Aquiles, un peligro que emularía a Yassir Vázquez y a Juan Sabines
En esto del abuso del poder, cada vez los dizques políticos no se miden y contra las reglas que establece el órgano electoral, hacen y deshacen. Su ambición no tiene límites. Son insaciables para eso de buscar por todos los medios convencer con dinero, con promesas como la de garantizar apoyos, empleos e incrustar a la gente en programas sociales.
Los funcionarios buscan blindarse y perpetuarse en la nómina gubernamental, sea esta federal, estatal, municipal o a través del voto o por la vía del dedazo, alcanzar un puesto de representación popular a una alcaldía, diputación o senaduría.
Lamentablemente el partido Morena cambió, el que todo reclamaba, cambió las reglas y sometió a sus caprichos la normatividad que antes aplicaba el Instituto Nacional Electoral. Hoy se hacen campañas desde tres años antes; hoy no respetan los resolutivos de las instituciones; hoy se hace lo que les viene en gana.
Pruebas hay muchas, en el Senado acatan instrucciones superiores y no designan a los nuevos comisionados del INAI, hoy las Cámaras de Diputados y de Senadores se han convertido en los voceros del Ejecutivo federal. No hay respeto a lo que la ciudadanía demanda, menos que se obedezca o atienda los requerimientos que los partidos opositores plantean.
De ahí que en los estados y en los municipios, la política rumbo a las gubernaturas y presidencia municipales esté calentándose al grado de que la olla exprés esté a punto de reventar. A estas alturas del proceso, empiezan los jaloneos y por mucha seriedad y unidad que presume el partido en el poder, los ánimos tendrán que desbordarse. De eso no hay duda.
En las próximas semanas, por ejemplo, los agarrones mediáticos estarán reflejándose en la prensa, cuando los partidos PRI, PAN y PRD, los que conforman el bloque del Frente Amplio por México, intentarán frenar ante el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Instituto Electoral y Participación Ciudadana (IEPC), los abusos que comete Aquiles Espinosa García, secretario de Movilidad y Transporte, quien ha estado utilizando los recursos públicos para realizar una serie de actos proselitistas rumbo a la presidencia municipal de la capital Tuxtla Gutiérrez.
No es entendible que a pesar de que algunos medios de comunicación han documentado las reuniones disfrazadas de Aquiles como un aspirante a la alcaldía, ni el INE ni el IEPC se han pronunciado sobre los eventos que el funcionario estatal realiza sin ningún prejuicio.
Lo peor en este asunto, es que quien debe estar preocupado por resolver los problemas del transporte público, se aboque a acompañar a las autoridades municipales de la capital a eventos que en nada le competen, como estar en la inauguración del Parque de la Marimba o inaugurando calles.
O sabrá usted qué carajos hace un secretario de Estado en estos eventos que competen a otro nivel. En verdad que es desagradable la forma abusiva y sin consideración, con la que se mueve Aquiles Espinosa, tomándole el pelo a la ciudadanía en un puesto burocrático que “sólo ha servido para servirse de él”.
Sino ahí el ejemplo del manejo discrecional de las concesiones que se manejan en la dependencia y que cada vez les vale un comino las cientos de peticiones de verdaderos hombres del volante que morirán en su ley, trabajando 18 diarias en un taxi, sin que tengan la garantía de que les extenderán una concesión que por derecho les corresponde.
Claro, en esto como en otras latitudes, hay niveles, y, por lo tanto, Aquiles Espinosa se pronuncia en favorecer a su secretaria privada, María Guadalupe Galdámez Alegría, quien, como prestanombres, a través de su hija, Olivia Ivonne González Galdámez, recibió la concesión la SMYT-1065-2022, de los llamados taxis Rosa. Unidad con el número 2020
Esta es solo una prueba de la corrupción en la que se maneja el secretario de Movilidad y aspirante a gobernar Tuxtla. O si el IEPC quiere pruebas del proselitismo, pues que se tomen fotografías de la publicidad que cuelga en los colectivos y taxis que circulan por la capital, donde Aquiles se promociona como la carta fuerte de Morena para la presidencia municipal de Tuxtla.
¿Dónde está el cambio que tanto pregona Morena? ¿Qué diferencias hay de lo que dice con el pasado con lo que ejerce en el presente? ¿Entregar concesiones a personal de confianza de la misma Secretaría no es tráfico de intereses, tráficos de influencias? ¿Con qué cara un político que viola todos los preceptos legales y la normatividad local puede llegar a ocupar un cargo público?
Cierto es que la aspiración no se le puede coartar a nadie, pero no se vale que se abuse del poder y más, que las autoridades lo toleren. Así no se llegará a ningún lado, pues si la corrupción se ha comprobado previo a la elección, ¿se imaginan lo que le espera al ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez? La verdad, pobre capital del estado, pensamos que con Yassir Vázquez o el propio Juan Sabines, ya había pasado lo peor y que venía una esperanza de desarrollo, pero con lo que se ve, nada de nada.










