Migración, un cuento de nunca acabar
Cuando los problemas que agobian a México se acentúan de una manera tal que es muy difícil salir de estos, los funcionarios les da por librar su responsabilidad haciendo declaraciones que sólo sirven para quedar enmarcadas en la historia, más no hay la capacidad para, por lo menos, reconocer que la política pública no funciona.
Esto pasa con el fenómeno de la migración. En esta casa editorial ya se ha remarcado la profundad desigualdad en las oportunidades de desarrollo que tienen los países centroamericanos para poder brindarles a sus gobernados, empleos, tema por el que regularmente salen de su zona de origen, o en el peor de los casos, por la violencia que viven sus naciones o por las políticas discriminatorias o de sometimiento como es el caso de Venezuela o Nicaragua, sólo por citar dos que forman parte de este corredor territorial.
En su peregrinar, las familias o personas solas que inician su viacrucis para llegar a los Estados Unidos, sufren una serie de calamidades que en ocasiones son protagonizadas por las mismas autoridades. El caso de México es muy especial, pues desde que ingresan al territorio, se tienen que cuidar de los grupos del crimen organizado que anda en busca de “talentos” para formar parte de sus organizaciones.
Un problema grave, pero que al parecer ya se le encontró la solución que todo mundo esperaba. Resulta que Ángel David Fonseca Corral, director de Enlace, Seguimiento y Vinculación de la Coordinación para la Atención Integral de la Migración Frontera Sur asegura que el fenómeno de la migración en nuestro país se debe principalmente a la falta de desarrollo económico tanto en el sur de México como en Centroamérica.
Qué profundidad de análisis del funcionario para decir que la gente emigra por la falta de desarrollo de los países centroamericanos, y porque existe una mayor demanda de mano de obra norteamericana con sus respectivas diferencias salariales”.
La lógica no tiene argumentos que digan lo contrario. Lo que Fonseca no dice es que no hay la capacidad ni el dinero para resolver los problemas de fondo. Estados Unidos siempre tendrá disposición a una cartera de empleos, eso es innegable, pero la entrada a su país tiene que estar regularizada.
Si, aun así, con medidas rigoristas la gente se las ingenia para pasar la zona fronteriza del norte, no se imaginan el descontrol interno que padece el país vecino. Por ello algunos gobernadores de USA han puesto el grito en el cielo y aplicado normas extremistas pues tampoco pueden llegar como si un pastor estuviera metiendo sus ovejas al corral.
La solución no es atender a los migrantes en las aduanas o estaciones migratorias, tampoco dejarlos pasar y varios cientos de kilómetros dentro del territorio detenerlos para regresarlos. El origen es justamente lo que viven los gobiernos centroamericanos, de Cuba, de Venezuela. Sus gobernantes han sido rebasados debido a la corrupción que impera. Llegan al poder para aprovecharse de este no para atacar las causas.
Esta última frase ha sido, por cierto, la más escuchada en los últimos cinco años en México, y a un paso de irse, no hay resultados porque lo que se prometió en el combate a la inseguridad y violencia, continúa ahí, intacta.
Entendemos que, en el nivel de funcionamiento para la frontera sur, sólo hay que atender a los migrantes, brindarles las condiciones necesarias para hacer de su estancia de paso, algo agradable no trágico.
Lamentablemente esto se hace mal, se les miente, se les estafa, se abusa de la situación de hombres y mujeres. No se tiene la capacidad para ello, eso es explicable, pero aun así que se intente dar cátedra del porqué emigran, eso ya se sabe.
Lo que se requiere son remedios, respuestas eficaces, pero no las darán ni México ni los Estados Unidos, sino sus propios gobiernos de donde salieron, y esto pasará justo cuando se entienda que ascender a los puestos de poder es para dar atención social, desarrollo económico, estabilidad, paz, no para fregar al prójimo, a su misma gente. Para ello, pasará, como dice la canción, más de mil años y muchos años. En suma, es un cuento de nunca acabar.










