Niños Héroes, el ejemplo a seguir

El martes próximo, los chiapanecos estarán puestos para celebrar las tradicionales fiestas patrias. Como para poner en contexto el valor que se le da a los elementos de las fuerzas armadas de México, el 13 de septiembre habrá una ceremonia por la conmemoración de la gesta heroica de los Niños Héroes, los famosos cadetes que murieron en la Batalla de Chapultepec el 13 de septiembre de 1847, durante la Intervención de Estados Unidos en México.

Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Francisco Márquez, Juan de la Barrera, Juan Escutia y Vicente Suárez, los seis elementos del Ejército Mexicano, al ver que eran superados por las fuerzas estadounidenses -desobedecieron la orden de su general de emprender la retirada-, antes de caer rendidos a los pies del enemigo, prefirieron envolverse en la bandera mexicana y se lanzaron al vacío.

Un acto que enorgullece a los mexicanos. Una historia digna de recordar por el valor que los jóvenes demostraron para con su país. Hacemos memoria de este hecho histórico para dejar en claro que los caudillos que dieron su vida por México deben ser honrados como los titanes o superhombres que sabían cuál era su función y responsabilidad.

El Ejército Mexicano ha sido un estandarte y aunque en su historia se han conocido hechos que avergüenzan a la institución, la mayoría de los mexicanos los respeta y reconoce como los hombres y mujeres que aman y dan la vida por su país.

Recordar a estos seis jóvenes de un centenar que defendieron la soberanía de México es propicio para decirle a los que hoy portan el indiscutible uniforme verde olivo -o ya camuflado-, que los chiapanecos y mexicanos depositan en ellos su confianza en la defensa de nuestra soberanía y no precisamente de incursiones extranjeras, sino de quienes hoy controlan y dominan al país.

Si el gobierno federal y de los estados se han visto rebasados por el crimen organizado, y si hoy ya se ha concretado que las calles de cada rincón del país estén vigiladas por los ojos de miles de militares -a quienes se les adhiere la Guardia Nacional-, de la Marina y de las fuerzas aéreas, sólo se espera que haya respeto para el ciudadano común.

Los tiempos han cambiado tanto que ahora no se ocupan ni preocupan de una injerencia militar extranjera, lo que ocupa es que el honor presidencial no sea cuestionado ni mancillado. Lo héroes de millones de niños reciben el en señal de respeto y de que cuando sean mayores de edad quisieran formar parte de esta élite, ahora tienen en sus manos contrarrestar los embates de la delincuencia organizada.

La realidad es que ahora los jóvenes prefieren irse a los Estados Unidos de Norteamérica que pensar en ingresar a las filas de la Secretaría de la Defensa Nacional. El aval de los padres de familia es que están más seguros trabajando de jornaleros, de lavaplatos, obreros o lo que logren alcanzar, antes que irse a topar con un grupo de desalmados hombres incendiarios del país que anteponen su frase de batalla: matar o morir.

Es cruel y despiadado vivir en un México bronco, propiciado por los gobiernos que no supieron ni han sabido enfrentar la violencia. Un sistema político que siempre ha pensado y actuado conforme lo lleven los vientos de la prosperidad y comodidad. Eso ha sido el proceder en los últimos 80 años. Los gobernantes han priorizado su bienestar y descuidado la atención de las causas sociales.

Y no hay de otra, hay que tratar de enfrentar la realidad de las cosas, aunque quienes nos representen en las decisiones políticas, sociales y económicas, sean personajes chaqueteros que se acomodan, repetimos, por donde mejor los lleve el viento.

En la vida hay que priorizar la integridad como seres humanos, reconocer errores y no actuar a base de mentiras o conveniencias. Cuántos políticos en las últimas semanas han sido evidenciados de que actúan como lo hacía la famosa “Chimoltrufia”, Florinda Meza, en su papel de esposa de un hampón (el señor Barriga), en la serie Los Caquitos, del programa Chespirito que destacaba por decir “yo como digo una cosa digo otra”.

Esos políticos que en su discurso son ejemplo de transparencia y en su actuar son más tramposos que los propios delincuentes, y no estamos hablando de los personajes de ayer ni de hace décadas, no, nos referimos a los que hoy son líderes de importantes partidos políticos nacionales que han defraudado con mentiras, todo por seguir estando en el poder.

Por ello, en el inicio, destacamos el valor de los Niños Héroes que perdurará por siempre. Añoramos que la integridad de los militares sea hoy un referente para recordar cuál es su misión, y a los políticos, refrescarles que su actuar con su palabrería debe ser congruente, pues nadie, hasta ahora, nos ha demostrado que así sea, y ello es una lástima por nuestro querido México.

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