Se fue Encinas, sin resultados; predominó la retórica
Alejandro Encinas, así como llegó se fue: sin resultados concretos en las investigaciones por la matanza de los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero. Hoy es integrante de la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum, quien lo acogió por ser un hombre de izquierda y de grandes cualidades como ser humano.
En el 2018, el tema de la desaparición de los jóvenes y que hoy el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha reconocido que están muertos, según consta en todas las evidencias que tienen, fue tomado como una de las banderas políticas para hacerse de votos y que representó una esperanza de las familias para saber la verdad de lo que les pasó a los estudiantes.
El jueves, de entrada, por salida, dijo adiós a la Subsecretaría de Gobernación en Derechos Humanos. Bastó una invitación de la coordinadora de la Cuarta Transformación para dejar el barco y enfilarse a hacer política.
Su renuncia puede interpretarse de muchas formas, pero como se llevó el proceso, en el que él decía una cosa, el mandatario federal le corregía la plana y prácticamente lo dejaba mal parado. Puede resumirse que fue tiempo perdido su estancia al frente del caso. Cuestiones políticas de fondo, la principal causa de esta “descoordinación”.
Encinas no tuvo otra tarea destacable más que esclarecer el caso de los jóvenes normalistas, supuestamente asesinados y después desaparecidos. Del tema de quién fue o a quienes se les responsabiliza ya se ha dicho hasta el cansancio.
Acá el fondo del asunto es porqué se retira de esta encomienda básica para la actual administración pues el compromiso fue llegar al fondo y revelar dónde estaban los cuerpos de los normalistas.
Han pasado nueve años de este escándalo mundial que manchó el gobierno de Enrique Peña Nieto, pero que en los cinco que van de esta gestión pública, el caso está más entrampado que al inicio.
Cierto que hay detenidos, como el caso del ex procurador General de la República hoy Fiscalía General de la República, Jesús Murillo Karam, del perredista y ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y apenas unos cinco militares, pero dejados en libertad, media centena por falta de pruebas.
El controvertido tema de que personajes de alto rango de la milicia están involucrados, señalados por el propio Encinas, pero desaprobado por el mandatario federal, es un golpe bajo con el que cargará todo lo que le reste de vida y del que la oposición se encargará de tomarlo como tema mediático para sus fines electorales.
Es difícil transitar por este camino cuando en todo momento se le desautorizó sus investigaciones. Encinas se fue con una derrota sobre sus hombros. Apenas hace un par de semanas confirmó que el aspirante de Morena por la Ciudad de México, Omar García Harfuch, estuvo involucrado en el caso, pero el presidente dijo que no era cierto, lo exoneró prácticamente.
Encinas acuso a la milicia y su jefe en lugar de acuerparlo lo exhibe diciendo que no. El tema no ha variado en nada a las conclusiones que hizo el pasado gobierno y que llamó la verdad histórica. La crisis de credibilidad, por lo tanto, no sólo queda en el aire, sino que se convierte en un golpe letal, a pesar de que el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador haya dicho que él mismo ya se encarga de las investigaciones.
No hay que ser muy tontos como para no darse cuenta que el caso está paralizado, entrampado, pues lo que no pudo hacer Encinas en cinco años, lo hará el presidente en lo que le resta de su sexenio, sobre todo, cuando se trata de un compromiso de campaña y de los cien puntos que se trazó para efectos de su administración.
Alejandro ahora está planeando estrategias, pero dado el resultado negativo para las familias de los jóvenes, no creemos que pueda ayudar a impulsar la candidatura de la ex jefa de la Ciudad de México.
En su carta de despedida, Encinas destaca el respeto que le tuvieron las familias de los estudiantes, responsabiliza al gobierno anterior de que no haya resultados concretos, pero a eso se le llama incapacidad porque ha tenido cinco años y se va como llegó: sin resultados. Lo único que llamó la atención fue su retórica, pero hasta ahí. Punto.










