CNDH, opaca e inoperante; renuncia de Consejo Consultivo, lo evidencia
La titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, María del Rosario Piedra Ibarra, ha demostrado a los mexicanos que han sido víctimas de violaciones a sus derechos, que esta es la mejor versión de la CNDH de todos los tiempos como la que hace todo por velar por la ciudadanía, pero en su contra.
El mejor ejemplo de cómo una institución de vital investidura, que debería ser el contrapeso de las arbitrariedades de dependencias oficiales como la Sedena, la Semar, la Guardia Nacional, la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, las policías municipales, las instancias estatales policiacas, y todo órgano que viole los derechos de los trabajadores, tiene una aliada incondicional por su forma de actuar.
No hace falta describir o acudir a la hemeroteca para constatar los nulos resultados de esta funcionaria que se pone de alfombra para lo que diga y mande el gobierno federal. Desde su asunción, envuelta en una revuelta de inconsistencias y diferencias entre los legisladores federales, ha sido la constante de doña Rosario, hija de aquella verdadera luchadora social, del mismo nombre, que hizo todo lo que estuvo a su alcance para defender a los más desprotegidos, a partir de la desaparición de su hijo.
Jesús Piedra Ibarra fue acusado de ser presunto integrante del grupo guerrillero “Liga 23 de Septiembre”, quien en 1974, con solo 19 años, fue detenido de manera ilegal en Monterrey por agentes policiales que posteriormente lo entregaron a instancias castrenses. Después de ahí su incansable lucha como activista, a partir de aquel terrible día, la luchadora inició la búsqueda de su hijo Jesús, por la verdad y la justicia, pero convierte una tarea individual en una lucha colectiva sabedora de las numerosas madres que buscan a sus hijos o hermanos desaparecidos.
Comparada con su señora madre, en nada se parece la actitud que asume la titular de la CNDH, institución que ha quedado acéfala sin los seis integrantes del Consejo Consultivo, quienes renunciaron ante la postura de Rosario de rechazar toda recomendación que consensada y aprobada por este grupo.
“Permitía que externáramos nuestras opiniones, nuestras posturas, pero ninguna la tomada en cuenta, hacía lo que quería; nos amenazaba y utilizaba los recursos de la Comisión para desacreditarnos en los medios”, dijo Tania Espinosa, ahora exintegrante del Consejo Consultivo.
El desdén fue la principal arma del ombudsman, señalan los exconsejeros en una carta de renuncia colectiva que enviaron al Senado de la República, donde detallan que la señora Rosario aducía “que la ley no la obliga a aceptar ninguno de nuestros consejos, aún y cuando algunos de éstos hayan sido formulados por unanimidad en favor de los derechos humanos”.
No acepta mediación ni diálogo y por ese motivo, renuncian al cargo para no legitimar “arbitrariedades, interpretaciones sesgadas y decisiones unilaterales de la presidenta”.
En estos dos últimos reglones, se puede apreciar la clase de representante de derechos humanos que tienen los mexicanos en la materia. Ahora se entiende porque no se ve el trabajo de la CNDH en tragedias que han impactado al país, donde las violaciones a los derechos humanos han sido de todo, menos lo más cercana para ayudar a las víctimas.
Tania dijo en varias entrevistas de radio, que su trabajo era ignorado, calumniado y amenazado, y tiene razón al decir que, si no son funcionarios y sólo integrantes honorarios del Consejo, sin sueldo, no tienen por qué soportar la falta de educación y profesionalismo de una servidora pública que lo primero que debería estar haciendo es ejercer su trabajo por el que fue elegida.
Es una lástima que personas como los ahora ex consejeros, todos profesionales, académicos, activistas, se retiren de una función vital para el respeto de la normatividad, pero también estamos ciertos que si se retiran están en su derecho, pues no pueden estar soportando la histeria con la que se conduce Rosario Piedra. Lo malo es que los mexicanos estarán ahora más desamparados que nunca y la impunidad continuará creciendo a pasos agigantados en este gobierno que no se compara con el pasado, pero que en la práctica ha dejado mucho que desear.
Los consejeros Tania Espinosa Sánchez, Adalberto Méndez López, Bernardo Romero Vázquez, Jorge Alejandro Saavedra López, Ángel Trinidad Zaldívar, y Georgina Diédhiou Bello, dieron un paso al costado y no se les puede señalar por ello.
Lo malo es que ahora, el Senado, encargado de designar a los exconsejeros, tardará meses en ponerse de acuerdo o esperar la instrucción de Palacio Nacional, sobre todo si se toma en cuenta que hay como 200 designaciones pendientes en otros frentes, dijo Tania Espinosa.
En realidad, lo que deberían hacer los senadores es trabajar la renuncia de la titular de la CNDH, pues se ha demostrado en todos estos años que su función como defensora de los derechos humanos ha sido decorativa, y entonces sí, en esta institución sí cabe que su titular dimita o que le pidan la renuncia, para hacer de la CNDH una verdadera institución que vela por la ciudadanía mexicana.
Sin embargo, eso estará en “chino”, pues es de todos conocidos cómo el poder Legislativo está subordinado a lo que dicte Palacio Nacional, y así, en lugar de progresar en la defensa de los derechos humanos, se va como el cangrejo, para atrás.










