Zedillo le echa “lumbre” a la constitucional reforma del Poder Judicial

La tan cacaraqueada Reforma Judicial llegó a su punto final. Entró en vigor y ahora se empezarán a aplicar sus nuevos contenidos. Se ha escrito hasta el cansancio que para el gobierno es lo mejor que puede sucederle al sistema político mexicano en cuanto a la impartición de justicia. En tanto que, para la oposición, para el sector empresarial y para los propios trabajadores, es el retroceso de más de 20 años que ya se habían consolidado para no fomentar la corrupción como estaba en el siglo pasado.

Lo que se diga hoy, después de este hecho, sale sobrando, o por lo menos se quedará asentado en la historia y ya será ésta la que ubique si fue una reforma de altura o simplemente una venganza política, de sumisión, de decirle al mundo quién es el que manda en este país.

Sin embargo, bien dicen que nada es para siempre y algún día alguien tendría que corregir los estratosféricos y bochornosos sueldos que perciben los ministros, magistrados y jueces, cuando alrededor de algunos de éstos se han evidenciado actos de corrupción.

Aunque en este sentido, los de la Cuarta Transformación no han renunciado a sus sueldos ni tan poco se les ve en el ISSSTE, acudiendo a pedir cita y esperar que los atiendan un mes después, como lo protagonizó la ministra oficialista, Lenia Batres.

Tampoco se conoce que el exministro Arturo Záldivar, próximo integrante del Gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum, haya renunciado a las cuestionadas y bondadosas prestaciones económicas que el Poder Judicial otorga a quien deja su cargo, así sea por edad o por renuncia personal.

Pero estas nimiedades no alteran el producto, tal y como lo dio a conocer el presidente Andrés Manuel López Obrador, “ahora sí, el pueblo es el que manda”, tras firmar el decreto de reforma al Poder Judicial y que fue publicada el 15 de septiembre, pasándose por alto el amparo interpuesto para que la autoridad esperara para dejarla asentada oficialmente como constitucional.

En el marco de las festividades patrias del 15 de septiembre, el presidente Andrés Manuel López Obrador firmó el decreto de la reforma constitucional al Poder Judicial. Lo hizo teniendo como testigo de honor a la presidenta electa, Claudia Sheinbaum.

Con la entrada en vigor se acabará la simulación, dice el presidente, y tener un verdadero estado de derecho, pues aseguró que se habla de vivir en democracia y no es así «dominaba una oligarquía…una minoría con fachada de democracia».

Por lo que se entiende, no habrá de hoy en adelante ningún trato especial con delincuentes, se terminaron los actos corruptibles y, por lo tanto, se aplicará, ahora sí, el principio de que, al margen de la ley nada y por encima de la ley, nadie».

La reforma fue publicada en el Diario Oficial de la Federación, pese a la suspensión emitida por el Tribunal Colegiado, unas horas antes de que el mandatario encabezara el tradicional Grito de Independencia. La reforma entró en vigor a partir del primer minuto del lunes 16 de septiembre.

Sobre este importante tema, el expresidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León, fue tajante al asegurar que la reforma destruirá al Poder Judicial y enterrará a la democracia, y fue más allá al decir que lo arrasará para convertirlo en uno dócil que siga los lineamientos del partido en el poder.

Es una «felonía histórica» y a sus promotores de la Cuarta Transformación los calificó como «antipatrias», querían una Corte sumisa, que destruye la independencia e integridad del Poder Judicial para que esté al servicio de la fuerza política en el poder”.

Zedillo advirtió que “queda claro” que el presidente será inmensamente poderoso para combatir cualquier disidencia, “todos los principios esenciales del estado de derecho podrán ser pisoteados”.

Mientras resumía que las elecciones judiciales serán una “grotesca farsa”, la ministra Norma Piña se confesó ser su fan. No desaprovechó el momento para decir que trabajará hasta el último aliento por amor al derecho y a la investidura que conlleva impartir justicia y a la independencia judicial.

Por su parte, arrastrando todo el poder que tiene, la Iglesia Católica, desde el Seminario de la Fe, en el contexto de este controversial tema, sentenció que no se está en medio de una lucha de buenos contra malos; no busquemos fracturar más al país; no cancelemos a quienes piensan diferente.

Posicionamientos que registrará la historia venidera, pero principalmente, que será el pueblo, el de a pie, el que experimentará si esto es lo mejor en materia de justicia o seguiremos igual o en peores condiciones a las que se viven hoy en día.

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