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Comparecencia o acto decorativo en el Senado

Vapuleada hasta el cansancio, pero Rosario Piedra Ibarra, hija de la bien recordada luchadora social María del Rosario Ibarra de la Garza, ni se inmutó a la cascada de señalamientos que los senadores y senadoras le hicieron durante su comparecencia en la Cámara Alta.

La titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, cuestionada y rebatida por su comportamiento al frente de la institución, no contestó un solo señalamiento. Se limitó a leer unas líneas escritas y calló a las acusaciones de ser una empleada más de este gobierno y de no ejercer su función de defender al pueblo mexicano de las violaciones en sus derechos.

La sede del Senado se convirtió en un ring donde el partido Morena y sus aliados se dedicó a defender a la titular de la CNDH y los partidos opositores a atacar el mal desempeño de la “funcionaria humanista”. En tanto ella, llegó como espectadora, en ningún momento se defendió de las embestidas, únicamente al final leyó unas líneas para retar a sus detractores.

Lo que realmente pasó este miércoles en la casa parlamentaria fueron una serie de discursos en pro y en contra que quedaron en el aire. Mientras que unos legisladores atacaban y otros defendían, la titular de los Derechos Humanos no mostró ningún rasgo de fastidio, y fue tan simple el escenario que conforme iba pasando el tiempo, los espacios de quienes integraban la Mesa Directiva se fueron quedando vacíos.

La Constitución establece que quien es citado a comparecer debe responder a las preguntas que le formulen los miembros del senado y ejercer un ejercicio republicano de rendición de cuentas y si bien en esto último la señora Rosario Piedra se dedicó a leer cuartillas sobre la eficacia de la CNDH, su intención quedó en el aire al dejar con la palabra en la boca a sus oponentes.

No se vio a una aguerrida defensora de los derechos humanos de los mexicanos. Su actuar pasivo y distante contrasta con la actitud guerrera que mostraba su señora madre contra el Ejército mexicano por la desaparición de su hijo, supuestamente a manos de los elementos castrenses, hace ya muchos ayeres.

Jesús Piedra Piedra, de 19 años, fue acusado de formar parte del grupo guerrillero Liga 23 de Septiembre y detenido de manera ilegal en 1974 por agentes policiales quienes posteriormente lo entregaron a instancias castrenses. A partir de ahí ya no se supo nada del primogénito de la precursora de la defensa de los derechos humanos.

Por ello, la presidenta de la CNDH no quería desde un principio acudir al Senado si ya sabía que su presencia sería la de una maceta de decoración de la sala legislativa. La senadora del PRI, Claudia Anaya le dijo que si no contesta a las preguntas a qué llegó, ¿vino de paseo o a comer cacahuates?

La señora Piedra conocía de antemano que los señalamientos a su silencio a la militarización del país, a la defensa e injerencia en el pleito electoral en favor del gobierno federal, a la pasividad que ha mostrado el organismo ante la muerte de decenas de periodistas en esta administración o a su mutismo por la falta de medicamentos para los niños con cáncer, serían las armas mortíferas que la oposición remarcaría.

Sin embargo, a todo esto, prevaleció el silencio sepulcral, ni una sola palabra ni una sola respuesta. La indiferencia fue la estrategia y sus aliados de Morena se encargaron de contra debatir recordando pifias de titulares del organismo del pasado.

Al final de su participación, la titular de la Comisión Nacional leyó algunas líneas de texto que le pasaron sus asesores en la que hacía referencia a las acusaciones de ser empleada de AMLO: “llaman entreguismo o subordinación” al “simple compromiso con el pueblo”, respondió.

Se dio tiempo también para defender su intervención en el accionar del Instituto Nacional Electoral aduciendo que no se quiere que vuelvan los tiempos de las elecciones controladas por el gobierno o por un partido, no queremos que se repitan los fraudes electorales que han marcado buena parte de nuestra historia”.

Y como colofón a esta triste comparecencia o, mejor dicho, lectura de discurso, retó a los senadores de oposición a que la denuncien por su mala gestión. “Si hay delitos o infracciones que denunciar sobre mi actuación o la de alguno de mis colaboradores, espero que interpongan las acciones ante las autoridades que corresponden”.

 Lo que queda claro es que este simulacro de rendición de cuentas, no son los senadores los que quedaron mal, sino que se cierra una buena oportunidad para que los mexicanos conozcan cuál habría sido el camino que siguió la CNDH a cada una de las denuncias interpuestas.

Es triste que el sistema político no contemple reglas precisas para aclarar paradas. Si bien el pueblo mexicano sabe de qué pie cojea, pues son los directamente afectados a la violación a sus derechos, lo recomendable es que la señora no se comportara como una piedra que decora un escenario cualquiera, sino como una verdadera funcionaria que actúa con transparencia y responsabilidad en la Cuarta Transformación.

Por algo en esta presentación unilateral no participó la senadora morenista Olga Sánchez Cordero, quien la ha criticado por su defensa en favor de los deudores alimentarios.

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