Desencanto partidista de convenencieros y convenencieras
En tiempo de elecciones, los políticos se dicen los muy dignos, pero en la mayoría de las veces, primero gozan de los beneficios que les da el partido, y cuando ya no les es útil, los hacen a un lado, para ir a probar “suerte” en otro, al que, por cierto, antes criticaban como lo peor.
En todo México esta es una práctica común. El sistema político mexicano lo permite, lo protege. En este inicio del proceso electoral se han ventilado infinidad de casos de personajes que mientras ostentaban el poder, arropados por una bandera partidista, no abrían el pico para decir esta boca es mía, y ya al cuarto para las doce, cuando en los hechos se comprueba que está bateando para el lado contrario, entonces es cuando deciden hacer público su “desencanto” por el partido que los hizo crecer y posesionarse.
Se da en hombres y mujeres. Acá no existe distinción y en este caso, hay igualdad de derechos para mandar a volar lo que ya les estorba. La lealtad, entonces, no sirvió, se echa a la basura. Podrán decir muchos argumentos, pero la deslealtad siempre será el termómetro que medirá a las personas, y en este caso, a los políticos y políticas que hacen honor al animal que brinca de un lado a otro, como es el chapulín. En el caso extremo, sin que se preste a ofensa, está el caso de las mujeres, quienes hacen honor a los saltos que da la rana.
Bien se sentencia en la vox populi, donde el sabio conocimiento de los ciudadanos señala que “gallina que come huevo, aunque le quemen el pico” y eso significa en un claro y preciso español, que quien traiciona una vez hará lo mismo una segunda, tercera y muchas veces más.
Por ello la política nos ha quedado a deber. En este México querido sólo podríamos contar con los dedos de las manos a los políticos que no se volvieron chaqueteros, que hayan traicionado su conciencia y, por ende, sus promesas. Son tan pocos que no hay en este momento un registro en la memoria histórica que se hayan ido de esta vida con esa marca institucional de respeto y entereza, así los vientos hayan salidos muy bravos, más, incluso, que los que azotaron a Acapulco, Guerrero.
Algunos priistas y panistas distinguidos se fueron con la frente en alto, haciendo honor a su lealtad, a su honorabilidad, respetando hasta la muerte en lo que creyeron. Fueron hombres enteros que hoy aún siguen siendo referencia en sus postulados. Omitiremos sus nombres para no caer en el craso error de olvidarnos de alguno, pero lo que sí tenemos presente son los actuales, los que después de haber gozado las mieles del poder, ahora actúan como Pedro, quien juró nunca negar la existencia de Jesucristo y lo hizo.
Claro, hacer esta comparación es una falta de respeto a la historia misma y a los principios eclesiásticos, pero lamentablemente se dan estos tiempos, cuando la revolución de las conciencias debería permitirnos actuar con civilidad en la elección de quienes nos gobiernan.
Alejandro Murat, ex gobernador de Oaxaca, es un caso ejemplar. Gobernó su estado natal y ahora acaba de anunciar su salida del PRI; El ex gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, otro más que arrastró la cobija a otro escenario partidista para que no fuera exhibido ni cuestionado por su gobierno que encabezó, dimitió a los colores del partido Revolucionario Institucional. Hoy goza de una embajada que le obsequió el gobierno federal.
Germán Jiménez renuncio al PAN, se fue a Morena y salió de éste para convertirse en senador independiente; o Ricardo Sheffield, quien siendo del PAN se fue a Morena y hoy es candidato a gobernador de Guanajuato por segunda ocasión. Javier Corral, con más de 40 años dentro del PAN, dijo a principios de mes que se iba porque el partido dejó de lado los principios por los que fue creado.
En Chiapas, no se cantan mal las rancheras, los políticos con pasado priista o panista se les hizo fácil renunciar e incorporarse a Morena. Roberto Albores es el caso más reciente, quien dejó al PRI para venderse al PT. Su derrota evidenció su ambición.
Alfredo Araujo, el que siempre ha estado en el servicio público, desde el escritorio denunció los desacuerdos por los resultados electorales y por ello el martes presentó su renuncia. Si en verdad quisiera valorar los 46 años que dice tiene como activo en el partido, entonces su adhesión también forma parte del fracaso.
Los casos recientes de San Cuevas y Adrián Ruvalcaba, jefes delegacionales en la Ciudad de México, son otro claro ejemplo de que saltarán en breve a otro partido. Su decisión ya estaba tomada con anticipación.
En fin, estos y muchos más protagonistas se esperan salten a la palestra como rebeldes sólo porque no son tomados en cuenta para las elecciones de representación popular que se llevará a cabo el mes de junio próximo, pero cuyas decisiones ya las están sopesando en los consejos de los partidos, y en caso de que no haya acuerdos, los problemas se tendrán en los municipios, donde los poderes caciquiles serán otro problema político que hay que atender y del que deberían ocuparse las dirigencias partidistas.










