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Editorial

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Ojalá que no se equivoquen con sus reformas

Las reformas al Poder Judicial tienen tanta prisa que todos los poderes fácticos trabajan al cien por hora para que se vayan cuadrando todos los escenarios que rodean esta propuesta del Ejecutivo federal. La diligencia tiene una celeridad pocas veces vista.

Los actores políticos al servicio del poder no pierden tiempo, tan es así que desde ayer se dieron a conocer los resultados de la encuesta que aplicó Morena durante el fin de semana para conocer si está de acuerdo el pueblo mexicano en que se reforme la Constitución para que los ministros, jueces y demás integrantes del Poder Judicial de la Federación, sean elegidos por voto popular.

Como era de esperarse, por la forma en que ha “trabajado” las encuestas Mario Delgado, presidente del partido Morena, persona a la que se le encargó mandar aplicar los cuestionarios, las respuestas fueron un rotundo sí.

Luego entonces, qué pasará, cuál será el siguiente paso, pues lo normal, el documento que ya está listo, será mandado al pleno del Congreso de la Unión, donde pese a los sobresaltos que hará la oposición en las Cámaras de Diputados y Senadores, ésta será aprobada por Morena y sus partidos aliados PVEM y PT, en el entendido de que cuenta con mayoría calificada.

A menos que antes de que se les dé el golpe mortal a las minorías reflejadas en las votaciones del 2 de junio, primero el INE y después los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación no hagan efectiva la sobre representación legislativa que se quiere agandallar adjudicar Morena en la Cámara Alta, entonces se estaría hablando de otro panorama. Esto tendría que suceder antes de que termine septiembre.

Sin embargo, a estas alturas, cuando el referéndum popular reflejó que se quiere la continuidad de la cuarta transformación, es casi imposible que los consejeros y la presidenta del Instituto Nacional Electoral se quieran echar de enemigos a los poderes Legislativo y Ejecutivo, sobre todo, cuando el titular de este último, reconoció y alabó la labor realizada en la pasada elección por Guadalupe Taddei al frente del órgano electoral, por lo que sería impensable que se revelara.

Cierto es que la oposición a nombre del PRI y del PAN -el PRD ya no opina porque está “muerto”-, aseguran que los resultados de las encuestas no tienen valor jurídico al estar hechas “al vapor”.  Puede que sea una simulación, pero lamentablemente ya no tienen la fuerza popular para desacreditar en los hechos un resultado que se legitima por el triunfo apabullante en las urnas de Claudia Sheinbaum.

Que se diga que es una simulación, puede ser cierto, pero de igual manera, no están en condiciones para refutar y sus consideraciones ahora carecen de peso político y mucho más, en lo social.

De ahí que sólo se espera que voten en contra a todo lo que Morena y sus aliados presenten. Lo que sí habrá es la esperanza de que, con el paso del tiempo, los que llevan la contraria a las propuestas presidenciales, tengan la oportunidad de decir, “se los dije”, por aquello de que en la presentación de las reformas a la Constitución se escondan algunos vericuetos que quieran llevar al gobierno a intentar perpetrarse en el poder de forma definitiva.

Lo que hay que tomar en cuenta es que en esta vida nada es para siempre, ni la vida misma, y por ello el camino que emprenda la próxima administración estará sujeta la vigilancia estrecha de quienes sean los próximos líderes opositores que cambien su visión de país.

Los foros que ya se preparan serán, eso sí, una simulación, pues no se puede concebir que un proyecto tenga momios en contra a la vista de todos. Éstos se esconderán y es ahí donde, repetimos, el tiempo se encargará de poner a cada quien en su lugar.

Afortunadamente no tendrán que pasar 70 años, como le sucedió al PRI, para perder el 95 por ciento de su poder. Hoy apenas le sobreviven dos entidades gobernadas por prisitas, que, por cierto, al parecer el pasado fin de semana dieron muestras de sumisión durante la gira de trabajo que hiciera el presidente Andrés Manuel López Obrador a Coahuila, entidad gobernada por Manolo Jiménez.

Tampoco los mexicanos quieran un cambio de régimen que vaya acompañado de protestas nacionales como le sucede actualmente a Argentina, donde ganó de manera sorpresiva Javier Gerardo Milei, un político de derecha, que no trae todas consigo por la dura política económica emprendida ante los desajustes que ha vivido la Argentina con sus administraciones del pasado reciente.

Mucho menos se desea que México tome el camino equivocado que le pasó a Santiago de Chile, en la década de los setentas, cuando de la nada ganó de forma sorpresiva Salvador Allende, quien con sus propuestas populistas llevó al desastre económico a su país, situación que tuvo que resolverse con un golpe de estado encabezado por Pinochet, quien aprovechó en aquel tiempo, el desencanto que tenía la clase obrera, con quien un par de años antes de su derrocamiento (Allende se suicidó antes de que lo tomaran preso), el presidente vivía un idilio que terminó en tragedia.

Los morenistas intentan engañarse con el cuento de que los mexicanos votaron en las urnas porque querían que se aplicara el Plan C. Los millones de mexicanos lo que les importó era que no les quitaran sus apoyos sociales y eso funcionó, pero ello a que realmente conozcan la profundidad de las reformas, eso sí que están en “chino”. Lo que nos corresponde decir es que ojalá se esté tomando el camino correcto para sacar a México de su crisis de corrupción que vive desde el siglo pasado, producto de gobernantes que sólo viven para enriquecerse, no para servir a su pueblo.

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