Los intentos por “desarmar” al país
Vaya gesto de solidaridad que ha mostrado la Iglesia Católica para ayudar a solucionar el problema de la inseguridad en el país, al grado de que ha ofrecido que los atrios de las parroquias que tiene dentro de su infraestructura, sirvan para que la ciudadanía canjee su arma a cambio de un recurso económico sin que si hay motivo de alguna investigación legal de cómo obtuvo la pistola la persona.
La propuesta la presentó la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo en una de sus mañanera de esta semana y ni perder mucho tiempo, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) aceptó la propuesta.
Son miles los templos que la grey católica tiene distribuidas en todo el país, donde se podrá dar cabida a esta alternativa urgente que ayude a paliar la violencia que priva en la República Mexicana.
El método es bueno y la dupla que hacen en este caso gobierno y el Episcopado Mexicano refleja la preocupación por sacar a delante a este país, pero en el fondo, la situación no es tan clara como se quiera pensar, en el sentido de que los verdaderos dueños del arsenal bélico lo tienen las organizaciones criminales y sus células y éstas no están dispuestas a dejar sus negocios por fincar la paz.
Lo que quieren es empoderarse, liderar el mercado, por ello los enfrentamientos entre cárteles en lo que necesariamente al que han pasado a afectar a ha sido el ciudadano común y corriente, el que lucha día a día por salir adelante, pese al fuego cruzado que se presenta durante las grescas entre los grupos criminales.
El control de las principales plazas de México que tienen las organizaciones ha dificultado que el esfuerzo que ha hecho este gobierno para mantener la paz y la estabilidad social en algunos estados sea hasta el momento un fracaso.
Ahí están como ejemplos claros del poderío de estos grupos los estados de Sinaloa y Tabasco. En el primero son más de tres meses los que se llevan de una guerra entre organizaciones, con más de 500 muertos, incluso el saldo es tan superior a lo que sucede entre Rusia y Ucrania, donde el bombardeo entre ambas naciones no ha sido tan fatal como lo que sucede en Culiacán y otras ciudades de Sinaloa.
Hacer esta comparación nos indica la gravedad del asunto, de ahí la desesperación del gobierno de Claudia Sheinbaum para que los feligreses que tienen armas en su poder, las entreguen. En este caso, también no se hace hincapié que el que un ciudadano mexicano se haga de una pistola es precisamente por procurar de alguna forma darle seguridad a su familia.
La descomposición social y el miedo han orillado al mexicano a tomar esta medida drástica, o que ciudadano no ha pensado, por lo menos en la intención, con comprar una pistola para cualquier emergencia cuando sale a la calle por motivos de trabajo o esparcimiento familiar.
Quien nos dice, además, que quienes lleven las armas a las iglesias para recibir un “bono especial” como gratificación por parte de la autoridad gubernamental, no sea también de las propias organizaciones criminales para disfrazar la buena voluntad y “legitimizar” la propuesta oficial.
En esto del desarme de grupos subversivos tiene mucha experiencia el exgobernador Roberto Albores Guillén, cuando después del conflicto armado en Chiapas, allá por el año 1994, empezó a gestionar el desarme de grupos que entregaban sus rifles, revólver, y una que otra pistola en buenas condiciones, con la intención de apaciguar los ánimos entre las comunidades, donde operaban organizaciones armadas, no tanto para delinquir, como es ahora, sino para defenderse de sus adversarios políticos.
Lo que también debe hacer la autoridad es poner orden en las aduanas, donde el tráfico de armas es incontrolable. Llegan para dotar al grupo criminal y también para que en el mercado negro haya lo suficiente para vender al ciudadano.
En las corporaciones policiacas se da este fenómeno, donde un elemento tiene esa posibilidad de traficar con armas decomisadas. Ojalá que la nueva política anti corrupción también fije su mirada hacia este sector para castigar a quienes se quieren pasar de listos.
Al final, el mensaje es claro por parte de la Iglesia y, en el que deberían participar todas las religiones del país, “transformar el dolor en esperanza y las armas en oportunidades de paz”. Cierto es que nuestro compromiso con el perdón, la reconciliación y la construcción de un México próspero y en paz», tiene que concretarse. Ojalá que este sueño se acaricie en los próximos años, pues no cabe duda que va para largo esto de estar en paz.










