En Pijijiapan, proyectos de ego, a la basura

El flamante alcalde del municipio de Pijijiapan, Carlos Albores Lima, no lo “calienta ni el sol”. Desde el jueves por la mañana estaba que echaba que chispas, tras enterarse que a menos de un mes de que presumiera y fuera nota nacional e internacional de que en dicha localidad se había elaborado el quesillo más grande del mundo, otra entidad del estado mexicano le quitó dicho privilegio.

El alcalde hizo y deshizo para proyectar a Pijijiapan como el municipio donde su quesillo es el mejor para las botanas o las quesadillas, y de ello, creemos, nadie lo duda, pero que haya agarrado recursos a diestra y siniestra de las arcas municipales sólo por un interés personal, eso no tiene razón de ser.

Resulta que, durante el mes de agosto, el munícipe se encargó de promocionar por toda la entidad su proyecto de que productores del municipio elaboraran el quesillo más grande del mundo, y con ello entrar al Récord Guinness, hecho que logró a finales del mes citado.

El jueves, el alcalde se llevó la sorpresa de su vida, luego de que, en el municipio de Acatlán, Hidalgo, durante las festividades del pueblo, se rompió la marca que había logrado Pijijiapan de 558 kilogramos de quesillo al elaborar este producto con un peso de 775 kilos.

En realidad, el problema no es el reto histórico, sino la forma y el fondo de los acontecimientos que rodearon la faramalla del alcalde con tal de hacerse publicidad “gratis”, pensando en el proceso electoral que está por encaminarse rumbo al 2024 y donde él piensa postularse como legislador local o federal.

Otra opción es que busque la reelección como presidente municipal, una alternativa que no era mal vista por el simple hecho de que había conseguido, según él, el galardón (del Récord Guinness) sin el derroche de recursos públicos.

Un acontecimiento no esperado, decíamos, porque el alcalde ha sido descubierto que se gastó más de 2 millones de pesos en la promoción de su campaña disfrazada. Ahora es evidente que lo que en realidad el edil no buscaba era posesionar al municipio en los ojos de todo México como productor de queso y leche, sino que era una forma de utilizar de los fondos presupuestales del Ayuntamiento para que no se la hicieran de problema.

Las entrevistas de radio, televisión y sus promocionales en redes sociales fueron el gancho perfecto para darle un estirón a su ya deteriorada figura pública.

Lo que no dijo el flamante alcalde es que pagó por la Certificación a los de Récord Guinness la nada despreciable cantidad de 30 mil dólares, más gastos de viáticos para que acudieran a su municipio para atestiguar el quesillo más grande de México.

A raíz de ello, desde el mismo jueves, al conocerse la noticia en las diferentes plataformas digitales, el edil ha sido objeto de burlas y escarnio hacia su persona por el “oso” protagonizado. Le critican que haya sido una cantidad exorbitante la que dilapidó. La ciudadanía, políticos locales, empresarios y demás sectores, calificaron de bochornoso el que haya gastado un recurso del erario público que no significó un beneficio social.

Lo que da risa a los habitantes de este noble pueblo, es que Albores Lima ya había establecido una estrategia que le redituaría votos a favor. En esta contempló un proyecto, con el consentimiento de los integrantes del Cabildo, para la construcción de un bulevar de casi un kilómetro con el nombre del “Quesillo más grande de México”, mismo que intentaría ejecutar para principios del año venidero.

Lo que los pijijiapanecos no saben es que el derroche del dinero para pagar artistas, comidas, publicidad y muchos otros gastos corrientes, proveniente de un recurso federal, era el que estaba destinado a la Casa del Migrante.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *