Los efectos del paternalismo
No se está en contra de los apoyos sociales, pero la historia se ha encargado de ubicar al sistema político mexicano como el principal promotor de la pobreza, de acostumbrar a la gente a “estirar la mano” para recibir dádivas, todo a cuenta de votos clientelares o en el mejor de los casos, para resolver problemas de falta de trabajo, de desarrollo en las comunidades, y, principalmente, de sometimiento a la voluntad del partido en el poder.
Así ha sido siempre, pero esta malsana práctica se ha arraigado en el territorio mexicano, principalmente en las entidades del sur-sureste del país, porque es donde el voto está garantizado debido a que los gobernantes se han encargado de darles de comer a las familias más pobres, no por el hecho de que no puedan trabajar, sino porque con esta práctica los tienen arrodillados a sus pies.
El problema, sin embargo, es que esta costumbre de darle “paga” a hombres y mujeres ya es un serio conflicto social que se genera cuando el gobierno no tiene el recurso para cumplir lo que prometió o bien, por equis circunstancias, las partidas no han sido liberadas.
Sin lugar a dudas que esta situación no es entendible por quienes exigen que les den su paguita. En Chiapas, por ejemplo, hay comunidades que, si no tienen respuesta inmediata de la autoridad municipal, estatal o federal, según se hayan comprometido éstas a entregar los apoyos en especie o efectivo, pues entonces cuidado, porque las acciones de desestabilización desencadenan una serie de atropellos que afectan a terceras personas que ni la deben, por decir lo menos.
La entrega de apoyos sociales no es de ahora. No iniciaron en el 2018 con este gobierno, pero sí se remarcó la cantidad en cuanto a los sectores. Existe la falsa creencia de que con los recursos otorgados por los gobiernos la pobreza se combate, pero esta situación es cuestionable porque está comprobado que, en las zonas indígenas y rurales, muchos hombres utilizan los recursos no para beneficio de la familia, sino para gastarlos “echando trago”, dejando a un lado otros rubros como son el cuidado de la salud, la alimentación, la educación y muchos otros que bien pudieran explotarse con la ayuda institucional.
La marginación social sigue siendo un parámetro que no avanza y ello, en parte, es producto de que se ha acostumbrado a gente que aún puede trabajar, a vivir del erario público. Hoy los campos han sido abandonados porque muchos de quienes pueden labrar la tierra prefieren esperar la aportación mensual o bimestral.
A pesar de esta circunstancia, los programas sociales han pasado a la categoría de obligatorios y consagrados, amparados en la Constitución, para ayudar a los más desposeídos. Sin duda, que tiene mérito, pero en este negocio hay personas acomodadas que no les da pena ir a cobrar su apoyo como también hay aquellos que, siendo funcionarios públicos, reciben su pensión Bienestar, o quienes reciben becas para estudiantes en todos los niveles, para mujeres en su condición de madre soltera, y diversos programas ambientales, apoyos a la niñez, a personas con discapacidades y párele de contar.
Sin embargo, qué sucede cuando los apoyos no llegan, cuando existe un retraso justificado en su entrega, sucede que la gente se rebela, protesta, incita a la violencia, desobedece y hasta se amotina porque se dice con derecho para asumir tal postura.
Desde esta semana, en Oxchuc, hombres y mujeres de al menos 60 comunidades bloquearon la entrada y salida del municipio y con ello, se truncó la comunicación terrestre vehicular de cientos de personas que tienen la necesidad de trasladarse a la zona Norte o Altos. Exigen que les entreguen la nada despreciable suma de 15 mil pesos por cada familia, dinero que se contempla en el Copladem, y, además, existe la amenaza de que no quieren obras sociales, quieren la paga, el dinero.
Han dado un ultimátum a las autoridades gubernamentales, y lamentablemente, hay que decirlo, esta práctica que ha emprendido el sistema político en los últimos años, llegará al clímax de que no podrá sostenerse por mucho tiempo, pues el país está descapitalizado por la corrupción que ha imperado en nuestros gobernantes. Las deudas de los estados son insostenibles, y si no que le pregunten a Juan Sabines Guerrero, quien tiene hipotecado al estado hasta el 2037, lo que implicó una corta maniobra presupuestaria de la actual administración.
En suma, decir que no hay dinero que alcance y continuar regalándolo a personas que no entienden la trascendencia que implica tenerlo en sus manos, y ni les importa, es el resultado del clientelismo, del paternalismo que el gobierno mexicano ha puesto en práctica para mantenerse en el poder a costa de lo que sea, así haya un descontento social que será difícil de atender y resolver conforme pasen los años. Si creen que se exagera, entonces dejemos que el tiempo nos ubique en la justa dimensión de la historia.










