La fe que Chiapas está esperando para calmar los corazones

Hoy más que nunca a Chiapas le conviene enfocar su fe cristiana en hechos que le devuelvan la confianza de que se puede vivir en paz a pesar de tener situaciones convulsionadas, de violencia, de inseguridad.

Los ciudadanos, los que profesan una religión, los que tienen fe cristina o cualquier enfoque de la doctrina religiosa, enfocan sus oraciones para que a México y Chiapas le regresen esa paz con la que comulgaba en el pasado.

Las plegarias y el ¡oh Dios mío! se escuchan por doquier, en cualquier parte del territorio mexicano. La inseguridad ha rebasado nuestro confort y la confianza de salir a las calles con displicencia, sin temores, hoy se están agotando.

En los cultos religiosos el llamado a que vuelva el tiempo de la libertad incondicional es una quimera que va perdiendo confianza, que va desterrando la fe. De ahí que las peticiones a los gobiernos de que no haya más impunidad es una constante que ya raya en una solicitud hueca, que queda en el aire.

Eso lo saben las autoridades policiacas e incluso las de mayor jerarquía, donde se concentran jóvenes promesas de México que han optado por tomar las armas a cambio de una seguridad económica para sus familias, pese a que, en este proceso, su vida esté en constante peligro.

Y no es que estemos en guerra con otros países o se vayan pelotones a cooperar con países aliados, eso no es lo grave, lo delicado y hasta frustrante es que sea en el mismo México de nuestros amores donde se estén lidiando confrontaciones a muerte entre grupos subversivos y la autoridad sea incapaz de resolver.

Tan grave es la situación que hay gobernantes como el de Sinaloa, que se declaró incompetente para combatir este flagelo, debido a que no es un problema que haya generado el Estado, sino aquellos que luchan por la supremacía en el control de territorios para el tráfico de enervantes.

En este contexto, resulta un alivio para el corazón y la fe de los católicos, el que en los próximos días llegue a la capital tuxtleca las reliquias de San Judas Tadeo, provenientes de la iglesia de San Salvatore in Lauro, en Roma, Italia.

Este santo católico podría traer paz interna en los chiapanecos, porque seguramente habrá muchos creyentes que se dejen venir de algunas otras partes del estado para contemplar las huellas y recuerdos de San judas Tadeo, restos protegidos en una urna de cristal.

En Roma, Italia, durante todo el año, acuden miles de personas de todo el mundo. Esta acción les da paz espiritual, los transporta, en su creencia, a esa esperanza de que llegará el día de que no habrá más temores en la vida.

La fe rompe barreras. Por lo menos eso es lo que proyecta que se acuda a ver una reliquia que se compone de un fragmento de hueso de un brazo, que está dentro de una “talla de madera policromada donde fue colocado en el siglo 19. La talla que contiene este fragmento de hueso, tiene forma de mano y tres dedos que apuntan hacia arriba”.

Una excelente decisión de la Iglesia Católica a través de la Arquidiócesis de Tuxtla, que, de paso, con ello celebra el 60 aniversario de la Diócesis de Tuxtla Gutiérrez.

Es importante tomar en cuenta que se define como reliquia restos del cuerpo o de vestimenta de una persona considerada por la Iglesia y la tradición como “santo”, y se clasifican en tres grados. La tercera es cualquier objeto que haya sido tocado; de segundo grado un fragmento de ropa o un objeto que haya utilizado; y de primer grado, como la que llegará a Tuxtla Gutiérrez, es un fragmento de cuerpo.

La historia cita que el fragmento de hueso, que la Iglesia y la tradición atribuyen a Judas Tadeo, supuestamente fue martirizado en Suamir, Persia, en el año 62 de la Era Común, según la tradición católica. El cuerpo habría sido llevado a Babilonia, y de ahí, en el año 651 de la Era Común, enviada a la antigua Basílica de San Pedro, en Roma.

Este santo no hace milagros, no es mágico ni ayuda a cometer delitos, ni protege a ladrones ni coadyuva con las actividades delictivas, pero encarna la fe cristina de que en algo se tiene que creer para que la paz llegue a nuestros corazones, y vaya que hace falta en esta desairada vida que se padece hoy en día. Estará en Tuxtla del 26 de octubre al 2 de noviembre.

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