Abundante pesca para zurcir la ignominia*

Entonces, escribo 

Damaris Disner

“…me bauticé de infancia

  y me prometí no crecer nunca.”

No dudé en aceptar cuando Selene se comunicó conmigo para pedirme que presentara su poemario “Parir bajo la lluvia”, ganador del Premio Estatal de Poesía “La Terrestre Raíz de las Palabras”, editado por Espantapájaros; imaginé que el encuentro sería con una poética enriquecida de imágenes que me llevarían al génesis para volver con jugosos frutos. 

Hice más de una lectura para la encomienda. Leí dos, tres, cuatro veces, por espacio de siete días. En la mañana, tarde, noche. Pude escuchar los pasos de mis ancestras al triturar las hojas del olvido. Hubo instantes donde dejé mi ombligo colgado en las ramas del limonero, que sobrevive en el patio de la casa, para invocar las noches más frías que he vivido, y no logré asirme a una gota naufraga en la sequedad de los gritos de mujeres que parían con la vagina húmeda de sangre y exilio. 

La belleza de la coincidencia permitió que hace un par de días disfrutara la película Hamnet de la cineasta  Chloé Zhao, que a su vez es una adaptación de la novela de Maggie O’Farrell. Y ahí, en pantalla gigante, vi a una mujer parir al pie de un inmenso árbol. La imagen se canonizaba al invocar el poemario de Argueta. La mujer que entierra sus miedos en las raíces profundas de la tierra hace florecer a su linaje.

Selene profetiza: “A esa mujer la sanarán las abuelas/ con sus menjurjes amargos/ y lienzos calientes, / envolverán a la criatura con pañuelos curados/ y con su instinto de lobo/ buscará la teta abundante de calostro/ (Y la sociedad no los sabrá nunca).” Y se vuelve sacerdotisa para reivindicar la ignominia de un parto sin templo para salvarse.

También sentencia: “Digamos que escapé de la muerte más dolorosa! / y es que no todas las muertes/ ni todas las ausencias/ duelen lo mismo” (p.17).  Solo el frío de la certeza de su llegada ya convierte el paisaje más soleado en una llanura inhóspita que descalza cada rastro. Solo el silencio puede serpentear incólume.

Las mujeres que transitan en “Parir bajo la lluvia” no tienen un lugar seguro. La poeta lo supo cuando las visitaba en los albergues provisionales para los desplazados de la zona Sierra de Chiapas. ¿Qué refugio externo puede otorgar certeza cuando el vientre de la madre es la cuna de tejidos, sangre y vísceras que arrullan al no nacido? ¿En qué momento tocará la salida de la cueva para anunciar su llegada a un territorio insalubre vasto en rispidez y sequía humana? La espera también puede confundirse con la muerte. Y la madre, temblando de miedo e impotencia invoca a sus ancestras para que la noche estalle de purificación y templanza.

Me pregunto también qué destino revela el oráculo de la guerrilla, sin rastro en las pantallas de celulares y computadoras, para esas niñas, niños que emergieron tan lejos de la dignidad ciudadana. Tal vez la conveniencia tendrá el registro sepultado en un alud de vitoreo insulso. Pero no hará falta buscar en archivos, de seguro las imágenes que Selena Argueta predijo en cada línea sea la ruta para encontrarlo. Y aquí estaremos todas, todos, para bendecir su camino, para anunciarle las buenas nuevas de quien nace bajo la lluvia es porque los ríos han nutrido su cauce para bautizarlos de abundante pesca. Que así sea.

*Texto leído durante la presentación del poemario “Parir bajo la lluvia” de Selena Argueta, ganador del Premio Estatal de Poesía La Terrestre Raíz de las Palabras (2025), ed. Espantapájaros, en el restaurante Candilejas de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el día viernes 6 de febrero de 2026. 

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