La austeridad andando
Todo indica que los saltos que da la Cuarta Transformación son pura pantomima por aquello de la austeridad y como ejemplo vigente está el ex ministro de la Suprema Corte de la Nación, Arturo Zaldívar y hoy integrante del Gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien a pesar de que le da con todo a la institución que lo cobijó, de ésta recibe una fuerte cantidad que, junto con su actual salario, suma más de 500 mil pesos mensuales.
Esto no está nada mal para un personaje del que no se le discute sus conocimientos en leyes, pero que fue sorprendido, por lo menos eso indican algunos reportajes publicados en medios nacionales y lo confirmó el propio ex presidente Andrés Manuel López Obrador, cabildeando los resolutivos en su calidad de titular de la Corte, para obtener favores políticos para “beneficio de la nación”.
Ahora como funcionario público, el ex ministro hizo su declaración patrimonial y declaró tener bienes por 66 millones de pesos. Una excelente cantidad en pesos mexicanos que el sistema político le ha dado ganar, mismos que hoy se desglosan así: 374 mil pesos de pensión por ser ministro en retiro y 131 mil por ser el coordinador de Política y Gobierno de la Presidencia de la República.
Como buen político mexicano, pues ahora desprecia su relación con la SCJN, dice tener inversiones bancarias en México y una en Estados Unidos, ésta última por la credibilidad que tiene en el manejo de los recursos, y donde, por lógica, no le harían “de “chivo los tamales”.
Lo increíble e inverosímil es que el ex ministro asegure que siendo un accionista mayoritario de las empresas Reino Canino y Servicios Alisos, ubicadas en Ciudad de México y Estado de México, respectivamente, no reciba un solo peso como remuneración. No cabe duda que la gente no le cree que sea tan condescendiente con los activos y fines empresariales de estas dos instituciones privadas.
En un par de diarios nacionales se desnuda cómo Zaldívar de un porrazo, mediante el pago de 23 millones 500 mil pesos se hizo de una vivienda en agosto de 2011 y otro departamento de 7 millones 500 mil pesos lo adquirió dos años antes, en agosto de 2009. En este sentido, es cuando el neoliberalismo lo permitía todo y como prueba de ello, el ex ministro fue una propuesta de Felipe Calderón Hinojosa.
Para su seguridad personal y de su familia, dijo que desde hace 14 años cuenta con mobiliario, equipo de audio, video, cómputo y circuito cerrado, con valor de 22 millones de pesos, así como un acumulado de joyas por 3 millones de pesos desde hace tres décadas.
Es rimbombante como los personajes que acompañan a la Cuarta Transformación tienen gustos excéntricos que pueden pagar con su dinero que ganaron de forma transparente. Son de esas personas que tienen la oportunidad que les da la vida de poder gozar de todos los privilegios.
Ni el propio Andrés Manuel López Obrador tiene cuentas bancarias como el hoy servidor público. Es más, el dinero de AMLO se lo administra su esposa y éste no pasa de 20 mil mensuales, que son producto de su pensión que alcanzó como trabajador del sistema público, además, claro, de los poco más de 6 mil pesos que recoge de la pensión Bienestar, cada dos meses, según dijo el propio ex mandatario en una de sus conferencias matutinas.
Bueno, creerle a López Obrador que sólo ese dinero tiene, es como estarse “chupando el dedo” a estas alturas de la vida. Lo mismo podría decirse de Arturo Zaldívar, que, aunque no lo crea, dice que desde hace 24 años no cuenta con vehículo de su propiedad.
En este caso, qué lástima y penoso que le superen varios millones de mexicanos que tienen, aunque sea un vochito descontinuado para poder transportarse a su centro de trabajo.
Las leyes no son sólo su fuerte, también ha declarado que tiene obras de arte, entre cuadros, esculturas y tapetes, por un monto de 10 millones de pesos.
La Cuarta Transformación por más que quiera ocultar sus intenciones, se topa con pared, pues sólo hay que recordar que el 99.9 por ciento de los funcionarios que hoy se rasgan las vestiduras de que son morenistas de hueso colorado, provienen de las filas del PRI, del PAN y del extinto PRD, partidos a los que Morena califica como corruptos. He ahí la paradoja de la vida.










