Golpe bajo a Estados Unidos; Rocha regresa con la “frente en alto”

La gran noticia del viernes fue que Rubén Rocha Moya se reincorporó a sus labores como gobernador de su natal Sinaloa. Su regreso al gobierno sí que fue una sorpresa; nadie se lo esperaba, sobre todo por las acusaciones que Estados Unidos tiene contra el mandatario por su presunta implicación con el grupo delincuencial Los Chapitos.

Las pruebas públicas de todo este entramado lo implican, y el señalamiento del Departamento de Justicia estadounidense pone en entredicho la postura de la Fiscalía General de la República (FGR), que lo exoneró de toda responsabilidad e incluso de haber tenido algo que ver con la entrega de “El Mayo” Zambada a las autoridades de Estados Unidos.

En sus redes sociales, el controvertido gobernador posteó que su retorno se debe a que es un hombre recto, que regresa con la “frente limpia y en alto, y con la fuerza de la verdad de nuestro lado”.

Podrá decir misa, como se dice coloquialmente, pero las pruebas públicas, las denuncias, las publicaciones, los reportajes y los señalamientos de los medios de comunicación dejan poco a la imaginación respecto a la no responsabilidad que Rocha Moya pudiera tener en los hechos que el gobierno estadounidense le atribuye.

Este es el mismo caso de Marina del Pilar, gobernadora de Baja California, quien, a pesar de que existen audios en los que presuntamente hace pactos con el FBI para “soltar la sopa” y evitar represalias penales, la Fiscalía General de la República insiste en que no hay delito que perseguir.

Es decir, las declaraciones y acusaciones que en su momento hizo Jaime Bonilla, exgobernador de la misma entidad, exmilitante de Morena y hoy miembro del Partido del Trabajo, aliado del gobierno, contra Marina tampoco son válidas.

Por el mismo rumbo está el caso de Andrés Manuel López Beltrán, el ya famoso “Andy”, hijo de Andrés Manuel López Obrador, quien, en una de las investigaciones relacionadas con el delito de huachicol, es mencionado en el expediente hasta en cinco ocasiones, pero para la FGR no hay nada que lo involucre, menos que investigar.

Mucho menos que se le investigue por estar presuntamente coludido con el Cártel Jalisco Nueva Generación, como se dio a conocer a nivel nacional en un reportaje periodístico presentado por un noticiero que se transmite a través de las redes sociales.

Por ello llama la atención que Rocha Moya, muy pomposo y seguro de sí mismo, asegure que es su deber “cumplir con el mandato de las y los sinaloenses, quienes lo eligieron como titular del Poder Ejecutivo para gobernar hasta el 31 de octubre de 2027”.

Cierto es que está en su derecho de regresar a sus actividades, dado que la FGR no le imputa ningún cargo; pero de ahí a afirmar que no está involucrado hay una gran distancia y, cuando menos, el asunto dista mucho de estar completamente aclarado.

En política está comprobado que este tipo de estrategias tienen un fin, y este puede ser desviar la atención de temas torales, como el señalamiento contra Andy, así como aplacar el tema del marino Fernando Lagunes, quien fue extraditado de Argentina y, según lo que se ha dado a conocer, tiene información que podría involucrar a funcionarios y representantes populares de la Cuarta Transformación.

Las especulaciones giran muy alto y no se descarta que la reciente visita del titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana federal, Omar García Harfuch, quien fue reconocido por la DEA —institución que fue duramente criticada por AMLO y Sheinbaum—, haya servido para intervenir o establecer acuerdos que permitan ir sacando de la luz pública los errores de los hombres de “confianza” de la Cuarta Transformación.

Además, con el regreso de Rocha Moya a la gubernatura, quienes quedan muy mal son las autoridades de Estados Unidos, que lo señalaron por su presunta responsabilidad en delitos como conspiración para importar narcóticos, narcotráfico, corrupción y posesión de armas de fuego. Hoy, el gobierno mexicano prácticamente les refuta en la cara que sus acusaciones son mentiras. Es decir, se habría perfeccionado un montaje para presionar a México en varios temas, como el combate a los grupos criminales y la economía vinculada con el tratado de libre comercio.

La respuesta de los encargados de la justicia, que están bajo las órdenes del presidente Trump, no debería tardar, pues la sorpresa de que Rocha ya tenía un pie en alguno de los condados de Estados Unidos para iniciar su proceso legal se ha esfumado. Los jugadores del ajedrez tendrán que mover de otra forma sus piezas o quedarse callados, con la derrota bajo sus espaldas, a menos que, como se le conoce de ventajoso al mandatario estadounidense, vuelva a dar la nota de ocho columnas donde menos se lo espera el gobierno de la Cuarta Transformación.

O mejor se cierra este capítulo de la novela y nos quedamos con la postura de Rocha Moya que es inocente, quien jura y perjura que es “ajeno de las patrañas que se han urdido en su contra por personeros de la ultraderecha para dañar, como hoy se sabe a plenitud, al movimiento político de izquierda en el que milita y cuyos principios asumo y represento por completo”.

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