Confirmado: Ministra cometió plagio; ¿Debe renunciar o no?
En política todo es posible, hasta defender lo indefendible y este es el caso de la ministra Yasmín Esquivel (hasta ayer pues no se sabía si iba a renunciar) quien el miércoles por la tarde la UNAM determinó que violó la tan mencionada tesis de titulación para obtener la licenciatura en Derecho hace ya más de 35 años.
¿Debe renunciar al cargo en la Suprema Corte de la Nación? Una pregunta cuya respuesta tienen muchas aristas, todas cuestionables. En principio es una cuestión de ética, pues nadie que se diga buen estudiante no tiene porqué acudir a estas prácticas ilegales, bochornosas.
Tiene consecuencias, sí, porque al descubrirse que se tiene una persona en tan importante cargo, donde se dictaminan los hechos más relevantes del país, entra la duda si la servidora pública ha actuado bajo los principios que las leyes la obligan.
La ciudadanía ha señalado en las redes sociales que quien se erige desde un inicio bajo la sospecha de la corrupción, como lo es plagiar una tesis, no tendrá un actuar limpio, transparente y honesto, en lo sucesivo de su quehacer profesional en el ámbito público o privado.
Lamentablemente los actos de la ministra, tras denunciarse públicamente el plagio, fueron una serie de traspiés para no reconocer su error. Aferrarse a decir que ella fue a la quien le plagiaron su escrito de titulación es como querer engañarse a sí misma, y eso se dice porque las pruebas así lo indican. Las tesis registradas, lógico, no coinciden en el año y día por parte de la ministra y Édgar Ulises Báez, la contraparte.
En el resolutivo de la UNAM no debe haber más verdad que la que está en las pruebas y el caso no debe prestarse a hacer escarnio en la politiquería, no. No es posible que a estas alturas de la vida los defensores a ultranza de la ministra quieran adjudicarle una responsabilidad a la Máxima Casa de Estudios por haber llegado a este resolutivo: “Se desprende que la tesis elaborada en 1987 es copia sustancial de la original presentada en 1986 por el exalumno de la Facultad de Derecho”, señaló la escuela en un comunicado.
A nadie engañan las posturas oficialistas, así sean en el rango mayor, para afirmar que se trató de “un asunto de buen nivel politiquero”. Acá no hay simulación ni hipocresía, se trata de un hecho consumado y verificado como plagio. Ni más ni menos, no hay punto intermedio.
El presidente Andrés Manuel López Obrador se pregunta, en defensa de la ministra, que de cuando acá les importa tanto la ética a quienes se han dedicado tanto a robar. Tiene razón en ello, pero si hay pruebas de quienes están del otro lado del gobierno han robado, pues que se presenten las denuncias y se inicien los juicios sumarios, tan simple como ello.
Que a nadie espante que en política hay revanchas, venganzas y hoy, justamente los llamados conservadores están haciendo apología de lo que en el pasado se exigió: transparencia y no más corrupción.
El caso de la ministra les cayó como anillo al dedo para arremeter contra los postulados de la Cuarta Transformación. Situación que no hizo la oposición hoy en el gobierno, en el caso del presidente Enrique Peña Nieto, a quien se le detectó que plagió su tesis en un 28 por ciento de su contenido.
Lamentablemente las fuerzas políticas de ese momento no pudieron hacer nada para que dimitiera. Si resumimos en partes iguales, el de Peña fue un gobierno espurio, deshonesto y sin ética.
Ahora que los conservadores piden la renuncia de la ministra Esquivel, simplemente ésta no se dará porque si la UNAM determinó que la Secretaría de Educación Pública sea quien tenga la decisión de quitarle o revocarle el título y la cédula profesional, ésta no procederá.
Lo que en realidad tiene que hacer la integrante de la SCJN es renunciar y se acabó el problema. Su nombre sólo pasará a la historia como un hecho denigrante para la Corte y para quienes la defienden, pero a cambio de ello, el silencio será el que predomine y pueda tener noches en las que concilie el sueño.
Como bien se dice que plagio es corrupción y es deshonestidad, pues que se asuman las consecuencias y renuncie. Así lo hicieron casos sonados como el ministerio de Defensa Alemán, Karl Theodor Zu Guttenberg, en el gobierno de Ángela Merkel, en marzo del 2011. O el caso de Annette Schavan, quien también en la gestión de Merkel, dimitió como ministra de Educación y Ciencia en febrero del 2013 cuando se descubrió plagio en su tesis doctoral. O el tema de la figura religiosa, Gran Rabino de Francia, Gilles Uriel Bernheim, quien dimitió luego de reconocer que cometió plagio en su libro «40 meditaciones judías».
Es cierto, esto no es para quitarse la vida, simplemente que la propia ministra debió haber renunciado desde un principio para no pasar días y noches de pesadumbre. Sin embargo, pese a ello, habría que esperar, porque si de una cosa nos hemos dado cuenta es que hay personajes testarudos que creen que con la “bendición del señor” tienen paso libre a la impunidad.











Un comentario
Muy Mal Ministra