Los embates contra la naturaleza por nuestra culpa
Lo que no ha podido contener el hombre ni las autoridades gubernamentales en México hoy lo quieren resolver a punta de bombazos “al cielo” los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, a petición de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.
La principal sede urbana del país y el estado de Nuevo León, son las dos entidades que hoy reclaman a gritos gotas de agua para alimentar sus necesidades básicas de servicio y consumo personal.
Hoy en día, esta “desesperación” preocupa y ocupa a las autoridades, tras la fallida política ambiental que han hecho este y todos los gobiernos en la historia de la vida de un México que veía a gritos como la inconciencia social estaba dando certeros golpes a la naturaleza, con una sonora contaminación de los mantos acuíferos y del nulo control que se tiene sobre las grandes empresas industriales, cuyos residuos son factor fundamental para que la tierra se vaya degradando a pasos agigantados.
Hace poco más de dos décadas, la misma práctica, el bombardeo de nubes, se realizó en Chiapas debido a que no llovía y a pesar de que era y sigue siendo, dicho esto con todas las reservas, un estado rico hidrológicamente, tuvo un resultado negativo. Afortunadamente en aquella ocasión, a los pocos días de que la esperanza se desvanecía, llegó la lluvia.
No es que seamos negativos, pero los responsables de esta catástrofe que se empieza a vivir en carne propia la tenemos todos los mexicanos, pero principalmente, las autoridades ante la falta de una política rigorista que sancione las malas prácticas como el tirar basura en la calle, no controlar los desechos o residuos en los talleres mecánicos, desde el mal humilde hasta las grandes empresas.
La nueva era de la tecnología también trae aparejado una crisis ambiental por la elaboración de estos productos y porque al dejar de ser funcionales, se tiran a cielo abierto, generándose un foco de contaminación grave.
Si bien México, de Veracruz hacia el norte del país es una nación que goza de la presencia de grandes manufactureras o industrias, el control que se tiene de ellas es ineficaz, inoperante y, por tanto, los resultados ahí están, en una constante degradación ambiental que hoy está cobrando factura.
Los expertos advierten que se está en la última oportunidad de salvar al mundo de una calamidad y, por lo menos en nuestro país, las autoridades deben emprender campañas que hagan entender al ciudadano que la destrucción total no estará con estas generaciones, sino con las venideras, en un futuro inmediato.
En Chiapas, a pesar de no tener contaminación ambiental por la operatividad de industrias, los estragos se ven ante la falta, por ejemplo, de plantas de tratamiento de aguas residuales. De los 125 municipios apenas una docena operan en las grandes ciudades, las demás, bien gracias.
O que nos dicen de la abrumadora tala y desmonte que se hace en la Selva Lacandona. Hace cuatro décadas este ya raquítico pulmón de Chiapas empezaba a presentar serios problemas deforestación. Y no sólo en esta zona, sino en regiones donde la población realiza asentamientos humanos, todo con la complacencia de la autoridad ambiental y a la falta de mano firme para intentar controlar este cáncer que nos aniquila paulatinamente.
O también ahí está la zona de Los Chimalapas, en la parte territorial chiapaneca, que, por cierto, más de 160 mil hectáreas se perdieron por la inoperancia política del exgobernador Juan Sabines Guerrero, cuando quiso por todos los medios, establecer el municipio de Belisario Domínguez. En esta región la deforestación para traficar madera es una actividad cotidiana, casi normal para una autoridad que hace como que no ve.
Por ello, la crisis de desabasto de agua en algunas entidades del país será caótica en los próximos años y casi una puñalada mortal si no se actúa a tiempo para redireccionar la política ambiental y hacerle ver al ciudadano que las prácticas primarias que realiza contra la naturaleza le cobrarán la factura a sus hijos y los hijos de éstos.
Qué bueno que se intente el bombardeo de nubes en la zona del sistema Cutzamala para captar lluvias, como se hizo en abril del año pasado en Nuevo León por las mismas circunstancias. Otra alternativa fue la que se hizo en Chihuahua para enfrentar la sequía.
Los expertos aseguran que el éxito es reducido, pero no deja de ser viable. Lo que sea, está bien, pero qué mejor sería que los políticos dejaran de lado sus confrontaciones cotidianas por ambiciones de poder y en lugar de ello unieran fuerzas para revertir los estragos que se le ocasionan al medio ambiente. Eso sería más redituable que andar buscando quedar inscritos en los libros de historia.










