En simulacros ahí vamos, pero falta mucho
A raíz de los sismos que le han pegado duro al pueblo mexicano, las autoridades de Protección Civil se han volcado en intentar concientizar a la población sobre la importancia de conocer los efectos de este fenómeno meteorológico que ha sido el único en el mundo que no ha podido, pese al avance de la ciencia y la tecnología, conocer con anticipación el registro de algún movimiento telúrico causante de grandes daños.
Las capacitaciones en las escuelas, principalmente, ha significado un paso importante para que los niños, adolescentes y hasta universitarios, tomen conciencia de que en cualquier momento de nuestra vida podríamos ser testigos de una situación anormal, esas que provocan los grandes temblores, como el que padeció México en el año de 1985.
Hoy en día, personas que sufrieron esa ingrata experiencia hace 39 años, se volvieron tan aprehensivos que cualquier movimiento que registra la tierra, por muy pequeño que éste sea, buscan acaloradamente ponerse a salvo.
Sin ir muy lejos, en el 2017, también en septiembre, dos sismos espantaron a la sociedad chiapaneca, fue impresionante y nada recomendable ver como las viviendas se mecían como hamacas, los postes de luz o de telefonía crujían a la vista de la gente que buscó salida de sus casas aun en paños menores.
Este jueves, la Secretaría de Protección Civil en Chiapas dio a conocer la participación de la población en el Simulacro Nacional y más allá de los números, como el que hayan participado, según sus registros, 253 mil 628 personas de un total de 3 mil 933 inmuebles, de los cuales mil 365 fueron federales, mil 078 estatales, 410 municipales y mil 080 del sector privado en los 124 municipios del estado, el tema sigue siendo una incógnita a vencer por algunas razones.
Entre ellas, por lo menos en Chiapas, de acuerdo con los números presentados, apenas representan un porcentaje menor de participación ciudadana comparado con los seis millones de habitantes que en promedio tiene Chiapas.
Significa entonces que las autoridades de Protección Civil no han logrado alcanzar el objetivo de persuadir en la población la importancia de resguardarse en algún lugar seguro para no sufrir algún accidente si el fenómeno fuera de intensidad reservada.
Los vaticinios, sin que se preste a ser alarmistas, es que México y Chiapas pueden ser escenarios de algún macro sismo, La ubicación del territorio chiapaneco sobre las placas tectónicas nos convierten en una entidad vulnerable, no por ello somos actualmente la tercera entidad con más temblores por año, sólo por debajo de Oaxaca y Guerrero.
A esta situación también hay que reconocer que existe apatía por el mexicano, que en muchos de ellos, consideran que no es necesario hacer tanta alharaca si ya está de Dios o el destino, que nos muramos de un resbalón a media sala de la casa sin que necesariamente tenga que registrarse un movimiento telúrico de más de 8 grados de intensidad.
Todo es válido en esta vida y habrá quien así lo piense, pero la obligación siempre será actuar con prevención. Los esfuerzos, se entienden, por muy titánicos que realice la autoridad, no serán suficientes.
Sin embargo, también da gusto que en las escuelas de preescolar y primaria los niños ya tengan la deferencia de qué es lo que tienen que hacer para no exponerse al peligro. Eso es bueno y se agradece, porque esta práctica no se ejercía antes. Bien dicen que los golpes enseñan y en este caso, hay que reconocerlo, los sismos se han encargado de ello.
Algunos dirán que no es lo mismo un edificio de una planta, dos o tres que uno de 19 o 20 pisos. Por eso decimos que mucha gente se resigna a su suerte, como los de la Torre Chiapas, que por mucho que se solidaricen con los simulacros, cuando bajen por las escaleras ya se les fue la vida.
Por lo pronto, habrá que echarle porras a las autoridades nacionales que intentan sin éxito, con base en la tecnología, avisar al ciudadano de la proximidad de un fenómeno telúrico. Las alarmas en la Ciudad de México o Tuxtla Gutiérrez, simplemente no suenan o si lo hacen es a destiempo, por errores humanos.
El jueves sonarían las alarmas mediante los teléfonos celulares, pero el experimento no fue exitoso pues en algunos casos llegaron hasta 3 veces, otros no lo recibieron. “La alarma sísmica, emitida por el Sistema de Altavoces de la Ciudad de México sonó a las 11:00 horas, y casi un minuto después, comenzaron a llegar los alertamientos a los equipos de algunos transeúntes”.
Lo mejor de todo ello es que se está intentando darle el clavo para evitar el registro de catástrofes. Ojalé se logre porque no es posible que haya robots o máquinas que nos han reemplazado en nuestra chamba, y todavía no haya quién se atreva a descifrar los estragos de la naturaleza.










