Copainalá, gobernado por arrogante alcalde

Si algo les pide la población a sus gobernantes es respeto y transparencia en su quehacer diario. Quien se alquila para cumplir una función, lo mínimo que debe hacer es responder con creces a la confianza prestada. En Copainalá parece que estos conceptos básicos que debe ofrecer un ser humano, llámese funcionario público o representante popular, le valen un comino al alcalde Javier Vázquez Castillejos.

Efectivamente, estamos hablando del mismo que parece que opera con las patas contra sus gobernados, pero con eficiencia y holgura a su favor. Lo decimos por las nuevas “travesuras” que ha cometido en detrimento de familias que dependen de los trabajadores del departamento de Limpia, quienes se quedaron el pago de sus prestaciones de ley a los que tienen derecho. 

Del alcalde de Copainalá no hace falta ir a la hemeroteca para conocer lo tramposo que ha sido para alcanzar el poder, un militante del Partido Revolucionario Institucional que con sus acciones está acabando de sepultar la poca credibilidad que de por sí tiene este instituto en los recientes años.

En las dos últimas participaciones que tuvo para intentar ganar la presidencia municipal, una en 2108, que perdió, y la reciente en 2021, que desgraciadamente ganó, pidió prestados recursos para poder hacer campaña.

Sobre él pesan denuncias por estas acciones fraudulentas ya que nunca pagó las fuertes cantidades de deuda que contrajo, y qué creen, a estas alturas le sigue valiendo un cacahuate, pues no piensa liquidar y contrario a ello, “trabaja” inmensamente para acrecentar su fortuna que ha labrado con “el sudor de su frente” en este año y medio que lleva al frente de la administración pública local.

Vázquez Castillejos no da la cara para responder a las denuncias que en su contra se ventilan por incumplir con la base trabajadora. Muchas familias lloraron su desgracia y reconocieron que fue una amarga Navidad y un recibimiento del 2023 con mucha melancolía y tristeza, pues sus hijos no tuvieron oportunidad de disfrutar de las festividades por la falta de dinero.

La Secretaría del Trabajo debe intervenir para poner en cintura al edil para que cumpla con la responsabilidad que le obliga la ley pues no hace falta que haga convenio con los trabajadores para pagarle el aguinaldo en determinada fecha, ya que la prestación debió dárselas en efectivo o en pago de nómina el 20 de diciembre como fecha límite.

Qué confianza se le puede tener a este sujeto de marras en la conducción de los destinos de un municipio si actúa con desventaja contra los que menos tienen. La dirigencia del Revolucionario institucional debe intervenir para llamarle la atención, como mínimo, al alcalde que hace como que la “virgen le habla” ante el reclamo de los trabajadores municipales.

Es momento propicio para que el propio dirigente partidista y diputado local, Rubén Zuarth Esquinca, desde el Congreso del Estado, haga un exhorto a su propia gente para cumplir con su responsabilidad.

No es posible que al presidente municipal se le vea en la capital chiapaneca gastando miles de pesos en restaurantes, dándose la gran vida, como si en su municipio las cosas marcharan “miel sobre hojuelas”.

Los tiempos de bonanza han acabado. Hoy los alcaldes deben entender que se deben a su pueblo, que tienen que responder con hechos las promesas que ofrecieron siendo candidatos. La honestidad tiene que ir aparejada con trabajo eficiente.

El que lo acusen de “hipócrita al prometer y dejar desamparados a los trabajadores, mientras dilapida los recursos públicos” es algo que debe mover la conciencia a este hombre que piensa que llegar a ser alcalde es para salir forrado de billetes.

Las denuncias de su mal gobierno no caen a cuenta gotas, al contrario, son tan seguidas que ya sería mejor que se busque su desafuero por el daño que le hace a Copainalá, al partido que lo postuló y a la confianza de quienes depositaron su confianza en él.

El caso reciente de un bloqueo a una obra que dejó inconclusa es parte del hartazgo que la ciudadanía tiene contra parásitos, como los llama Lily Téllez, la panista, a los que están en el gobierno y que no cumplen con su función de llevar prosperidad y halagüeño futuro para los pobladores de un municipio, rico en tradiciones, como lo es Copainalá.

Por todo esto, la arrogancia y lo insulso que se muestra Javier Vázquez, tiene que ser motivo de amonestación. El Congreso debe despertar y no estar dormido, sino vigilando qué hacen o dejan de hacer los presidentes y presidentas municipales de este estado que sufre la calamidad de pésimos representantes populares.

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