Marcelo Ebrard se desinfló y… decepcionó
Entre los ciudadanos mexicanos salió a relucir la competencia de frases o refranes para hacer referencia al “oso” que protagonizó el excanciller Marcelo Ebrard Casaubón, quien por todos los medios buscó alcanzar la candidatura de Morena para la presidencia, pero se quedó en la orilla, y por lo que se ve, no sólo terminó solo, sino que hasta a punto estuvo de ahogarse con su propia saliva.
Al ahora excanciller se le criticó por exhibirse muy digno, indispensable y el mejor preparado para ganar y encabezar los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación. Pese a ello, desde un principio sabía que no era el elegido, desde el comienzo de esta dinámica “democrática”, Ebrard debió entender que no había otra salida ante el no rotundo que se escuchó no tenía la bendición del que manda desde palacio nacional.
Se cansó de denunciar irregularidades en el proceso, brincó, pataleó, y al final, ya muy tarde, se percató que sus piezas en el tablero de ajedrez se habían roto, lo que le impidió seguir con su narrativa de que había sido víctima de un “complot”, para llamarlo en términos ya conocidos.
Seguramente lo fue, pero desde siempre supo que no se podía meter con sansón a las patadas y, aun así, se extralimitó. Quiso abusar de que durante su gestión como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores era el bombero, el mil usos del presidente para sacar los problemas que otros funcionarios de primer nivel y que les correspondía atender, no lo hacían porque el mandatario no les tenía confianza. Ebrard pensó que por ello tenía ganada a pulso la candidatura presidencial.
Barajear la posibilidad de que unirse a Movimiento Ciudadano iba ganar la Presidencia, era y es una locura, que solo está en la mente de Dante Delgado o de Samuel García, quienes podrían hacer uso de la experiencia política, uno, y de las redes sociales, otro, para triunfar en 2024, pero eso no basta ni tantito.
Lo cierto es que Ebrard quedó exhibido como un hombre que pensó ganarle la posición a Claudia Sheinbaum, cuando ella desde hace más de tres años ha sido el alfil de Andrés Manuel López Obrador, suficiente tiempo para que caminara por todo el país y a fuerza de calzador se metiera en el sentir de los mexicanos que creen en la Cuarta Transformación.
Claro, y esto hay que remarcarlo, mientras esté al frente de la operatividad un estratega de la manipulación de las masas como es el mandatario federal, así surjan intempestivos que prometan la luna y las estrellas, no habrá quién tenga asegurado el triunfo en este momento, si hoy fueran las elecciones
Marcelo Ebrard no tiene cara para presentarse ante la sociedad mexicana -no ante los políticos de Morena-, por su berrinche, cuando de antemano sabía que regresaría con la cola entre las patas para pedir que le perdonaran sus exabruptos.
En todo este drama político protagonizado por Ebrard y que atrajo a un buen número de legisladores marcelistas que creyeron en él, no se dio cuenta que conforme pasaban los días se iba quedando solo, pues la mayoría de sus allegados parlamentarios prefirieron llevar la fiesta en paz y decidieron acercarse a Claudia Sheinbaum.
Por cierto, en ningún momento, por este laberinto en que se metió el ex canciller, no se vio que le apoyaran sus “incondicionales amigos”, funcionarios de la Cuarta Trasformación, como se mostraron públicamente durante el proceso de convencimiento de las estructuras morenistas. Nos referimos a Juan Sabines Guerrero, ex gobernador de Chiapas, que presumía sus fotografías en los eventos públicos políticos que encabezó Ebrard Casaubón.
O dónde estará en este momento el delegado en Chiapas de la Secretaría de Relaciones Exteriores, José del Valle, quien ofrecía parte del personal humano de la dependencia para registrar los momentos históricos de los actos públicos de Ebrard, mientras él caminaba a distancia, procurando no ser visto por los reflectores.
Están arrinconados, debajo de sus escritorios, esperando que no les pidan rendir cuentas de sus actos. A los desleales, pero, sobre todo, a los entrometidos, hoy rezan porque no los manden a llamar de la Ciudad de México para pedirles su renuncia, pues no deben seguir confiando en que el ex canciller los salvará de la guillotina, pues si se blindó en Morena es por su futuro político, no por sus “cuates” que sólo buscaban hueso para seguir exprimiendo la nómina presupuestal, porque eso de dar resultados, nomás no se ve por dónde.
Y como colofón al tema Ebrard, eso de que diga que esperará los tiempos para buscar en el 2030 la presidencia de la República, sí que está en chino, pues para ese tiempo ya tendrá 70 años cumplidos, casi 71, y para ese entonces ya estará más desinflado que un balón de futbol.










