Estado de México, elección básica rumbo al 2024

La del Estado de México será, principalmente, la elección que sacará chispas por ser el último bastión -aparte de Coahuila-, que intentará mantener en el poder el Partido Revolucionario Institucional.

Con el avasallamiento de Morena en poco más de una década a través del liderazgo que ha tenido el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, fundador de dicho partido, el PRI ha sido prácticamente borrado del mapa electoral y político en el país.

De pintar de rojo casi todos los estados del país, ahora el partido guinda tiene 22 entidades en su poder, y las 10 restantes por los partidos opositores como Acción Nacional, Movimiento Ciudadano y el tricolor.

Decimos que la del Estado de México será especial porque es la entidad que casi por un siglo ha sido bastión oficial del partido Revolucionario institucional, aunque en el proceso democrático del país ya haya sido gobernado por el PAN (12 años) y Morena (6 años).

El paso arrasador que ha tenido Morena desde el 9 de julio 2014 en que el entonces Instituto Federal Electoral aprobó por unanimidad el registro como partido político nacional, un propósito y proceso que duro tres años antes, no tiene precedente en la historia mexicana.

Por eso la clase política mexicana y la ciudadanía, principalmente del estado mexiquense, está a la expectativa sobre qué pasará en esta entidad clave por el número de votantes, por la proyección que tiene a nivel nacional, junto con la Ciudad de México, la cual estará en disputa en el 2024. Son dos sinodales definitivos para el resurgimiento o el entierro del PRI.

Ante esta circunstancia, el otrora partido en el poder no podía seguir estando en el “ojo del huracán” dando de qué hablar por la supuesta división que existe entre sus principales figuras políticas.

Las diferencias entre Alejandro Moreno Cárdenas, líder del PRI nacional, y Miguel Ángel Osorio Chong, coordinador de la bancada del tricolor en el Senado de la República, le estaban ocasionando un daño irreversible a la imagen de por sí deteriorada del partido, y ante la cercanía de las elecciones en Coahuila y el Estado de México, el 4 de junio, las dos fuerzas complementarias de la alianza Va por México (PAN y PRD), le exigieron al líder priista a resolver dicho conflicto interno.

Ahora bien, la del Estado de México es el llamado “regreso al infierno electoral”, por ser una elección especial en el sentido de que, si el PRI logra sostener el poder en dicha entidad, estaría perpetuándose 100 años en el poder. Se dice fácil, pero será una lucha encarnizada porque Morena está operando a todo lo que da para ganar los adeptos enraizados

Lo que Morena tiene enfrente es el fantasma del grupo Atlacomulco donde han dominado el poder la familia Del Mazo (tres generaciones han sido gobernadores), Arturo Montiel Rojas y Enrique Peña Nieto, este último, el único que logró ser presidente de México.

Este grupo es una dinastía que intentará sobrevivir, pese a los señalamientos de corrupción, que tanto ha criticado el presidente de México, pero que en su candidata Delfina Gómez, hoy padece del mismo dolor, luego de que la Auditoría Superior de la Federación la acuso de desviar más de 830 millones de pesos como titular de la Secretaría de Educación Pública.

Habrá mucha tela de donde cortar porque si somos sinceros, en la historia mexicana se ha documentado los excesos del PRI, lo que a la postre lo ha llevado al abismo, pero quienes integran a Morena son en su mayoría personas con pasado priista, y en menos de una década en el gobierno han demostrado que no hay mucha diferencia de cómo manejar el poder.

Será una lucha de “hermanos gemelos” con diferente camiseta que persigue un mismo fin. Morena su discurso será el acostumbrado: acabar con la corrupción, y el PRI, defender la constitución de instituciones que han consolidado el desarrollo del país.

De acá a junio, habrá denuncias y videos que demuestren el acarreo, la entrega de despensas y de apoyos asistenciales. Que no espante a nadie este tipo de acciones porque nada ha cambiado en el PRI y Morena, pues ambos quieren el poder a costa de lo que sea, para enfilarse a lo que sería la madre de todas las batallas: el 2024.

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