Deja legado de resistencia

El pasado 4 de enero de 2024 se notificó la muerte de Claudia Díaz, quien, a sus 62 años de edad, dejó un gran legado de lucha en la entidad.

Ainer González / Diario de Chiapas
La miembro y fundadora del Comité de Derechos Humanos “Digna Ochoa”, Claudia Díaz Moreno mejor conocida como “Rosa”, falleció este 4 de enero a los 62 años de edad en el municipio de Tumbalá, dejando un legado de combate y resistencia en Chiapas.
Luis Alonso Abarca González, integrante del Comité Digna Ochoa, confirmó el fallecimiento de Claudia Díaz, quien en vida usó el alias de “Rosa” durante el hostigamiento paramilitar luego del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), del cual también fue víctima por los embates ideológicos-conflictivos.
“Nuestra compañera Claudia Díaz Moreno… con su esposo Sebastián Velasco Montejo, fueron impulsores de la necesidad de crear un espacio de derechos humanos y son fundadores del Comité de Derechos Humanos de Base de Chiapas Digna Ochoa el 10 de abril de 2010”.
Abarca González expuso que la líder indígena Chol, es y será el ejemplo de miles de mujeres y hombres que formaron el movimiento campesino e indígena, que construyeron organización sin reflectores y beneficios.
Recordó que Claudia Díaz Moreno creció en la pobreza, y de niña fue niñera de hijos de los finqueros, sufrió el maltrato y humillaciones de los finqueros. Y para su juventud conoció de la lucha por la tierra de las comunidades impulsada por espacios del PST, y de la iglesia en la región Norte Selva, y desde entonces tomó conciencia de estar con su pueblo luchando.
“A partir del año de 1993 surge en la región norte selva un movimiento de resistencia al pago de altas e injustas tarifas por la energía eléctrica, el cual se generalizó con el levantamiento armado de 1994. Este movimiento permitió la participación masiva de mujeres indígenas y que asumieron liderazgos, organizando comunidades, participando en asambleas y foros, que las mujeres pudieran salir del espacio privado al público, y en el caso de Claudia junto a su esposo Sebastian quien era catequista asumir un rol de liderazgo en Tumbalá”.
Asimismo, resaltó que su lucha provocó tensiones y amenazas de paramilitares, pero también de parte de la iglesia y del EZLN.
Por tanto, manifestó su reconocimiento ya que, “en su casa en Tumbalá, Chiapas nunca nos faltó un lugar en donde comer y dormir, que en su pequeño espacio nos reuníamos durante la noche y conversábamos sobre la lucha y qué hacer para continuar organizando y mantener la resistencia y la defensa de los Derechos Humanos. Siempre ávidos de tener información y hacer análisis de la realidad”.
De tal forma, sostuvo que, por su trabajo de defensora en el Comité Digna Ochoa, fue hostigada y amenazada por ministerios públicos y funcionarios; lucha que fue incansable y que mermó en su salud desde hace años, pero no en su conciencia, ya que su lucha rindió frutos.

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