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Editorial

Diputado Ovando, una aberración para Morena

Los ejemplos negativos al cuestionamiento que han realizado medios de comunicación contra el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), por la forma de operar de sus militantes, es grotesca, fuera de lugar y un insulto a la sociedad que ha creído ciegamente en esta nueva apuesta política.

Quienes suponían que el cambio se tendría en los miembros del recién construido partido guinda se ha equivocado rotundamente. Cada día que pasa nos enteramos que quienes se han colgado de las buenas intenciones del fundador de dicho instituto político, Andrés Manuel López Obrador, en cada acción entorpecen y denigran el funcionamiento del modelo que intenta desaparecer a los conservadores y a las iniciativas de éstos, como les llama el mandatario a sus opositores.

Existen patrañas que representan al pueblo chiapaneco y que, bajo el escudo protector del fuero constitucional por su misma condición de legislador, se ensañan con los más necesitados a quienes pisotean.

El caso del diputado Isidro Ovando Medina es muy particular. Sí, el que fuera regidor de Morena en el Ayuntamiento de Tapachula y que hizo hasta lo imposible por dejar fuera a Rosa Irene Urbina Castañeda, como la candidata a la alcaldía por dicho municipio, luego de la muerte imprevista de Óscar Gurría Penagos.

Decíamos, el diputado morenista, que hizo maroma y teatro para ser elegido consejero de Morena en la pasada elección, se pinta solo para abusar del poder y demostrar la clase de patán que es, pues Ovando Medina no se midió para amedrentar a una mujer de que tiene la influencia necesaria para manejar y manipular a su antojo el trabajo que realiza la Fiscalía General del estado.

Cuando la señora Elizabeth le cuestiona su ayuda para conseguirle un abogado para la liberación de dos familiares, presos en alguna cárcel de Chiapas, el legislador por el distrito de Huixtla, que fue grabado durante la conversación telefónica, se jactó de tener los tamaños suficientes para “ordenar” al fiscal (Olaf Gómez Hernández) que la audiencia programada sería suspendida, y tras tratar a la señora como ‘gente mal agradecida’, corta la llamada.

Esta actitud denigrante, avasalladora, intolerante, tirana, no sólo deshonra y avergüenza al legislador para conocerlo como un ser despreciable y ruin, sino que impone una nueva mancha al caparazón de Morena, quien a pesar de los dichos de que en este nuevo partido no son iguales a los demás, le enjareta que están hechos con la misma tijera.

Y lo que es peor, este legislador está lejos de representar la regeneración política que busca su partido, pues a la vista de todos, demuestra que el tráfico de influencias y la corrupción en su fuerte, procedimientos ilegales que, supuestamente, la Cuarta Transformación está intentando aniquilar.

Faltarle el respeto a una indefensa mujer que sólo busca apoyo de quien consideraba una opción válida, exhibe los bajos instintos de un sujeto que por más que use la máxima tribuna para fijar asuntos triviales, se le conozca como un indigno representante popular.

O si cree que estamos exagerando, sólo lea y valore la profundidad de la persona que se tiene como diputado: “Elizabeth, escúcheme, a ver, este tema es político, no es de abogados y si usted cree que yo no hice nada, ahorita hablo con el fiscal para que se suspenda la audiencia de mañana, así se lo digo, porque con gente mal agradecida yo no voy a estar tratando”.

En resumidas cuentas, es muy grave el proceder del legislador y consejero morenista, ya que involucra al funcionario estatal en una supuesta influencia y nos hace creer que la justicia es vulnerable y frágil. 

Hoy el legislador debe aclarar su procedimiento intimidatorio pues si para él una llamada cambia el curso de los asuntos legales, ya no queremos imaginarnos qué haga en otros temas torales. Y por el otro lado, Ovando Medina debe saber que lo que su petición no es facultad de la Fiscalía, sino del Poder Judicial, o quizás ahí también tenga injerencia.

Con esta exhibida, creemos que pensará muy bien lo que dice y lo que hace y lo mínimo que debe realizar, si es que tiene un poco de vergüenza, es pedir una disculpa pública ante semejante aberración, y pague los honorarios del abogado defensor del caso por el que inicialmente la mujer, Elizabeth, le solicitó al morenista.

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