No más desperdicio de agua; estamos a tiempo
La sequía, producto del daño colateral que se le ha dado a la naturaleza y las pésimas prácticas del hombre en el uso racional del agua, están cobrando la factura a los que habitamos este planeta. El gobierno mexicano, con su nula política ambiental y la no aplicación de la ley para sancionar a quienes hacen mal uso de los recursos hídricos, hoy está pagando caro estos descuidos.
Aunque pareciera que Chiapas puede darse el lujo de tener suficiente agua y hasta de desperdiciarla, este recurso natural que los expertos han dicho en el futuro inmediato será parte de un problema bélico en el mundo, presenta también escenarios de escasez en algunas zonas altas de Chiapas, en algunos casos, por la sobre explotación que hacen de ésta.
Un caso es San Cristóbal de Las Casas, una ciudad emblemática, colonial y rica por su clima templado a lo largo de año, se está quedando sin mantos acuíferos debido a que las empresas refresqueras son las que tienen las concesiones para extraerla de la parte alta de la ciudad, lo que ocasiona que una gran parte de la cabecera municipal sufra por esta problemática.
En este sentido, las autoridades han sido incapaces para parar este proceso. Los ambientalistas no han logrado avanzar en que la refresquera de cola sea reubicada de San Cristóbal. Las lagunas que antes se formaban en la parte sur hasta hace 20 años hoy prácticamente han desaparecido. La ciudad se ha convertido en una zona desértica.
El jueves nos amanecimos con la información de que Chiapas tiene suficiente agua acumulada en sus cinco presas, ello entre comillas, pues los números para una entidad que por “tradición” llueve mucho, presenta algunas zonas con poca presencia de lluvia, que es de donde se alimentan las presas.
“Peñitas”, en Ángel Albino Corzo, registra un 90 por ciento del nivel de agua; “Chicoasén”, un 82 por ciento de su capacidad, y “El Portillo II” o “Cuxtepeques”, la más chica en cuanto a almacenamiento, está arriba del 102 por ciento. Sin embargo, algo está pasando cuando dos de las consideradas grandes está en un 50 por ciento promedio de su capacidad, como lo son “Malpaso”, con el 51 por ciento y “Angostura” en un nivel de 45 por ciento.
Como entidad solvente no se visualiza una crisis para los próximos años, pero existen pésimas prácticas de desperdicio de agua que más temprano que tarde nos cobrará la factura. En casi todo el estado, la fuga de agua representa más del 50 por ciento debido a que la tubería tiene los años sin ser reemplazada.
El caso de Tuxtla es un ejemplo, donde existe la mayor parte de la tubería que tiene de 30, 40 y hasta 45 años que no ha sido sustituida y solo con remiendos se soluciona el problema, y ello significa una cadenita que está ahogando al sector.
Y no estamos en ningún error ni magnificamos la situación cuando afirmamos que los miles de millones de pesos que se gastan en las campañas políticas disfrazadas, en las precampañas y en las campañas formales, bien podría utilizarse para poner remedio a este problema.
Los políticos y legisladores solo ven su conveniencia, pues nadie, ni los federales ni locales, tienen un poco de preocupación para legislar que en el presupuesto de los estados y de la Federación se asignen recursos para poner en funcionamiento plantas de tratamiento de aguas negras. Chiapas, apenas llega al 10 por ciento máximo en todo su territorio. Esto es catastrófico y el tiempo nos pagará la factura pues la contaminación de los ríos está muy avanzada.
Ciudades como Monterrey, o los estados del norte del país, son otro ejemplo de que la falta de agua tiene maniatadas las manos a los políticos gobernantes que creen que con construir una presa se soluciona el problema. Así se edifiquen 500 presas en todo el país, si no llueve, de nada vale.
El mexicano y al gobernante se les ha olvidado que hay que racionar el uso del agua, que no hay que contaminar los mantos acuíferos, que algo se tiene que hacer para que los desechos de las grandes fábricas lleguen a los ríos y lagos y los contaminen.
La Conagua acaba de poner en alerta lo que está sucediendo con el estado de Querétaro, donde de 11 acuíferos, siete padecen déficit, lo que significa que “la extracción supera a la recarga”. El uso indiscriminado de automóviles en el país es un serio problema que no se regulariza, y que contribuye en gran medida al calentamiento global no sólo por los contaminantes que exportan las unidades al no estar “calibradas”, sino por el uso del aire acondicionado, que acelera estos factores.
Estamos a tiempo de que por lo menos en Chiapas se regularice con mayor rigor el uso que se le da al agua, que la autoridad reinvierta su política para reparar la tubería dañada, que se castigue el mal uso que se le da para lavar carros, para regar las plantas en casa. En estos dos últimos casos, el desperdicio es monumental.
Hoy sabemos que, si la mayoría de las hidroeléctricas presenta problemas en su capacidad de almacenaje, es una alerta que hay que tomar en cuenta, pues como dato revelador, cada vez que en el pasado el estado de Tabasco se inundaba, era porque las presas de Chiapas se tenían que desfogar porque sobrepasaban su límite de almacenamiento. Entonces sí llovía con regularidad. Hoy llueve, pero son muchas de las veces, precipitaciones atípicas, es decir, que el agua se “suelta a chorros”, donde su comportamiento no es regular por culpa de la mano del hombre.
Algo hay que hacer y pronto, una tarea, quizás, para los que se dicen ambientalistas y que andan parando construcciones de obras públicas porque dañan el medio ambiente. Hacen falta iniciativas que regularicen su uso, pero si hablamos de los representantes populares, mejor lo olvidemos -por lo pronto- pues están más ocupados en buscar dónde acomodarse para este próximo sexenio.










