México, lo que más importa
El triunfo de Claudia Sheinbaum en las urnas fue inobjetable, contundente. Las cifras de votos así lo indican y hasta hoy la oposición y los millones de ciudadanos que creían en el proyecto de Xóchitl Gálvez siguen pasmados, sorprendidos, no dan crédito a los resultados tan abrumadores.
Los argumentos en que hoy se puedan ventilar en las redes sociales pueden tener justificación de que hubo inconsistencias, el amedrentamiento de los grupos delincuenciales y de la posibilidad de que se quitaran los programas sociales si ganaran los partidos adversos a Morena y sus aliados, pudo influir, pero no al grado de que más de 30 puntos fueran la diferencia entre el primero y segundo lugar.
Lo que es cierto es que a lo largo de su sexenio y la embestida que se organizó desde el púlpito de las mañaneras en los últimos dos años, con una campaña disfrazada adelantada, fueron parte de la narrativa que día con día se fue acentuando en la mente de los mexicanos.
Incluso se ha dicho hasta al cansancio que el acompañamiento que hicieran las dirigencias partidistas que acuerparon el caminar de Gálvez, fue el estigma que no logró erradicar ante el grueso de la población que veía con buenos ojos la candidatura de la hidalguense, pero no que la acuerparan gente “innombrable”.
Sin embargo, él hubiera no existe y ahora, el gobierno y el partido en el poder, se preparan para aterrizar las reformas constitucionales que el presidente busca que se aprueben para quitarse del camino a instituciones que, asegura, son un despilfárrelo de recursos que nomás han servido para enriquecer a los conservadores que ocupan los cargos directivos.
Con casi amarrada la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y Senadores, ahora Morena va que vuela para echar a andar el multicitado “Plan C”, que significa la aprobación en automático de una veintena de reformas, entre ellas, la más importante, aniquilar las funciones del Poder Judicial, ordenándose una nueva forma de “integrar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y al Poder Judicial por elecciones directas y que exista una mayor concentración del poder”.
De acuerdo con la histórica votación que le dio el triunfo a la primera mujer que será presidenta de México a partir del primero de octubre, la próxima legislatura federal ya prepara las armas para modificar leyes y en todo caso también la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
En ese sentido, estamos hablando de que se viven los últimos meses de organismos que dieron fortaleza a las instituciones y a la democracia, como lo son el INAI, el INE y en su restructuración, casi es seguro que se esfume el servicio profesional de carrera del órgano electoral.
Pese a ello, las modificaciones debieron ya haber sido analizadas a profundidad por los supuestos efectos que se tengan en el ánimo de los mexicanos. No es tan fácil desaparecer años de trabajo, de luchas ciudadanas para tener hoy instituciones a la deriva. En principio pareciera que ese es el análisis a primera vista que se tiene.
Si el papel que haga Morena es hegemónico, aunque se le haya dado ese poder en las urnas, sólo tiene que voltear al pasado, cuando esa función la hacía el PRI. La historia no debe soslayarse, al contrario, debería aprenderse de ésta para no cometer los mismos errores.
Ojalá que el combate a la corrupción y los privilegios que se dice se combatirán con la desaparición o modificación de instituciones que “le han hecho daño” al país, sean para bien y no como un avasallamiento hacia los que están considerados como los adversarios políticos del sistema.
Los contrapesos son necesarios en cualquier país que se diga democrático, por ello cada movimiento que hagan los diputados y senadores de Morena y sus aliados, tendrá fijos los ojos de millones de mexicanos, sobre todo de aquellos que amanecieron el lunes con la “ingrata” noticia de que fueron barridos en las urnas.
El que la Bolsa de Valores haya caído desde la mañana del lunes, es un reflejo de que existe preocupación no por el triunfo de Claudia, sino porque no habría equilibrios políticos que le den certeza al rubro financiero. Lo cierto es que no se puede hacer elucubraciones al vapor. Esperemos que se tomen las mejores decisiones por México y su población, pues al final es lo que más importa.










