Cambiar estrategia, lo mejor que haría el magisterio

Los maestros de la CNTE se han replegado al Parque Central. El viernes por la mañana en conferencia de prensa informaron que no ha habido la instalación de una mesa de diálogo con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y que, ante el desinterés mostrado, lo que acordaron en asamblea es dejar de bloquear la central de Petróleos Mexicanos (Pemex) que se ubica en la zona sur poniente de la capital Tuxtla Gutiérrez.

Dicen estar molestos porque el gobierno federal no les ha hecho caso, a pesar de todas las acciones desestabilizadoras que se han realizado en la ciudad de Tuxtla, San Cristóbal, caseta de cobro, toma de edificios públicos y hasta de tiendas comerciales trasnacionales.

El magisterio se dijo desilusionado, pero que en lugar de dimitir se reagrupan, aguantarán el desdén de las autoridades educativas y de gobierno, y se preparan para hacer frente a una lucha que no se le ve fin, a pesar de que el propio presidente de México aceptó que el incremento salarial anunciado subiera del 10 al 13 por ciento.

Este incremento es insuficiente para la labor educativa que dicen los maestros de la CNTE, realizan frente al aula. En muchos de los casos eso no se discute, pero por el comportamiento asumido por los integrantes de la Coordinadora, se duda que se cumplan al pie de la letra los postulados educativos, no por ello, a pesar de esas ganas que dicen poner dentro de los salones, Chiapas sigue en el último lugar en analfabetismo.

El que hayan liberado la central distribuidora de combustible de Pemex, sin duda que es un gran alivio para los chiapanecos. Sin embargo, habría que decir que esta decisión no fue porque los maestros se hayan compadecido del sufrimiento de quienes no tienen vela en el entierro, sino porque el descontento social ya pendía de un hilo.

Los líderes de la CNTE se percataron que no podía seguir castigándosele a la población de una lucha en la que los habitantes, muchos de ellos padres de familia de los hijos que están sin clases por el movimiento magisterial, no los apoyan. Tan es así que la Asociación de Padres de Familia de todas las escuelas no están de acuerdo con la postura del magisterio, aunque dicen respetarlo.

Esto es lo que hace la diferencia y que obligó a las bases a reconsiderar que sus grotescas acciones no le ayudan a conseguir sus objetivos. Sobre todo, porque al que menos le importa es al gobierno que hagan bloqueos o provoquen disturbios. Al actuar de manera beligerante ha provocado que todos los sectores del estado, comerciantes, empresarios, trabajadores burócratas, estudiantes y demás, sean los únicos afectados y los que han alzado la voz de descontento.

Los maestros saben que su estrategia es fallida, que el hartazgo ciudadano, si alguna vez estuvo a su favor, hoy juega de manera negativa.

Los innumerables escritos contra el movimiento han hecho repensar que no se va por camino correcto. Cierto es que los padres de familia acuden a las escuelas públicas con sus hijos porque no hay recursos para llevarlos a las particulares, y contra todo pronóstico, también saben que miles de maestras y maestros son mártires de la educación y que no necesitan de medallas que cuelguen de su cuello para presumir que su vocación está ahí, presente, frente a los niños y niñas que ven en ellos a sus ídolos a alcanzar y superar en algún momento de su vida.

La vocación del maestro, está más que demostrado en la historia de México, es educar y servir con orgullo. De ahí que no les queda ya seguir con el cuento de que se van a paro porque no se ha echado abajo la Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto. Vaya descaro argumentarlo si ésta fue ejecutada (desechada) por el presidente AMLO.

Nada valida que cometan desmanes, que tapen calles, que obliguen a la sociedad andar mendingando unos cuantos litros de gasolina sólo porque a un grupo de mentores se les ocurrió tapar la salida a las unidades petroleras. Si hoy el magisterio se ha fijado la meta de protestar, de seguir en paro, pero no colapsando el desarrollo de la población, bienvenido su movimiento.

Debieron ya haber entendido que obligarán al gobierno a responder de inmediato si ven que hay cientos de maestros de brazos caídos, pero sin cometer desmanes. Entonces la autoridad se dará cuenta que la pérdida de clases por la actitud pasiva de maestros y maestras revertirá la opinión de la sociedad, que, de botepronto, acusará que la autoridad es la que no se quiere sentar a negociar.

Piensen que, en la civilidad del movimiento, la propia sociedad y padres de familia cambiarán su postura para darle su respaldo a unos inofensivos mentores, que dejaron sin clases a miles de niños y niñas porque lo que les pagan no es acorde a su labor de fomentar los principales valores para emprender los vuelos de quienes en el futuro inmediato serán los protagonistas de esta vida y ello se lo deberán de por vida a sus mentores.

Si esto no vale la pena, entonces seguirá la percepción de que el paro magisterial solo obedece a oscuras negociaciones de las dirigencias con el gobierno federal en turno, sobre todo, para entorpecer la vida democrática del país para este domingo 2 de junio. Ojalá estemos rotundamente equivocados y que la fiesta cívica de mañana no tenga que ver con el repliegue de los maestros del bloqueo a Pemex.

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