En chino, prohibir venta de productos chatarra
El programa de quitar la comida chatarra de las escuelas no ha sido el primero ni el último intento que los gobiernos, a través de la Secretaría de Educación Pública, han implementado con el objetivo de reducir los índices de desnutrición, de obesidad u otro padecimiento que sufre la niñez en la edad preescolar y primaria.
De que debe tomarse como una buena iniciativa nadie lo duda, pero lastimosamente siempre que un gobierno inicia quiere implementar “sus buenas intenciones” aunque para ello se concluya que esta no es la solución, pues cualquiera entiende que, si no hay políticas públicas que lleguen y aterricen a los padres de familia, a los propios maestros, entonces todo será en vano.
México se encuentra dentro de los países mal evaluados en desnutrición, pero esto no parte porque el niño o la niña coman “basura” durante el tiempo que están en la escuela. El problema es de fondo y es donde repara la mula.
Resulta que el gobierno entiende de antemano que está sujeto a los “caprichos”, para no decir políticas económicas de convencimiento que tienen las grandes empresas que controlan el mercado de las frituras, de las gaseosas, de los dulces.
Hoy en día, a pesar del “rigor” para controlar los componentes en azucares que contienen los productos, los consorcios siempre se salen por la tangente y es acá donde el gobierno pierde el control y la fuerza para poder someterlos.
No tenemos que ser muy inteligentes para deducir que el programa lanzado desde la Secretaría de Educación Pública, a cargo del morenista Mario Delgado, es solo una cuestión mediática, para darle “sustento y valor” a una designación de un hombre que no tiene las credenciales para estar en un puesto de relevancia como lo es combatir el rezago ancestral en la educación básica.
Hasta hoy no hemos escuchado que se vaya a meter en cintura a los consorcios empresariales dedicados a la producción de los productos chatarra, pues esto a llamarles comida chatarra, es una gran diferencia y de la cual se debería partir.
Las mismas escuelas del sector público, las que mantienen sus cotos de poder económico en el control de la venta de las papitas, paletas, dulces, y demás e interminables listas de productos, saben que tienen que ingeniárselas para seguir promocionando su consumo.
Es más, aquella frase sentenciada desde el poder, en las mañaneras, donde Andrés Manuel López Obrador dijo que ayudar a los pobres es una ‘estrategia política’, pues con los pobres “se va a la segura”, viene muy a cuento porque mientras se mantenga una sociedad desnutrida, sin capacidad para tener una educación de altura que le permita sublevarse, entonces seguirá el control de las masas, de las nuevas generaciones.
De ahí que este programa no tiene visos de futuro, seguiremos igual a las campañas emprendidas en sexenios pasados. Sólo son llamaradas de petate por la sencilla razón de que las empresas que se dedican a la venta de los productos chatarra harán circo, maroma y teatro para darle otro giro a la presentación de los artículos.
La actividad económica a este precio, la de mantener la desnutrición, seguirá en pie y será hasta marzo próximo cuando se inicie con la farsa de aplicar la prohibición de la venta de los productos chatarra.
La SEP justifica que hará obras secundarias que fortalecerán su proyecto, pero solamente hay que decirle al titular de la Secretaría es que muchos de los locales están “concesionados” a los propios maestros o familiares de éstos. En una entidad como Chiapas, donde no hay plantas de tratamiento de aguas negras, donde el agua “potable” llega tal como se extrae del manantial o de los bebedores que intentan instalar, será peor el remedio que la enfermedad.
Hablando de Chiapas, no hay que ir muy lejos cuando se afirma que la efectividad del programa está en duda. Sólo hay que darse una vuelta por la zona donde se ubica el edificio de la Torre Chiapas, que alberga a casi cuatro mil trabajadores de los niveles estatal, federal y municipal, cuyos hombres y mujeres son los padres de familia de una buena cantidad de esos niños que van a las escuelas públicas, y quienes tienen salen a comer frituras, tacos, tortas, refrescos o lo que encuentren para saciar su hambre.
El ejemplo se pregona, entonces hasta cabría la posibilidad de pensar que a los primeros que hay que meter en cintura en sus hábitos alimenticios en a los papás y mamás.
Insistimos, es un problema que no se resuelve con prohibir la venta. El tema es controlar la producción de estos productos y ahí sí que la cosa está en chino.










