¿Dónde está la solidaridad de los políticos en el caso de Guerrero?
Inconcebible que, en medio de la tragedia, de la desolación que vive el estado de Guerrero por la devastación y muerte que generó el huracán “Otis” en categoría 5, la madrugada del martes, la política siga siendo el arma preferida de los personajes de la vida pública.
La magnitud del desastre es de tal envergadura, que ahora es cuando los políticos, los que andan en campaña en todo el país, deberían alzar la mano para apoyar, para solidarizarse con los guerrerenses y apuntarse para mandarles víveres o dinero.
¿Se imaginan el impacto que podría tener si vemos a cualquier hombre o mujer, estos que quieren ser gobernadores de sus estados, viajando a Acapulco, ayudando con sus propias manos, a levantar el desorden que dejó el fenómeno natural?
Lamentablemente eso no sucederá, primero porque se está a dos días de que haya humo blanco desde la sede nacional del partido Morena, y en este caso nadie se puede distraer. Esa es su prioridad.
Por el otro lado, se ha documentado el grave descuido en la que incurrieron los sistemas de Protección Civil del estado de Guerrero y del propio gobierno federal para no prevenir a la población ante la amenaza latente que se avecinaba por la conformación del ciclón categoría 5.
Al cuarto para las doce, ya cuando era imposible tomar las riendas de la prevención, las autoridades “alertaron” de la catástrofe que se avecinaba. Nada se podía hacer para entonces porque la lluvia no permitía a la gente moverse.
¿Hubo negligencia? Quizás, pero no será ahora cuando se hable de ello, la prioridad es resolver cómo levantar la zona de Acapulco y municipios aledaños, donde pareciera que cayeron misiles de guerra.
Llevará meses levantar el tradicional y paradisiaco Acapulco, el mismo que hace 26 años fue atacado por el huracán “Paulina”, categoría 3 y donde hubo muchos muertos. Pero de aquel tiempo a hoy, la tecnología ha avanzado tan vertiginosamente que nos es increíble creer lo que se está viviendo.
Hoy quisiéramos saber de qué están hechos los legisladores y senadores de la República, y de los 32 congresos del país, pues su estatura de miras se queda corta al proponer días de su salario como aportación. No, esa no es la solución ni que del mismo Congreso tome partido con la creación de centros de acopio, no. Para ello está los organismos no gubernamentales, las áreas de Protección Civil, el Ejército, la Marina, la Guardia Nacional.
Lo que ahora deberían hacer los legisladores es proponer y autorizar la creación de un fondo millonario para sacar adelante a esa gente que se quedó sin techo, sin comida, sin bienes materiales. Darles un empujón a los empresarios que deben estar llorando por la dimensión de los daños.
Lo primero es que perdonen los pagos fiscales de acá hasta que se levanten; no al cobro de agua, luz y demás servicios públicos que hace uso la sociedad. La tregua fiscal debe ser de proporciones semejantes donde no se regatee.
Hoy es una gran oportunidad para cambiar las reglas del juego político y que el Instituto Nacional Electoral llame a los partidos a entregar todo su capital económico que tienen destinado para las campañas.
Hoy es tiempo que esos tres fideicomisos que se autorizaron hace menos de una semana para la Sedena por cerca de 100 mil millones de pesos, se redirijan al rescate no sólo de Guerrero, sino de otros frentes que están tocados por los efectos de la inseguridad. Es hoy tiempo de que México despierte y deje de estar haciendo política barata para controlar el poder.
Hoy la población afectada dice y reclama por qué no hubo atención inmediata para hacerle frente a “Otis”. Hoy las 27 personas fallecidas pudieron evitarse si hubiese habido atención a lo prioritario: Darle seguimiento a la trayectoria e intensidad del huracán.
Hoy esta desgracia le ha dado una cachetada con guante blanco a las autoridades competentes para que fijen como prioridad que el apoyo negado para la adquisición de equipos de alta tecnología ayude a vigilar y prevenir casos como esta doliente devastación.
Y algo más, qué decepción que, en medio de la tragedia, la población se haya comportado de una forma irracional al cometer actos de rapiña. En el caso extremo, de acuerdo en que busquen comida o productos de primera necesidad, pero eso a llevarse refrigeradores, lavadoras y otros enseres en plena zona de desolación, eso sí que no se vale, para decirlo decentemente.
Tampoco se vale que la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, salga dos días después a recorrer la zona devastada, pero que cree, ni las botas se ensució. Ha de haber andado en carro para no pisar lodo.










