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Editorial

“No me ayudes compadre”

En el arte de la política, desviar la verdadera función raya en lo grotesco. Bien dicen que en esto de ganar todo se vale, pero debería ser por el camino correcto donde un partido político o un candidato, sea del instituto que sea, anteponga la honradez y la transparencia para triunfar a la buena en una elección.
Los golpes bajos en el negocio de la politiquería se han convertido en un circo para ganar elecciones. Siempre el poder del gobierno en turno ha tenido la “cualidad” de avasallar con todo lo que esté a su alcance y en esto la historia de México, en la disputa para ser presidente de la República, hoy en día no es la excepción, a pesar de que diga y se vocifere, que son otros tiempos, que se ha cambiado para bien. 
En los más de setenta años que gobernó el Partido Revolucionario Institucional, siempre el presidente de la República en turno dejaba a su sucesor. Era una práctica a la que los mexicanos se habían acostumbrado. Hace 21 años, cuando el Partido Acción Nacional ganó dos sexenios seguidos, los actos hegemónicos de poderío no cambiaron. Con Enrique Peña Nieto, de 2012 al 2018, menos.
La terquedad del viejo sistema de dejar al hombre que cuidará las espaldas al que se va no cambia, a pesar de todo lo que se diga. Seguimos teniendo un sistema presidencialista que prevalece, así el mandatario de México se desviva diciendo que son otros tiempos.
Sin embargo, el fondo de este comentario no es el proceso “democrático” con que se busca llegar al poder, sino justamente, las tropelías y embutes que los partidos políticos realizan en detrimento de la democracia, a la que se deben, por cierto.
Hace un par de día, Diego Valadés, el ex Procurador General de la República, famoso porque en su periodo se sentenció al homicida de Luis Donaldo Colosio, dijo una frase que engloba el antes y el después en esto de la política y sus derivados: “Antes había corrupción y se reconocía, hoy existe corrupción, pero no se reconoce”.
El despertar ciudadano a la par del resurgimiento de las redes sociales, ha sido factor de equilibrio para tener menos procesos electorales fraudulentos. Si bien las prácticas irregulares persisten, pues hoy de una forma disfrazada, desde ciertas dependencias gubernamentales, se ofrecen apoyos con la condición de dejar copia de la credencial de elector. ¿Para que la quieren, qué uso le darán? Son dos preguntas que el partido Morena tiene bien claro cuáles son las respuestas, y que usted, lector, ya conoce los fines.
Pero si esto no fuera a todas luces ilegal, lo grotesco, lo calamitoso, es el atrevimiento que el líder del partido guinda hizo público al pedirle al Presidente que autorice a sus funcionarios que apoyen a los candidatos que participarán en las elecciones del 5 de junio en seis estados del país, con su presencia en los actos públicos los fines de semana y los días festivos.
Pues qué clase de líder político tiene el partido Movimiento de Regeneración Nacional al solicitar a los servidores de primer nivel del gobierno federal “le dediquen tiempo a acompañar a Morena en las campañas”.
Es cierto, esta es una práctica cuestionable que la siguen haciendo de forma disfrazada hoy en día, pues ahí tenemos el caso reciente de Claudia Sheinbaum o Marcelo Ebrard, quienes recientemente han estado en actos públicos, aunque en estos dos casos, habría que precisar que buscan hacerse presentes y aprovechar para promocionarse como candidatos a la presidencia de la República.
Dice Mario Delgado que deben ir los referentes del gobierno, donde sí hay y muchos, y se mofa de que otros partidos llevan a lidercillos que en lugar de beneficiarlos los afecta. Si este fuera el caso, pues es mejor quedarse callado para que los errores del contrincante los aproveche.
Fuera de todo este embrollo, lo criticable es que el partido en el poder acuda desesperado ante el presidente AMLO para que les brinde su ayuda. Lo nefasto es que haga una petición pública cuando en la realidad esta práctica se continúa haciendo. La infortunada declaración del dirigente de Morena nos demuestra que no se está a la altura de la confianza que millones de mexicanos depositaron en este instituto político, creado por el hoy presidente AMLO, pero desquebrajado por una dirigencia que confunde la magnesia con la gimnasia.
Creemos que el presidente AMLO debe estar rascándose la cabeza a cada rato, sólo de pensar las elucubraciones que se “traza como metas Mario Delgado”. Y como dicen en su rancho de López Obrador, allá por La Chingada, “no me ayudes compadre”.

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