Delfina y Leticia, un antes y un después

Este jueves dos escenarios distintos de personajes que encabezaron o encabezan el área de educación, dieron cátedra, si así le gusta que se le llame, al arte de la política para la organización de las sociedades humanas, de la verdadera tarea de educar a los niños, y de cómo se aspira a gobernar un estado.

Delfina Gómez, por un lado, maestra y senadora, y candidata próxima al gobierno del Estado de México, por el partido Morena, y hasta hace un par de meses, titular de la SEP, dio clases y hasta cátedra de baile tropical en la Vieja Casona de Xicoténcatl, en la Cámara de senadores.

La extitular de la SEP demostró que además de legislar y ser maestra normalista lo suyo también es el baile de salón. En un video que se hizo viral en las redes sociales, muestra sus dotes artísticos para el dance de “jalón”.

En su camino rumbo a la contienda para el 2023 que buscará ganar en su segundo intento, aprovechó para demostrar a sus oponentes que a pesar de que la acusen de algunas trampas para el empoderamiento de su partido, también los puede “bailar” en la cuestión mediática.

Atrás quedaron sus cuestionados programas que había presentado en materia educativa, pero justo el mismo día, Leticia Ramírez Amaya, la secretaria de Educación que fue cuestionada por no saber cómo los niños pueden aprender matemáticas, dijo que los alumnos que no acrediten los conocimientos suficientes en sus materias podrán ser no aprobados por sus profesores.

La medida contraria se aplicó durante la pandemia, donde hubo efectos en los niños y jóvenes, por ello es necesario recuperar la matrícula que con solo que los estudiantes lleguen “contentos” a la escuela para aprender, es suficiente para que, a partir del segundo semestre, es decir, a partir de enero próximo, tengan el visto bueno de los profesores para que no los castiguen con malas notas.

Desde que se tiene uso de razón, desde primaria en adelante, los niños tienen la obligación de llegar a la escuela para aprender y en el cúmulo de conocimientos, acrediten pasar el año escolar respectivo.

Es una obligación, aunque también existe muchos casos en los que a los pequeños no les “entra la letra” por motivos que están fuera de su alcance, como el que sean afectados por la violencia que se genera en el interior de su familia, no haya suficientes recursos económicos para estar bien alimentados, que a la postre afecta en la asimilación de conocimientos y otros muchos factores que podrían tomarse en consideración para hacer excepciones.

Dice que sí hay una evaluación con calificación y acreditación, pero pide flexibilidad suficiente para entender que hay situaciones de que de repente algunos alumnos no se pueden presentar de forma presencial a las aulas, y es ahí donde explica que el objetivo no es reprobar a los estudiantes, por lo que los maestros deben apoyar a los alumnos para que tengan un mejor aprendizaje.

En este panorama puede haber sus excepciones, pero todos estamos obligados a poner nuestro mayor empeño, que tanto maestros y alumnos cumplan con su función. De nada sirve presionar al estudiante si en el día los profesores continúan faltando a clases.

En las escuelas del nivel medio y superior, al alumnado se le ve jugando la mayor parte del día porque sus maestros decidieron no asistir a las aulas. Pareciera que se ponen de acuerdo, pero en esta práctica no hay ni reportes ni jalones de orejas.

A todo mundo le interesa que haya clases, que los niños y jóvenes estudien, aprendan y lógico, pasen año, que sigan avanzando, aunque los maestros metidos a funcionarios que encabezan los programas educativos no sepan cómo resolver problemas básicos de matemáticas o español, por citar un ejemplo.

Si para enero, que inicia el segundo semestre, la SEP aplica lo que dice, no debe pasar absolutamente nada. No hay que temer si se cumplen los programas. Los maestros deben impartir cátedra y los alumnos aprender de ellos.

Si la secretaria de Educación quiere recuperar la matrícula, tiene que empezar porque los maestros y maestras dejen de estar faltando a clases, y segundo, darle solución a las causas que orillan a la niñez ausentarse de las aulas. Hoy por lo pronto, tanto Delfina como Leticia, hacen hasta lo imposible para cumplir con su chamba, sólo esperemos que no se equivoquen tan seguido.

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