Migración y sus negocios

El silencio sigue reinando en el Instituto Nacional de Migración ante las denuncias por corrupción que se han ventilado en la Estación Migratoria Siglo XXI con sede en Tapachula y los puestos aduaneros ubicados en la zona.

Esta misma impunidad está asentada en dicha institución, por las acusaciones que versan contra el comisionado Francisco Garduño, por quien pesan denuncias penales de negligencia en la muerte de varias docenas de hombres extranjeros por asfixia y quemados en Ciudad Juárez, Chihuahua.

La descomposición social que arrastra esta dependencia no es de ahora, pero las denuncias en los últimos dos años, con el crecimiento exponencial de la llegada de migrantes, han demostrado que ni la visita de Garduño a la frontera sur hace una semana, sirvió para poner orden. Al contrario, salieron a la luz pública quejas de corrupción donde se citó el nombre de Héctor Martínez Castuera, coordinador de oficinas de Migración, como uno de los sindicados.

Activistas hicieron una delicada denuncia, donde señalan con el dedo a Martínez Castuera de tener reuniones con presuntos traficantes de humanos y personajes que buscan limpiar la imagen del funcionario

Le sindican que tienen pruebas de que se reunió con personajes de dudosa trayectoria. Sin embargo, como se dice popularmente, para denunciar hay que tener las pruebas fehacientes, pues no basta que la persona con la que sostuvo la reunión porte un reloj muy costoso o se diga integrante de alguna organización criminal. Ahora que si dicen que el encuentro fue para recibir sobornos enviados de “coyotes” y funcionarios que están metidos en el tráfico de humanos, eso sí que es una delicada denuncia que la tiene que probar quien señala con el dedo.

Ahora que algo importante hay que tomar en cuenta: Si Martínez Castuera fue visto acompañando al comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, en su visita a Tapachula, entonces no creemos que las querellas prosperen, pues, así como se encubre al funcionario federal, así éste debe tapar a su subordinado

Lo que sí es grave, es otra denuncia contra Martínez Castuera por los negocios que está haciendo, se supone que con la anuncia del comisionado, por la renta de los autobuses para el traslado de las personas migrantes a otras entidades como Veracruz o Oaxaca, e incluso a Tuxtla Gutiérrez, con el pretexto de darles los permisos para transitar hacia el norte.

El negocio en realidad es este: Las personas que llegan a la frontera sur abordan los autobuses que les pone Migración en las garitas ubicadas en Ciudad Hidalgo y en dos puntos de inspección: uno en la parada El Manguito, carretera Tuxtla Chico- Tapachula y el otro en el ejido Viva México, en el tramo Tapachula-Huixtla.  En estas zonas se realizan seis viajes por punto, es decir, 18 diarios.

Los trasladan, como dijimos, a Tuxtla Gutiérrez, a Oaxaca y a Veracruz, con el “objetivo” de extenderles sus permisos para transitar por México. Pero ese es el gancho, porque les dan alas, pero en las aduanas del centro del país, les rompen sus permisos, les dicen que no son válidos y los obligan a regresar.

La corrupción se presenta cuando los migrantes se enlistan por grupos de 40 personas, pero en el proceso de traslado, al subir a las unidades, los agentes y mandos medios del INM, suben intercalados a personas que pagan 200 dólares cada uno, y es ahí donde se hace el cuello de botella y las protestas incrementan por quienes tienen semanas esperando ser llevados a dichas entidades donde “resolverán” su situación migratoria.

El otro negocio de Martínez Castuera son las carpas, mobiliarios y los autobuses que maneja en complicidad con otras personas.

Actualmente se habla de que son más de 400 millones de pesos los que Migración ha gastado en renta de autobuses, pero lo grave de este asunto es que sobrevaluan las tarifas de renta por cada unidad y, paradójicamente, el problema sigue en aumento. Hoy hay muchos funcionarios que se han hecho ricos, a costa de la migración, sin que el problema tenga visos para que se solucione en los próximos años.

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