Los muertos del Metro de la Ciudad de México no descarrilarán aspiraciones
En política no hay amigos, ni en el mismo partido se cuecen acciones de hermandad. Al contrario, sólo están a la espera de cualquier yerro para contraatacar. A la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, por ejemplo, se le vino el mundo encima y, sobre todo, adquirió un punto negativo a su ansiada y buscada candidatura a la presidencia de la República por parte del partido Morena, luego del accidente en la Línea 3 del Metro, donde una joven universitaria murió y varias personas más resultaron heridos.
Sin ser adivinos ni profetas, en las primeras entregas de este año, se dijo que el arranque por el hueso máximo estaría tan peleado que veríamos escándalos y las fallas de los “corcholatas” sería el arma principal para el adversario.
El craso error de la “corcholata consentida”, sin duda, es desatender su función como jefa de Gobierno y andar de gira artística por el país promocionando su candidatura. El sábado pasado, mientras se registraba el lamentable percance, ella se encontraba en el estado de Morelia.
Su “mala suerte” se la atribuyen sus adversarios políticos como corrupción, negligencia e ineptitud en el caso específico del servicio de transporte Metro. Y en parte tienen mucha razón pues no son tiempos de campaña para andar del tingo al tango.
Entendemos que un accidente puede presentarse en cualquier hora y día de la semana, por ello ella debe estar cien por ciento pendiente de lo que pasa en su ciudad. Independientemente que la tragedia se desarrolle por falla humana u otra circunstancia.
Las demás corcholatas seguramente se frotaron las manos por el suceso que sin duda le restan puntos a Claudia Sheinbaum. Por lo menos, el secretario de Gobierno, Adán Augusto López ya dijo que las encuestas lo reposicionaron y va aumentando poco a poco en la preferencia electoral. Cierto o no, durante dos días no se escuchó a la jefa de Gobierno pronunciarse por este hecho.
Insistimos, el percance puede darse en cualquier momento, lo malo es que a ella la agarraron infraganti, en su labor de proselitismo disfrazado, aunque la dirigencia del partido Morena no reconozca estos hechos como actos de campaña.
La falta de mantenimiento al Metro tendrá siempre previsible que se registren más accidentes, pero, sobre todo, es innegable que la autoridad ha pecado de omisión para destinarle recursos a este sistema de transporte que ya ha sido catalogado de los más inseguros, junto con el Bogotá, Colombia y Lima, Perú. En contraste, los de Nueva York, Tokio, y Pekín, son los más confiables.
El problema en si es que a la falta de atención al Metro ha provocado muertes y en esta ocasión a los responsables de dirigir los destinos de la Ciudad de México no se les toca ni con “el pétalo de una rosa”. Así ha pasado en los dos accidentes anteriores ferroviarios. Nadie ha dicho esta culpa es mía, pues ni que estuvieran locos para aceptar responsabilidades que son “producto de la corrupción de otros gobiernos”.
No, no se vale que estas negligentes prácticas se vuelvan una costumbre. Es necesario despertar la conciencia ciudadana para exigir que haya castigo a los responsables. La seguridad de los usuarios no puede estar a expensas de posturas intransigentes.
En casos como estos no basta que los oponentes salgan con una sarta de declaraciones para decir que en el caso del Metro “la corrupción esté cobrando vidas”; llaman “negligencia criminal”, “corrupción que mata”; otros más difundieron en sus redes sociales que “los políticos han amasado fortunas con las transas en su construcción y lucran políticamente con el dinero que le quitan a su mantenimiento”; y otras voces le exigieron a la jefa de Gobierno que renuncie por inmoral, inhumana y corrupta”.
Xóchitl Gálvez, la senadora panista, por ejemplo, dijo que “el gobierno está obligado a garantizar la seguridad de las personas al trasladarse a sus actividades. No hacerlo es un acto criminal.”, expresó.
Este accidente debe abrir los ojos a la autoridad para redireccionar recursos para darle mantenimiento a las líneas del Metro. Es por ello inaceptable que, según los cálculos de los partidos de oposición, la jefa de Gobierno se gaste más de 750 millones de pesos en publicidad para hacer campaña y no haya recursos para mantener al Metro; sus aspiraciones políticas no pueden estar por encima de la seguridad de millones de capitalinos.
Y aunque reciba el apoyo presidencial, que no debería pues primero hay que tener los resultados de las investigaciones para la “solidaridad”, la propia candidata a la presidencia de la república sabe que, en el caso del Metro, ha habido mucha negligencia. Las culpas deben ser compartidas y ojalá no se le cargue la mano contra funcionarios que seguramente hoy piensan que los van a crucificar. Lo que sí estamos seguros es que los muertos que se han registrado en los tres accidentes del metro de la Ciudad de México en la gestión de Claudia Sheinbaum no descarrilará aspiraciones presidenciales.










