Oxchuc, un acuerdo perecedero

El optimismo que muestra la secretaria de Gobierno ojalá no decaiga, porque eso de que hay una solución duradera al conflicto en el municipio de Oxchuc sí que está muy difícil de que se sostenga, no por la buena voluntad de la autoridad y la conveniencia o interés de algunos líderes, sino porque los realmente engañados son los indígenas que creen en las palabras que les han metido en la cabeza sus dirigentes.

No se exagera al decir esto, pues mientras en la reunión celebrada en el segundo piso de Palacio de Gobierno se firmaba un acuerdo relevante entre el Concejo Municipal y el Frente Comunitario de Oxchuc, al bajar la orden a los puestos donde se tenían los tres bloqueos permanentes, solo accedieron a liberar el tránsito en Mesbiljá y El Arco, pues los que taponean el paso en la comunidad Tzajalá se rehusaron a cumplir, hasta en tanto no tengan en sus manos los apoyos que se comprometió el gobierno chiapaneco.

El paso a la construcción de la paz duradera que hace alarde la secretaria Cecilia Flores Pérez está muy bien como para contagiar su confianza hacia las partes en pugna, pero bien sabe la encargada de la política interna que, en el fondo, para que sanen las heridas del pasado, tendrá que suceder algo extraordinario.

Recalca la funcionaria que para consolidar la gobernabilidad y la recomposición del tejido social habrán de generarse posteriores acciones. La reconciliación de las comunidades indígenas no está en entregarles los 15 millones de pesos que exigieron en materiales como láminas, tinacos, mayas ciclónicas, machetes y demás utensilios que utilizan en el campo.

Esa no es la solución porque al rato van a estar pidiendo dinero porque no hay para comer. El paternalismo que ha practicado la autoridad gubernamental “para tener contenta” a la gente es contradictorio, pues si bien le arranca una sonrisa un par de días, al tercero ya están bloqueando de nuevo para obtener privilegios.

Esto es un cuento de nunca acabar, es, al final, una rueda de la fortuna que sólo gira en un mismo sentido, con las mismas peticiones, con las mismas denuncias, con las mismas exigencias al gobierno que no le queda otra más que responder para que no haya brotes de violencia.

Lo hemos dicho hasta el cansancio, cuando una tercera persona en su calidad de automovilista se sienta ofendida o violentada por el comportamiento de los manifestantes, la mayoría de las veces, prepotente por parte de los indígenas, y responda de la misma forma y hasta más agresiva, entonces la situación no sólo empeorará, sino que pondrá de cabeza a las instituciones.

El problema no es de ahora y se vive todos los días en muchas zonas del estado. Ahí está el caso de Los Chimalapas, donde sus ejidatarios no tardan en resolver sus diferencias a punta de pistola; el tema de Chenalhó con Aldama, por cuestión de tierras; las rencillas en Tila entre ejidatarios y presuntos simpatizantes del EZLN.

Los problemas sociales y agrarios ancestrales no terminarán con una firma de convenio. Eso todos lo saben y no hay nadie que se diga engañado. Lo que en realidad la autoridad hace es mediar y “medio resolver” el asunto, como el caso de Oxchuc.

El problema del control del poder político es el verdadero conflicto que mantiene en jaque a la población de este municipio, cuya ubicación geográfica es estratégica, porque se centra en la parte intermedia entre San Cristóbal de Las Casas y Ocosingo y los municipios que comunican a la zona norte, hasta Palenque, por ejemplo.

Los diversos grupos sociales y los partidos políticos han entendido a lo largo del tiempo, que el negocio para salir de pobres está en la presidencia municipal, donde los recursos que se manejan los utilizan a su libre albedrio.

Pues hasta ahora no se sabe que alguna vez la Auditoría Superior del Estado haya emitido una querella para sancionar a algún alcalde o concejo municipal de Oxchuc. El tema no es para menos, pues lo que pasa en realidad es que existe mucho respeto, para no decir, miedo, a la reacción que emprenda la comunidad indígena.

Lo cierto es que todos quisieran que el conflicto de fondo se resuelva favorablemente en Oxchuc, aunque los que botean y paran el tráfico, saben que este es un buen negocio, que no creemos vayan a dejar por una firma institucional que más temprano que tarde se dejará sin efecto. Cuánto diéramos porque nos equivoquemos y éste no sea uno más de los acuerdos perecederos que se hacen con la buena voluntad de las instituciones.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *