A pesar de que la ley en México castiga el tráfico de fauna silvestre con hasta nueve años de prisión y multas millonarias, la comercialización irregular prevalece
Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas
A pesar de que la ley en México castiga el tráfico de fauna silvestre con hasta nueve años de prisión y multas millonarias, la comercialización ilegal de pieles de grandes felinos en Chiapas se mantiene activa.
Especies emblemáticas y en peligro como el jaguar, el puma y el ocelote continúan siendo blanco de cazadores furtivos en el mercado negro local, una problemática persistente que es alimentada tanto por la falta de conciencia ambiental como por una demanda que se niega a desaparecer de los círculos clandestinos, así lo señaló Martín Gutiérrez Vidal, colaborador del Museo Zoológico.
El principal motor de esta actividad ilícita es el lucrativo incentivo económico, los infractores ven en la biodiversidad un simple símbolo de dinero, debido a los exorbitantes precios que estos productos alcanzan en las redes internacionales.
A nivel global, la piel, las garras y los colmillos de un solo jaguar pueden cotizarse hasta en 15 mil dólares, superando los 250 mil pesos. Además, en el mercado digital de diversos países latinoamericanos, las prendas exclusivas confeccionadas con estas pieles exóticas llegan a costar más de un millón de pesos.
Ante esta crisis, especialistas como Martín Gutiérrez Vidal, impulsan exposiciones educativas dirigidas a estudiantes y jóvenes, utilizando pieles reales que fueron decomisadas por las autoridades, para sensibilizar a la población bajo una premisa contundente: la erradicación del problema empieza al frenar el consumo.
El experto enfatiza que mientras existan compradores motivados por la exclusividad, los cazadores y vendedores seguirán operando en la clandestinidad, destruyendo el patrimonio natural.
Asimismo, lamenta profundamente que el desconocimiento perpetúe la matanza de animales, opacando la labor de conservación de recintos como el zoológico Miguel Álvarez del Toro, donde se protegen ejemplares vivos de jaguar, leoncillo y tigrillo.
El llamado urgente de la comunidad científica y ambientalista es a proteger la fauna en su entorno natural, respetando los ciclos biológicos y las cadenas alimenticias, con el fin primordial de permitir que estas poblaciones en peligro crítico logren recuperarse plenamente.










