Las malas mañas para alcanzar el poder
En lo dicho, la política la utilizan para su beneficio personal, no están pensando en trabajar por su pueblo, por su gente. La ambición, el aprovecharse de los que están arriba, es el común denominador de hombres y mujeres que se registran hasta en dos carteras por si en una les falla.
Sin ir muy lejos, ahí está el caso de la diputada por el partido Morena, Úrsula Patricia Salazar Mojica, quien se apuntó para competir por la alcaldía de Tampico y por si no le alcanzan los votos, también está registrada para un escaño en el Senado de la República.
La hoy legisladora se agarra de la popularidad de Andrés Manuel López Obrador, de quien es sobrina. Sólo que, en este caso, el agarrón que sostendrá contra su contrincante del mismo partido pone en aprietos al mandatario federal, pues por una parte tendrá que decidir por Úrsula o por Mónica Villarreal Anaya, hermana del Gobernador Américo Villarreal, amigo del presidente de México.
Lógico que en este caso se puede especular que al mandatario lo ponen en medio, pero hay que adelantar que esto es parte de la publicidad mediática, pues de antes ya el presidente sabe quién será la palomeada. Todo al final, como fue el caso más reciente entre el ex jefe de la seguridad de la Ciudad de México, Omar Harfuch y Clara Brugada, por quien finalmente se decidió Morena, aunque todo mundo sabía que era la elegida por el presidente.
La estrategia mediática es la que juegan en el partido en el poder. Lo importante es que se siga hablando de los “modelos abiertos” a la participación democrática que supuestamente práctica Morena. Estar en la boca de todo mundo, así se manejen argumentos que “castiguen” al gobierno en el poder, es la consigna, lo que verdaderamente importa.
Como en Chiapas, allá, en aquella entidad, lo que digan de Úrsula pasará a segundo plano; qué importa que hoy se diga que tiene en su contra acusaciones de solicitar moches a proveedores durante su gestión como directora administrativa del Conalep de Tampico.
En realidad, su candidatura no sufrirá ningún tropiezo, como no lo tuvo la actual gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, acusada también de pedir moches cuando fue presidenta municipal de Texcoco. A ella se le acusó y el Tribunal Electoral de la Federación determinó que fue cierto que durante tres años descontaba el 10 por ciento de los salarios a 472 trabajadores para financiar el Movimiento de Regeneración Nacional.
Lo que hoy se diga entonces de Salazar sale sobrando, sobre todo cuando la Fiscalía Anticorrupción de Tamaulipas “investiga” estas acusaciones, pero resulta que dicha institución se hace ojo de hormiga en la resolución por la sencilla razón de que no quiere pelearse con Morena, partido que gobierna en Tamaulipas. Ahora nadie quiere meterse un “autogol”, palabra que por cierto la hizo famosa en esta semana el presidente López Obrador cuando se refirió al triunfo de Milei, en Argentina, el candidato de ultraderecha que derrotó a la izquierda.
Además, ni pensar que proceda el proceso de desafuero pendiente que existe contra la diputada, menos que vaya a ser sancionada por promocionar su imagen política con recursos del erario público, como lo denunció públicamente el Partido Acción Nacional. Lo que hoy se dice y vive Tampico con Morena, se vivió en décadas pasadas cuando gobernaba el Revolucionario Institucional.
Las denuncias de corrupción llegaron hasta Palacio Nacional, en la mañanera. Ahí se hizo hincapié que a la “sobrina” de AMLO se le incrimina en alterar facturas y devolución de dinero en efectivo. Un audio que se filtró a la prensa la inmiscuye, pero a todo esto, el mandatario a pesar de reconocer su parentesco, dijo no tener relación con su sobrina.
La diputada Úrsula, contra todo lo que se diga, tiene un panorama alentador que deberá aprovechar antes de que se “marche” del poder el presidente AMLO. Su parentesco con el mandatario se debe a que es hija de Úrsula Mojica Obrador, prima hermana del presidente, y quien fue una de las fundadoras de Morena en Tamaulipas.
Desde hace meses, visualizando su llegada a la alcaldía o ser representante popular en el Senado, Úrsula ha intensificado su promoción personalizada, entregando apoyos y realizando jornadas que llamó de la esperanza.
Por lo pronto, las prácticas para llegar al poder no han cambiado, se siguen los modelos que práctico el PRI, y si tomamos esta referencia, no hay que olvidar que el 99 por ciento de los que están en el poder, su pasado es priista.










