Expropiaciones de terrenos dificultan conclusión de Tren Maya
Las obras de relumbrón que ha emprendido el gobierno federal, como el Tren Maya, sin duda que será única por la modernidad de sus equipos de transporte que se utilizarán, los cuales ya se han puesto a prueba. Los trabajos van lentos, aunque se diga que en diciembre ya estarán listos los primeros tramos de este ferrocarril que iniciará su trayectoria desde Palenque, Chiapas, hacia los estados del sureste.
La complejidad de una magna obra pasa por diversas etapas difíciles como la aceptación de los propietarios de los terrenos donde se construye el complejo turístico, los posibles impactos al medio ambiente y para el caso del tren, los millones de árboles derribados nos pagarán la factura tarde o temprano.
De hecho, los recientes acontecimientos climatológicos, como el de “Otis”, el ciclón que se transformó de categorías es poco tiempo, algo inusual, según dicen los meteorólogos, son una prueba del cambio climático por el daño que se ha empeñado el hombre en provocar con sus malas prácticas hacia la naturaleza.
En el caso del Tren Maya, mucho dinero invertido en esta obra que ha sido cuestionada por los grupos y partidos adversarios al presidente Andrés Manuel López Obrador. Cierto o no, como suele pasar en cualquier segmento, el tiempo será el único que nos ubique en la realidad. Es decir, sabremos qué tanto fue el impacto al medio ambiente con la destrucción de cenotes, lagunas, ríos subterráneos, fauna, flora y demás recursos que se encuentran en la zona devastada.
En contraparte, la modernización de este medio de transporte se verá sí fue acertado o no, con la presencia del turismo nacional e internacional. En su versión antigua, aún se recuerda como Ferrocarriles de México tenía “corridas” de pasajeros y de carga desde el Puerto de Veracruz hasta la Ciudad de México, pero este servicio fue eliminado porque no redituaba ganancias.
Lo cierto es que las bellezas naturales, pueblos tradicionales, cascadas, puentes como el de Metlac, entre Fortín y Orizaba, que se divisaban desde los vagones eran un deleite a la vista. Ello sin demeritar que el servicio de transporte era el más barato y utilizado por miles de mexicanos que se echaban un recorrido desde el centro del país hasta la zona costera del Golfo de México, en este caso, con estación final en Veracruz.
Si el Tren Maya será opción para que el turismo nacional pueda acaparar su atención, bienvenido, pero hoy, todavía en el ocaso de esta administración, se continúa litigando casos de expropiación de predios por donde debe pasar el ferrocarril.
Cierto que tan solo decir expropiación significa que, se quiera o no, el proyecto debe concluir y por ende, los dueños de los terrenos por donde circulará el tren, tienen que quedar libres. Muchos poblados a lo largo de Chiapas, Tabasco, Yucatán, Campeche y Quintana Roo han accedido a estas circunstancias que rodean la complejidad de una mega obra.
El gobierno federal a través del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) tiene la encomienda de construir en Yucatán y Quintana Roo, obras de infraestructura ferroviaria vinculada al Proyecto del Tren Maya y sus obras complementarias.
Todo bien hasta acá, pero lamentable los pagos o indemnización que se fija no corresponden al valor real de los terrenos y es ahí donde la “cocha torció el rabo”. Es decir, la inconformidad que se presenta mediante amparos y debido al proceso jurídico que lleva su resolución, afectará los tiempos programados.
La Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano (Sedatu) justifica su proceder debido a que es “el mecanismo más eficiente para liberar los terrenos para la construcción del ferrocarril”. Si bien está en lo correcto porque eso dictamina la Constitución, los agravios a las propiedades de los afectados se convierten en crispación social y eso no es lo que pregona este gobierno.
Lo preocupante del tema es que apenas lleva el 35 por ciento del total de procesos de expropiación para construir el Tren Maya, lo que significa que las trabas para concluirlo están a la orden del día, pero, lo peor del caso, es que desinforman al Ejecutivo federal, quien en sus mañaneras afirma que todo está caminando muy bien, y para el caso, se tiene el riesgo de que la obra prolongue sus fechas programadas.










