García Luna, el respiro para distraer el tema de la violencia e inseguridad
El caso de Genaro García Luna cayó como anillo al dedo para el gobierno federal. Hoy todo mundo tiene en la boca el nombre de Genaro García Luna, el “despreciable” hombre que en el sexenio de Felipe Calderón se alió al ala criminal. Todos argumentan, comentan, dicen, analizan y se vuelven unos expertos en la materia, cuando la realidad del país, a 18 años de distancia -6 de Calderón, 6 de Peña Nieto y 6 de Andrés Manuel López Obrador-, los involucra directamente por no tener la capacidad de contener el crecimiento de la delincuencia organizada.
El tema en sí es delicado y a como están las cosas, a veces por seguridad de quienes hacen periodismo, los obligan a callar o a dar un paso al costado porque privilegian la vida de sus seres queridos, esas mujeres, hombres y niños que están atrás como escudo a la labor mediática que se asienta en los medios de comunicación.
Sin embargo, para nadie es un secreto que el panorama nacional, que incluye a las 32 entidades del país, la situación prevalece como delicada y en algunos en especial, como muy grave porque a la vista de todos, los involucramientos de los funcionarios o exfuncionarios de primer nivel han estado señalados con el dedo de estar inmiscuidos con el crimen organizado.
Desde el miércoles está en boca de todos los 38 años que le dieron de sentencia a García Luna por habérsele encontrado culpable de estar coludido con un cártel de la droga. Se le sindica como lo peor y quizás tengan razón, pero se les olvida a sus feroces enemigos que hacen escarnio del árbol caído, que este ex funcionario, mano derecha e izquierda de Calderón Hinojosa, fue acusado sin tener una sola prueba en su contra, más que los señalamientos que otros capos le hicieron en calidad de testigos protegidos y que, curiosamente, fueron los que detuvo el gobierno panista entre 2006 y 2012.
Sin embargo, para las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica, eso es lo que vale, además de que relacionan la vida y el enriquecimiento inexplicable de quien fuera el temible secretario de Seguridad Pública federal.
Hoy este hombre que si aguanta estaría saliendo de la cárcel a los 94 años de edad, sirve para la Cuarta Transformación como el elemento de prueba de que únicamente los funcionarios del pasado fueron corruptos, quienes no solo robaron y saquearon al país, sino que se coludieron con los líderes de la delincuencia organizada para dejarla crecer, al grado de que un 70 por ciento de los estados del país, están hoy “contaminados” con la presencia de células delictivas que dominan o están inmiscuidos en los puestos de representación popular.
Y es muy cierto, la situación precaria se generó por esta confabulación que ha habido para hacer negocios al amparo de la ley, cobijados en placas o charolas que huelen a tufo de impunidad y que siguen hoy siendo las noticias de ocho columnas en los medios nacionales, pero que ninguna autoridad se ha atrevido a investigar.
Sin irse muy lejos, la falta de aplicación de la ley está vigente en entidades donde la situación no sólo es lamentable, delicada y exponencial en detrimento de la sociedad, sino que lo que duele es que se siga con esa política de que los casos se están atendiendo o lo que es peor, que no pasa nada.
Américo Villarreal, gobernador de Tamaulipas, llegó al poder cuestionado de estar involucrado con la delincuencia organizada. El mandatario de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, vive las de Caín por sus supuestos nexos con el Mayo Zambada-Los Chapitos y lo sindican de tener algo que ver con la muerte de su archienemigo, el ex rector de la Universidad de Sinaloa, Héctor Melesio Cuén Ojeda; o el ex gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, hoy también acusado de presunto delito de violación sexual, son entre otros, los nombres de los políticos de la Cuarta Transformación que no son investigados a pesar de lo que se les imputa.
Ahora que, si se le da un giro al delito o los delitos, está el sonado caso de Manuel Bartlett, el hombre intocable que gobierna la CFE, a quien se le exhibió tener un imperio inmobiliario de 23 casas de lujo en las zonas más caras del Valle de México como Las Lomas, Polanco, Tecamachalco, la colonia Roma y la “milla de oro” en el Paseo de la Reforma.
Y no se diga de la investigación pericial truncada contra el hijo de Bartlett, León Manuel Bartlett Díaz, quien hizo un contrato con el IMSS para para la adquisición de 20 ventiladores para uso en el tratamiento de pacientes con afecciones en sistema respiratorio y en estado crítico, por los cuales la institución pagaría 1. 5 millones de pesos cada uno. Los dos casos se tipifican como delincuencia, pero no graves para las autoridades vigentes.
Estos y decenas de casos más, no merecen la atención de la autoridad debido a que la nota que despista la realidad del país es la de García Luna, quien seguramente en esta semana y en los próximos días, romperá récord al ser nombrado hasta en la sopa, en todo México y más allá de sus fronteras.
El regocijo es para Morena, el PAN no sabe dónde meter la cara y el PRI dice, a mí ni me miren que no tengo nada que ver, aunque, a decir verdad, en esta vida hay una sentencia, de la que nadie se salva y es aquella que dice que a “cada santo le llega su día”. A esperar.










