• La combinación de diversos factores ha provocado un paulatino pero constante abandono de fincas y el cierre de actividades por parte de productores en las distintas regiones del estado.
Juan Toledo / Diario de Chiapas
El sector cafetalero en Chiapas, históricamente reconocido como la columna vertebral de la economía agrícola de la entidad y principal sostén de miles de familias campesinas e indígenas, atraviesa un momento crítico al cierre de este 2026. La combinación de factores climáticos, el encarecimiento de los insumos, la escasez de mano de obra y la inseguridad en las zonas de cultivo han provocado un paulatino pero constante abandono de fincas y el cierre de actividades por parte de pequeños y medianos productores en las distintas regiones del estado.
A lo largo del presente año se ha registrado una reducción sustancial en los volúmenes de producción. En zonas como el Soconusco, la Sierra Madre y los Altos de Chiapas, la cosecha ha reportado caídas de hasta un 30 % en comparación con ciclos anteriores. Aunque el kilogramo de café pergamino ha mantenido cotizaciones de entre 90 y 95 pesos, el margen de ganancia para los productores resulta insostenible debido al alza desmedida en los costos de transporte, fertilizantes y jornales para la recolección.
Entre los factores que inciden en el abandono de los cafetales destaca la crisis climática. El incremento en las temperaturas y la irregularidad en las temporadas de lluvia han provocado la proliferación de plagas como la roya y la broca, lo que afecta directamente el rendimiento de las plantas de variedad arábiga y disminuye la calidad final del grano. A esto se suma la sequía prolongada registrada en meses pasados, la cual secó los arroyos de los que se abastecen las comunidades, complicando las etapas de despulpado y lavado.
Por otro lado, la escasez de cortadores se ha convertido en una constante en municipios como Siltepec, Motozintla y Tapachula. La migración de jóvenes hacia el norte del país o al extranjero ha reducido drásticamente la mano de obra disponible para el corte durante los meses de cosecha. En múltiples comunidades, las familias se han visto obligadas a recortar la superficie cosechada y apoyarse únicamente entre parientes, dejando parte de la producción sin recolectar en las partes altas de la sierra.
A estas condiciones agronómicas y sociales se suma el problema de la inseguridad en las rutas de traslado y en las propias comunidades productoras. Frente a este escenario de incertidumbre, productores y organizaciones reiteran la exigencia de aplicar programas institucionales directos para el rescate del campo, así como esquemas de financiamiento accesibles.










