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Editorial

Peregrinaciones de fe

Hoy jueves inicia la fiesta más venerada de México. A partir de este día, los ciudadanos mexicanos se convierten en los feligreses que salen por millones a las calles para llegar al recinto religioso de amor, paz y tranquilidad que en su interior pueda generar o provocar como los es el de la Virgen de Guadalupe.

Sin necesidad de lanzar una convocatoria, los connacionales ya se organizaron qué día saldrán desde su casa, colonia, barrio o centro de trabajo para encabezar una peregrinación que tiene una doble misión: rendir tributo a la morena y pedir por la salud, por encontrar trabajo, o por dar gracias de que el año que está por concluir ha sido excelente, bueno o si ha sido malo, para comprometer promesas para que lo saque de la situación embarazosa en la que se encuentre.

Las peregrinaciones que comienzan este día desparraman fe y una esperanza descomunal que hasta el más escéptico se queda atónito por la convicción del mexicano para esperar “milagros” o para que la virgen del dé la fuerza para salir exitosos de la adversidad.

En la bien llamada fiesta guadalupana comulgan todos y de todo. No sólo el pobre, el que apenas tiene para mal comer, es el que encabeza las caminatas para llegar a arrodillarse ante los pies de la virgen, no. No sólo éstos. Este sí es un verdadero movimiento nacional que no necesita llamados a concentraciones masivas para validar causas ciudadanas o políticas.

Con todo el respeto para todas las religiones de México y el mundo, la que inicia hoy es una convocatoria que sale desde adentro del ser humano.  Decíamos, acá no hay raza o condición política, social o humana que lo impida. Al contrario, es la única vez en el año, en razón de fe, que reúne a todo tipo de ser humano.

Desde esta mañana, las iglesias donde se encuentra el nicho de la Guadalupana se engalanan de fervor, patriotismo, exaltación, devoción, fidelidad, lealtad y amor. No hay poder humano que arrebate estas condiciones.

En México, en la Basílica de Guadalupe, veremos escenas que conmueven, de mexicanos que en cada paso que dan camino al santuario, mueven las extrañas de propios y extraños. En el país, durante uno, dos, tres o hasta un mes con anterioridad, cientos de grupos de peregrinos ya están camino hacia una iglesia de su preferencia para dar gracias por todo.

En Chiapas, como lo decíamos, trabajadores de los tres niveles de gobierno ya programaron el día en que estarán caminado rumbo a la morada de la Virgen. Han sido dos años difíciles que la pandemia se encargó de pausar. En el 2021, si bien se abrieron las puertas de los templos para dar paso a la admiración, devoción y al misticismo religioso, se hizo con estrictas medidas sanitarias debido a que el COVID seguía golpeando a los hogares.

Desde el domingo pasado, las parroquias de Tuxtla, por ejemplo, se han organizado por zonas para que hoy comience el peregrinar, aunque las autoridades eclesiásticas y municipales han coincidido en que el mayor volumen de peregrinos iniciará a partir del día 8 de diciembre.

Por las calles de Tuxtla en sus sentidos oriente y poniente, veremos en estos días a cientos de unidades de transporte que servirán de guía para los peregrinos que tienen como meta llegar al santuario de la Virgen de Guadalupe que se ubica sobre la Avenida Central entre Sexta y Séptima Poniente.

Los guadalupanos que vivirán su expresión de fe tendrán en esta ocasión menores restricciones sanitarias, pero no está demás cooperar para portar cubrebocas y gel. La medida no hay que dejarla a un lado, pues es conocido de todos que en otras partes del mundo están viviendo una sexta ola del COVID en sus diversas facetas o mutaciones en las que se ha transformado el virus. Ante ello, lo menos que podemos hacer es evitar una nueva oleada de contagios.

Desde hoy jueves, veremos carros particulares o del servicio público en sus diferentes modalidades, transitar “bien elegantes”, adornados con globos, serpentinas y demás creaciones hechas por los feligreses. Durante esta semana seremos testigos del fervor de fe, este que no ha claudicado a pesar de los pesares.

Sin exagerar, la de los próximos días, será una máxima concentración donde no habrá ni bandera política ni ideología ni llamados expresos a caminatas, manifestaciones o marchas, que no sea la que te inspira la devoción de fe. Durante esta jornada, los mexicanos piden y añoran que México sea un país de paz, seguro, sin violencia, con educación, salud y demás estándares que nos permitan caminar, sino en el paraíso, por lo menos con la seguridad de que nuestro paso por la tierra debe estar alejado de la mala política y de las malas decisiones gubernamentales o cualquier sector productivo en la entidad o el país.

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