Piden a titular de la ASE que cante, pero “lo que se ha robado”

A estas alturas del recorrido de la llamada Cuarta Transformación, el auditor Superior del Estado, José Uriel Estrada Martínez, se ha empeñado en demostrar a la ciudadanía que su función como funcionario y defensor de las causas sociales, en el sentido de que vigile el actuar de los presidentes y presidentas municipales de Chiapas para que no se roben el dinero del pueblo, es un acto de simulación que se salió de control.

Con su anuncia y actos que ejemplifican su desfachatez y complicidad, el auditor no sólo no tiene ni una pizca de humildad, transparencia y honradez en su forma de conducirse con los alcaldes, sino que demuestra que está muy bien cobijado por la LXVIII Legislatura local que hasta pareciera que le aplaude todas sus fechorías.

En los hechos, no hay lógica que en cuatro años de estar al Frente de la Auditoría Superior del Estado (ASE) apenas haya reconvenido a cuatro alcaldes por pasarse de mano larga. Esto lo dio a conocer recientemente en un comunicado de prensa que emitió a algunos selectos y allegados medios de comunicación.

Y justamente decimos que no hay concordancia en lo que dice con lo que existe en la práctica, pues en esta casa editorial hemos documentado que al menos la mitad de las 124 alcaldías tienen observaciones, por no decir actos de corrupción por fuertes y exageradas cantidades de dinero.

En este espacio, con pelos y señales, se ha exhibido cómo la ASE, a través de su propio portal, ha documentado que los auditores han encontrado que mucho del dinero que manejan en las comarcas municipales se desvía para otras funciones y que no se comprueba. Y no hablamos de miles de pesos sino de millones y eso lo sabe muy bien Estrada Martínez.

Además, lo documentado se han encargado de confirmarlo ex empleados que hoy en día están sin trabajo, despedidos por no prestarse a los juegos de corrupción a los que somete el auditor. Tan “empoderado”, para desgracia de mucha gente, se encuentra el funcionario, que ni las visitas del presidente de México a la capital, han servido para que se acelere la atención a los casos de mujeres que están esperando que sean reincorporadas a su centro de trabajo, tras ser echadas a la calle bajo pretextos infantiles, cuando en realidad éstas no se prestaron a cometer actos irregulares.

La semana pasada, durante la clausura de la Feria de Simojovel, el auditor tuvo la osadía de clausurar la festividad del pueblo. Lo hizo, según él, en representación del gobernador Rutilio Escandón Cadenas, pero se le olvida que su puesto ni sus funciones ni la jerarquía en el directorio de funcionarios públicos depende del Ejecutivo estatal, sino de la LXVIII Legislatura local

Es decir, a quien “rinde” cuentas es al Congreso del Estado no al gobernador, por ello miente cuando dice que es enviado oficial del Ejecutivo.

Esta es una mala señal por asumir funciones que no le corresponden. La propia Mesa Directiva o la Junta de Coordinación Política deben, para credibilidad de quienes integran el órgano legislativo, asumir una postura al respecto y llamar la atención, como mínimo, al funcionario que camina e intenta hablar como un ser humano de otra clase social.

Se le olvidó muy pronto su origen, de dónde salió, pero ahora presume todo de marca, lo que no sabe es que los señalamientos que la ciudadanía le hace con el dedo le quedarán marcados para toda su vida.

Muestra de ello fue la rechifla que sus propios paisanos le propinaron en cuanto utilizó el micrófono para agradecer el detalle a su compadre, el alcalde Gilberto Martínez Andrade, que lo invitó a clausurar la feria. Fue un momento muy incómodo, porque la gente no olvida que ha sido la ASE la que ha documentado millonarios desfalcos en las cuentas públicas del ayuntamiento de Simojovel, peso esos detalles se le resbalan al funcionario de la Cuarta Transformación.

Cuando Estrada Martínez atravesó el estrado para tomar el micrófono, dio las buenas noches y enseguida la gritería de que se bajara se escuchó en las bocinas y como el eco, más al fondo, una persona de entre los asistentes alcanzó a decir:

–          “Que cante”, a lo que el auditor de inmediato replicó, que no sabe cantar.

–          No, que cantes, pero lo que te has robado, se escuchó de nueva cuenta y las carcajadas de los simojovelenses no se hicieron esperar. Y eso que el sexenio aún no termina.

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