En busca de la reelección, se olvidan que el pueblo tiene memoria
La mayoría de los políticos en México no tienen tantita vergüenza para dejar de burlarse de la inocencia de miles de mexicanos que, a pesar de que conocen y palpan las desavenencias de sus representantes populares, aun así, les tienden la mano para que repitan en el puesto como alcaldes o diputados locales o federales.
En los hechos, los recordatorios del 10 de mayo contra estas personas no pasan de ahí. Los que tienen una cartera popular hacen hasta lo imposible para consagrarse con quien en ese momento ostenta el poder para que lo acuerpe y tenga su “bendición” para que empiece a “caminar”, comprando conciencias, por un lado, y por otro, tratar de negociar con los líderes de comunidades, colonias o barrios, y sean éstos, quienes le muevan a la gente el día de la elección.
Muchas veces, a pesar de esta dinámica, en los siguientes años, nunca llega la ayuda prometida. El político simplemente se esfuma y los afectados, ante el incumplimiento de las promesas, se lanzan contra los que liderean los ejidos o cualquier cartera comunitaria.
En esta práctica sexenal o cada tres años, cuando a los políticos se les regresa la humildad, la compasión por los más pobres, el jurar por quien usted crea, empiezan a caminar, a pisar lodo, a conectar abrazos, a llevar dos o tres camiones con grava o tierra para parchar una calle que ha sido desatendida por años. Su humildad contagia que, con su labia, logran convencer a las indefensas mentes de ciudadanos que añoran “que ahora sí, está será la vencida”.
El caso patético más reciente fue el cambio ridículo y hasta ofensivo, que intentó disfrazar el junior Roberto Albores Gleason, quien, en una campaña mediática, utilizando un morral y caites o guaraches, quiso pasar como el hombre del momento para atraer el voto de hombres y mujeres que viven en comunidades. Nada más falso que esta postura histriónica de quien sólo se le recuerda en posiciones de primer nivel, obtenidos por el dedazo de su señor padre, no porque en realidad tenga dotes de benefactor o que se haya abierto camino por sí solo.
Esto viene a cuento por el oso gigantesco que hizo el presidente municipal de Salto de Agua, Román Mena de la Cruz, quien muy engreído, se plantó ante los pobladores de la comunidad El Toro, para pedirle su apoyo para una posible reelección o que apoyarán a su alfil para las elecciones que se desarrollarán en junio de 2024.
A los pobladores no les cayó en gracia que se haya ido a burlar de ellos, pues en el 2017, estuvo en dicha localidad para jurar apoyos, entre ellos, la rehabilitación de un camino, a cambio de que le hicieran ganar. Lógico, ganó, pero no cumplió, y este miércoles se la cobraron. Lo detuvieron, le hicieron pagar una multa por burlarse del pueblo, esto de acuerdo a los usos y costumbres, y se encontraba detenido hasta entonces no se comprometiera a realizar la obra antes de que concluya su administración.
Su acompañante, el tesorero Juan Henry Montejo Arcos, sufrió el mismo trato; ambos se encuentran recluidos en la cárcel comunitaria, hasta en tanto el gobierno del estado, que en estos casos es el que sirve de aval para garantizar el convenio que se firme, acuda ante los asambleístas para comprometerse a realizar la obra pública.
No se aplaude lo que hicieron en la comunidad El Toro, pero creemos que este escarmiento debe poner en alerta a los futuros candidatos a alcaldes y alcaldesas que buscarán la presidencia municipal de su pueblo, les midan el agua a los camotes, para que después no digan que nadie les advirtió que ya no debe haber más mentiras.
Los hombres y mujeres deben sostener en los hechos sus compromisos. Al edil de Salto de Agua le irá como en feria si no accede y vaya que tendrá que gastarse sus ahorros “que con tanto esfuerzo”, suponemos, hizo en este trance como alcalde, para que lo dejen en libertad.
Lo que hay que tomar en cuenta es que, en los pueblos, en las comunidades, su población es más unida, y cuando se deciden juntarse para exigir sus derechos, vaya que les cumplen. No pasa lo mismo en las grandes ciudades, como Tuxtla Gutiérrez, donde la gente es indiferente a los desaires que han cometido los alcaldes a lo largo de su historia.
Incluso, como entidad, no somos capaces de castigar las canalladas que han realizado algunos ex gobernadores que se han servido con la cuchara grande, al saquear las finanzas y dejar hipotecadas las finanzas públicas, como fue el caso de Juan Sabines Guerrero, quien, si bien no ha pisado tierras chiapanecas por precaución, si ha maniatado el desarrollo de Chiapas a causa de su ambición y actos de corrupción desmedidos cometidos hace ya dos sexenios.
La detención del edil de Salto de Agua es una advertencia, cuya suerte podrían correr algunos alcaldes y diputados que muy pomposamente han confirmado que van por la reelección, aunque de resultados positivos nadie sabe nada.










