Claudia, la presidenta, tiene a México en sus manos

Hoy México acapara los titulares de los medios de comunicación, electrónicos, escritos o redes sociales. Este primer día del mes de octubre, toma posesión como la primera presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.

Desde hace más de tres años, cuando el 5 de julio del 2021, el presidente de México la destapó como su sucesora, todo el país empezó a hablar de las “corcholatas”, término que el mandatario federal denominó a la media docena de aspirantes que podrían alcanzar la nominación de candidata de Morena y lo más probable, como así sucedió, la ganadora de la elección presidencial en este 2024.

Este día será glorioso, este martes la ya presidenta constitucional, será la mujer más nombrada en el país, la más conocida en el tiempo actual y quien, a partir de ya, se le conocerá y dará valor, sea este positivo o negativo, a todo de lo que de ella se ha hablado.

La presidenta tiene ante sí el gran reto de demostrar que México es una nación que puede salir adelante, de enfrentar los grandes retos que se le avecinan. Desde el momento en que ha tomado posesión y jurado respetar su envestidura y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Claudia tiene detrás de ella, convencer en los hechos, que los mexicanos no se equivocaron en elegirla su presidenta.

Atrás quedó el pasado los cuestionamientos de que fue una elección de Estado o de que los gobiernos de Morena apoyaron para consolidar su triunfo. En realidad, lo que no logró hacer la oposición hoy pasa a segundo término, es historia. Claudia, será el nombre femenino que estará de moda.

A la presidenta se le vienen cientos de desafíos que se tienen en las 32 entidades. Ninguna se escapa en la solicitud de pedir apoyo de la federación para salir avante de los problemas políticos, económicos, sociales, de educación, salud y de empleo que se padecen.

Sin embargo, sin duda el mayor desafío que tendrá es el de combatir la inseguridad que prevalece y merma el desarrollo de un México que se ha estancado en su desarrollo. Combatir el crimen organizado -ese que está en boca de todos y que supuestamente alimentó el partido en el poder al tener nexos entre autoridades de algunas entidades-, será un tema que mantiene en suspenso, pues, aunque haya dicho que se mantendrá la política de “abrazos no balazos”, es indiscutible que ahora que ya no estará en el radar de los medios el ahora expresidente Andrés Manuel López Obrador, tendrá que ser “ella misma” la que perfile el tipo de política que deberá encabezar.

Que prevalezca la condición de que en México no pasa nada con el crimen organizado, que no se le dé la importancia que merece la presencia de cárteles en algunas ciudades del país, enfrentándose entre sí, con saldos mortales, no sería lo ideal que quiere escuchar el pueblo de México durante su mensaje que dará en las horas inmediatas.

México espera hoy a una Claudia que defina su forma de gobernar, que deje atrás su cuaderno de apuntes donde durante todo este tiempo le dictaron la tarea de qué es lo que debe hacer y decir. La presidenta ha sido criticada por secundar cada palabra, cada gesto de quien gobernó el país durante seis años. Lo que suceda a partir del primer minuto de este primero de octubre se le cargará a las maletas de Claudia Sheinbaum. Como afronte cada hecho o la forma en que gire instrucciones se verán sus resultados.

La presidenta tiene el mayor reto de este siglo por la sencilla razón de que el país no camina bien, está herido, aunque no de muerte, pero la llaga que le trae atravesada puede ser mortal si no se cambia la política con eficacia, con orden y firmeza, todo bajo los preceptos de la Constitución.

México requiere dar el salto definitivo para empoderarse como una nación desarrollada, con futuro económico, con disciplina financiera. Lo que se ve desde el poder Legislativo no es nada halagador, pues si se continúa permitiendo que se cometan atrocidades, por muy menores que éstas sean, caminaremos hacia la anarquía.

Claudia, la primer mujer presidenta de México, tiene la palabra para hacer de este país, una nación con futuro, que transite por la paz social, por el desarrollo y les dé la confianza a los mexicanos de que sí se puede gobernar con eficiencia, con honradez, con transparencia. Ojalá porque otros seis años sin resultados contundentes acabarán por confirmar que el peligro de que el país caiga en la debacle total no se quisiera ni siquiera imaginarlo.

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