Editorial
México se ha caracterizado por una de las naciones más diplomáticas y pacíficas en el aspecto internacional y de relación con otros países; además, se ha insistido en que la imposición arancelaria para México y el resto del mundo, por el mundano capricho de un conservador rancio trae consecuencias graves.
Lo anterior, por decirlo así tuvo ciertas consecuencias, buenas para una parte y contraproducentes por la otra; en este sentido, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en la mañanera demostró no sólo su temple, sino su carácter para anteponerse a las adversidades, pero, sobre todo, dejándole en claro a sus detractores, que, si bien es de un carácter más serio y del cual le han criticado su “carisma” político, con una frialdad y astucia, demostró ser una buena diplomática.
Esto luego de dar a conocer que tras sostener una conversación telefónica con el mandatario estadounidense se logró un buen acuerdo —esto está sujeto a cambios abruptos y berrinches de un demagogo racista—, que permitirá a la nación mexicana llevar la “fiesta en paz”.
Muchos de sus detractores, sobre todo cuando estuvo en la campaña, la acusaron de no ser carismática y de tener un trato frío; estos elementos si bien son importantes para generar popularidad y votos, a la hora de la verdad, en momentos de gran tensión, poco o nada sirven esos dotes populistas; en cambio, la frialdad y la astucia para tomar no la mejor, sino la menos peor, situación común en el ámbito político.
No es la primera vez que la presidenta se ve en una situación complicada; desde hace meses ha logrado manejar al “toro por los cuernos”, y no digamos uno fácil, sino uno complejo e impredecible en el escenario internacional.
Ahora bien ¿Qué sigue? Sabemos que estas negociaciones son temporales y que el mandatario del país vecino cada cierto tiempo rompe sus tratos, por lo que Sheinbaum debe tener planes de contingencia, al menos diplomáticos y de carácter económico, para que decisiones colaterales no perjudiquen a la economía mexicana.
Desafortunadamente, y dada la situación de la implantación del modelo neoliberal en nuestro país y la cercanía geográfica, nuestra economía depende de nuestro vecino incómodo, siendo su demanda de ciertos productos, la que ha aniquilado al campo mexicano.
Por ello, como nación debemos generar relaciones con otros países, no sólo para cuestiones de intercambios económicos, importaciones y exportaciones, sino en otras situaciones; como bien hemos recalcado, la presencia de los países asiáticos, que ha repercutido en una aceleración industrial en esa zona del mundo, muchos productos cotidianos provenientes de allá, resultaron mejores y sobre todo más baratos.
En la industria tecnológica, tomando de referencia el mercado de los dispositivos móviles, las marcas asiáticas resultaron más eficientes: también, hay que ver como los coches coreanos y chinos se han vuelto de la preferencia del usuario mexicano, el cual es más barato y de mejor calidad, a pesar de las limitaciones en cuestiones de piezas y refacciones.
Ya no digamos la gran versatilidad de tiendas en línea de origen asiático, que cada día optimizan sus envíos.
Ahora bien, regresando al tema de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, Claudia ya es una autoridad fuera de México, ya que otros mandatarios al dialogar con Trump, no siempre sus acuerdos o llamadas son las más recordadas, sino que suelen ser incómodas, por ello resulta importante como Sheinbaum no pierde la postura y no sale inmutada, eso sí con las convicciones en claro de lo que México requiere, sin recurrir a acciones vendepatrias que muchas veces evidenciaron ciertos mandatarios mexicanos frente a sus homólogos.
El carisma no lo es todo, más aún en situaciones complejas, se requiere carácter, retórica y negociación, sin necesidad de ser lambiscón o sumisos.










