintió la versión de Morales Vázquez, quien había asegurado públicamente que sus cuentas públicas estaban resueltas y que había sido exonerado de cualquier responsabilidad administrativa en materia de rendición de cuentas.
Como acertadamente lo retrató un cartón político publicado en estas mismas páginas, Carlos Morales es un personaje «ratonero», pero de esos que «se roban hasta la paga»; de los que arrastran una larga cola por la impunidad de sus actos de corrupción y una lengua aún más larga para intentar convencer, mediante el discurso mediático, a la ciudadanía de que es el mejor gobernante y la mejor persona sobre la faz de la tierra.
En un video difundido en sus redes sociales el pasado 14 de julio, presumió que «cada peso fue comprobado» y que la Auditoría Superior del Estado había avalado su administración. Incluso afirmó: «Las cuentas están claras; el gobierno honesto de Carlos Morales fue certificado».
Su teatro y sus mentiras lo describen como un mercenario de la verdad. Bien podría ostentar el título de profesional del engaño o consagrarse como un político de ambición insaciable.
Pero la Auditoría Superior del Estado le corrigió la plana. Aclaró que, durante su gestión, el Sistema Municipal de Agua Potable y Alcantarillado cerró la Cuenta Pública 2024 con observaciones no solventadas por 397.2 millones de pesos.
¿Dónde quedan entonces las afirmaciones que difundió en sus redes sociales? Parece engañarse a sí mismo, porque los tuxtlecos saben de qué pie cojeó la administración municipal durante los seis años que encabezó el Ayuntamiento. Hoy, desde el cargo que ocupa en la Conafor, continúa proyectando una imagen de servidor público mientras, según sus críticos, mantiene una conducta marcada por la mezquindad disfrazada de virtud.
Ha convertido la mentira en un método de vida y busca desviar la atención de errores que muchos consideran deliberados, construyendo una imagen de hombre honesto cuando bien podría aplicársele el viejo dicho: «quien no lo conozca, que lo compre».
La codicia y la traición parecen estar, para él, por encima de cualquier otro principio. En ese camino, poco le importa sacrificar relaciones, instituciones o proyectos con tal de preservar sus intereses. Carece de escrúpulos cuando se trata de conservar poder, dinero o influencia, aun cuando para ello deba distorsionar la realidad o desacreditar a quienes la confrontan.
Pobre de Carlos. Aunque hoy muchos lo llamen embustero u oportunista, difícilmente cambiará su forma de actuar. Los años parecen no haberle dejado espacio para la autocrítica ni para reconocer que se ha equivocado.
Si de reconocer errores se trata, aun cuando muchos sostengan que su caso también tuvo un trasfondo político, resulta significativo que un personaje con un pasado tan cuestionado como el exgobernador Juan Sabines Guerrero haya tenido el valor de decir públicamente a Chiapas: «me equivoqué».
Con todo, pocos creen que esta realidad haga cambiar de opinión a personajes como Antonio Santos, quien presume ser aliado y amigo de la presidenta de México, y que, según se afirma, continúa impulsando a Carlos Morales hacia una nueva candidatura a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez. Al final, como dice el refrán: «gallina que come huevo, aunque le quemen el pico». Y, para muchos, en esa lógica sigue moviéndose el mitómano Carlos Morales Vázquez.










