Uriel Estrada, un sinvergüenza
Vaya descaro del auditor superior del estado, José Uriel Estrada Martínez, cuando afirma que es fantasioso de nuestra parte el que acusemos y hayamos publicado que los 31 alcaldes observados en una primera etapa por parte de dicho organismo se hayan “transado” más de 600 millones de pesos.
En primer lugar, el funcionario de marras quiere hacer confundir al ciudadano la magnesia con la gimnasia pues resulta que el daño a la hacienda pública respecto a la cuenta pública en los primeros meses de 2021 lo da a conocer la misma Auditoría Superior del Estado no el Diario de Chiapas.
En sus minuciosas investigaciones de qué es lo que se gastó el alcalde en turno y cómo comprueba lo erogado, da cuenta que 31 Ayuntamientos evadieron justificar y comprobar 641 millones 887 mil 82 pesos y 59 centavos. ¿Parece fantasioso que el Diario de Chiapas intente engañar con semejante cantidad de dinero?
Acaso lo novelesco es que hayamos inventado términos como operaciones simuladas, duplicidad de pagos, apoyos no recibidos por los beneficiarios, anticipos pagados no amortizados, recursos con fines para el cumplimiento de los objetivos específicos transferidos indebidamente a cuentas bancarias de otros fondos, etcétera. Estos conceptos, propios del resultado de las auditorías a los ayuntamientos los contempla la normatividad, soñador sería que por nuestra parte lo hayamos inventado.
Estos delitos cometidos por los presidentes y presidentas municipales, cierto, deben tener el beneficio de la duda, pero defender que un alcalde quiera ver la cara al Estado con un desfalco de más de 50 millones de pesos, como lo hizo su compadre el edil de Simojovel, Gilberto Martínez Andrade, no tiene comparación para no decir alguna bajeza.
Nadie duda que los tesoreros y la gente que cuadra números se hayan equivocado en algunos pormenores menores, pero ya esta cantidad estratosférica sí que es una humillación para la ciudadanía que confió en sus representantes populares.
Lamentable y penoso que sea el propio funcionario público de la Cuarta Transformación, el que, con su famosa apreciación de fantasía, nos quiera revolcar en su cochinero cuentista de números trasnochados y mal ávidos de los alcaldes.
Tuzantán, Tuxtla Chico, Tumbalá, Suchiate, Simojovel, San Fernando, Sabanilla, Pijijiapan, Pantepec, Palenque, Ostuacán, Ocozocoautla de Espinosa, Ocotepec, Motozintla, Mazatán, Marqués de Comillas, Maravilla Tenejapa, Mapastepec, Mezcalapa, Las Rosas, La Trinitaria, La Concordia, Jitotol, Jiquipilas, Huixtán, Huehuetán, El Bosque, Chiapa de Corzo, Chenalhó, Catazajá y Cacahoatán, son los ayuntamientos que no comprobaron la millonaria suma.
Dice el auditor que hay que anteponer la presunción de inocencia, hasta que solventen las transas, para lo cual tienen 30 días hábiles y si no comprueban se pasará al área jurídica y de ahí a la Fiscalía General del estado para las denuncias correspondientes.
La pregunta del millón de pesos, ¿creen ustedes que un alcalde que no comprobó gastos por más de 34, 43, 50, 60 y hasta 110 millones de pesos lo podrán hacer en este tiempo?
Sólo para dimensionar lo grave del tema. Estos son los Ayuntamientos que fueron detectados como los más tramposos y estamos hablando en millones de pesos: Huixtán, más de 110; Cacahoatán, casi 72; Las Rosas, casi 60; Tuxtla Chico, casi 51; Simojovel, 50 millones 162 mil pesos; Pijijiapan, casi 43; y Ocozocoautla, más de 34.
Además, ¿dónde están las denuncias penales para los alcaldes que en (2020) no comprobaron la Cuenta Pública? ¿Aún seguirá el auditor en el proceso de comprobación, como lo afirmó en entrevista? Juan Antonio Castillejos Castellanos, alcalde de San Fernando, ya habrá justificado que en dicho año se le detectaron otros 17 millones 344 mil 387 pesos con 78 centavos, esto de acuerdo al Informe Individual de Auditoría ASE/OAC/037/2021.
Si el auditor en sus interpretaciones de la ley dice que se llevan a cabo informes de auditorías, que no siempre tienden a hacer más que situaciones en donde se vaya hasta el fondo de las cosas, entonces para qué se hace tanto alboroto y que siga esta instancia como macetera de centro, decorativa, sin resultados.
Y como remate a sus elucubraciones, haciéndose el harakiri, el flamante servidor público reconoce que “se hacen acuerdos (con la ASE) para que los ayuntamientos puedan trabajar y realizar su administración de la manera más correcta. La verdad, qué cómoda la chamba de este funcionario sinvergüenza que no duda en esconder sus amarres con los ediles, quien, para justificar su complicidad, busca echarle la culpa a la imaginación de los medios de comunicación a los desfalcos que se perpetran a la hacienda pública estatal.










